de Mario Beer-Sheva
Amanecía , en el bosque .Los pájaros pequeños, los primeros
en despertar ,salían a buscar su alimento.
Los gorriones machos peleando por sus hembras ,las hembras
buscando
pequeños gusanitos para alimentar su cría, las crías, con sus
picos muy
abiertos, a gritos, reclamaban su comida.
De pronto, el cazador levantó su arma y cuidadosamente le
apuntó a la
hembra .La hembra cayó y el bosque se silenció.
Los pichones ,con hambre, también hicieron silencio
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de Mario Beer-Sheva en despertar ,salían a buscar su alimento. Los gorriones machos peleando por sus hembras ,las hembras
buscando pequeños gusanitos para alimentar su cría, las crías, con
sus picos muy abiertos, a gritos, reclamaban su comida. De pronto, el cazador levantó su arma y cuidadosamente le
apuntó a la hembra .La hembra cayó y el bosque se silenció. Los pichones ,con hambre, también hicieron silencio. Fue un duelo total ,las hojas de los árboles dejaron de
agitarse ,las ramas detuvieron su ejercicio matinal ,el río se detuvo en la
pendiente, el bosque, todo, que conoce el dolor y el temor, al cazador o al
hachero, quedó inmóvil y dejó de crecer. El cazador muy contento volvió sobre sus pasos, en un
tropiezo, en un hoyo cayó ,en la caída perdió el arma .Cuando comenzó a pedir
auxilio todo el bosque revivió ,los gritos ,los graznidos, los chillidos, el
rumor del agua, el viento en los árboles, todos volvieron a tener sonido y con
ello taparon los gritos del cazador. al cazador y oír como su voz se iba apagando, por
el esfuerzo hasta quedar en una ronquera, que nadie entendía lo que decía. Los pájaros siguieron con su vida :los machos peleando por
sus hembras, las hembras recogiendo gusanitos para alimentar a sus
pichones y a los pichones huérfanos del lugar.
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