miércoles, 19 de julio de 2017

Revista de Prensa

Detectores de metales que detectan israelofobia

 

Mezquita de Al Aqsa en el Monte del Templo
El analista israelí Shmuel Rosner arremete contra los líderes musulmanes que han puesto el grito en el cielo por que Israel haya instalado detectores de metales en el Monte del Templo luego del ataque terrorista de la semana pasada, en el que fueron asesinados dos policías israelíes.
[Israel] ha instalado detectores de metales a la entrada del recinto para impedir que visitantes o aparentes fieles introduzcan clandestinamente armas en él (…) Asimismo, Israel pretende instalar cámaras de vigilancia (…)
(…) las autoridades musulmanes deberían apoyar [estas medidas], a menos que haya algo que quieran ocultar a las cámaras o que tengan razones para eludir los detectores. En otras palabras: no se pregunten por qué los israelíes insisten en adoptar nuevas medidas de seguridad en el complejo; pregúntense por qué las autoridades musulmanas han respondido con tanta rabia.
La respuesta es muy sencilla. Los detectores de metal son auténticos detectores de mentiras. (…) el Monte del Templo no es sólo un lugar sagrado de oración; es también, y a veces sobre todo, una herramienta política con la que machacar a Israel (…) El objetivo final de los detractores de los detectores no es reforzar la seguridad para impedir baños de sangre, sino deslegitimar el control israelí sobre la Ciudad Vieja (…)
Israel es el único preocupado por la seguridad; la otra parte, no. La otra parte ve el ataque terrorista en el recinto como una oportunidad para promover su denuncia contra la presencia israelí en Jerusalén. Si quitas a todos los ‘colonos’ –es decir, a todos los israelíes– y a todos los ‘soldados’ –es decir, a las fuerzas de seguridad israelíes–, habrá seguridad. No hay judíos, no hay baños de sangre, así de simple.
Gabriel Rosenberg, del Congreso Mundial Judío, hace un llamamiento a la comunidad internacional para que combata al unísono el terrorismo islámico, que tiene en la organización libanesa controlada por Irán uno de sus más formidables agentes.
Una crítica tan habitual como justa contra la ‘hasbará’ (diplomacia pública israelí) es que hasta hace bien poco ha sido reactiva en vez de proactiva.
Aunque es una tarea importante, el desmentir las mentiras que se dicen sobre Israel nos pone a la defensiva y, como consecuencia, automáticamente en desventaja. La comunidad proisraelí debería pasar a la ofensiva y promover los asuntos que consideramos más importantes (…) Uno de esas cuestiones debería ser preparar a la comunidad internacional para la guerra que indefectiblemente Hezbolá lanzará contra Israel, y que será inevitablemente devastadora.
(…)
Al alertar a la comunidad internacional del auténtico peligro [que representa] Hezbolá, la ‘hasbará’ podría salvar vidas no sólo israelíes, también libanesas. Las naciones del mundo democrático y civilizado deben ser persuadidas para que se unan y combatan juntas el terrorismo islámico radical con independencia de cuál sea su objetivo, y los bárbaros terroristas que usan escudos humanos han de ser severamente castigados (…)
El periodista saudí Abdulramán al Rashid critica duramente la implicación catarí en el conflicto sirio y la compara muy desfavorablemente a la de su propio país.
Mientras Arabia Saudí apoya a actores nacionales sirios como el Ejército Libre Sirio, Qatar prefiere apoyar a grupos armados que figuran en las listas internacionales de terrorismo. Es una extensión de lo que Qatar está haciendo en otros campos de batalla, como Libia.
(…)
A medida que el régimen [de Bashar al Asad] destruía ciudades, millones de personas se convertían en desplazadas y se incrementaban los temores mundiales de que Siria se convirtiera en un nodo terrorista. Sin embargo, Qatar seguía apoyando al ISIS, al Frente al Nusra, a Ahrar al Sham y demás. Mientras, la opción prioritaria de Arabia Saudí era el Ejército Libre Sirio.
(…)
Qatar ha destruido la región al favorecer a extremistas como la Hermandad Musulmana en Egipto y [a grupos parecidos en] Libia y Siria (…) Sus organizaciones extremistas han dañado a los grupos revolucionarios sirios mucho más que las fuerzas de Asad y de Irán.

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