viernes, 21 de julio de 2017

Napoleón Bonaparte reconoció a los judíos como los "legítimos herederos de Palestina". Y fue duramente criticado por los católicos y luteranos para ello ... Tal vez, si hubiera ganado el sitio de Akko en 1799, el establecimiento del Estado de Israel habría tenido lugar más de un siglo antes.
La siguiente historia se cuenta del gran líder francés que una vez viajaba por una pequeña ciudad judía en Europa. Entró en una sinagoga. Allí vio una vista increíble. Hombres y mujeres llorando. Estaban sentados en el suelo en pequeños taburetes sosteniendo velas mientras leían libros. La sinagoga tenía una lámpara elaborada pero sólo tenía unas cuantas velas encendidas. Si no fuera por las pequeñas luces de las velas, la magnífica sinagoga habría estado en completa oscuridad. Era un espectáculo sombrío y triste.
Napoleón preguntó por qué la gente lloraba y quería saber qué desgracia había ocurrido aquí. Un ilustrado oficial judío francés le dijo que no había sucedido nada nuevo y terrible. El pueblo judío tenía la costumbre de reunirse una vez al año en un día llamado el noveno día de Av, el día que marca la destrucción del Templo del pueblo judío. Dos veces construyeron un magnífico Templo en Jerusalem y ambos fueron destruidos. Después de que su segundo Templo fuera destruido, la gente estaba esparcida por todo el mundo y vendida como esclava. Algunos escaparon y construyeron sus hogares en todo el mundo. De alguna manera el pueblo judío existe sin su país y su Templo.
Para conmemorar estos tristes acontecimientos se reúnen una vez al año en la sinagoga. Ahí ayunan, oran y leen profecías tristes sobre la destrucción de su Templo y de su tierra. Lo que vemos en esta ciudad está sucediendo en todas las comunidades judías.
Napoleón preguntó cuántos años han estado haciendo esto y hacía más de 2000 años. Al oír esto, Napoleón exclamó: "Una nación que llora y ayuna por más de 2.000 años por su tierra y por su Templo, seguramente será recompensada con su Templo".
La estatua de Napoleón en la colina de Napoleón en Tel Akko.

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