martes, 18 de febrero de 2020

LA MANZANA Y EL AUTOCONOCIMIENTO
Si tocas con el extremo de tus dedos una manzana, suave y delicadamente, muy probablemente la próxima vez que lo hagas, incluso con los ojos vendados, logres reconocer que estás tocando de nuevo una manzana.
Si lo haces de modo más frecuente, cada vez te resultará más fácil y sencillo el ejercicio de reconocer con tu tacto la textura de la manzana, incluso si la habitación se encuentra a oscuras.
Podrás hacerlo luego con otro fruto, o con una piedra, con la hoja de un árbol, o con cualquier otro objeto que tengas a mano.
Pero este ejercicio es el menos interesante de todos.
Porque si ahora tocas con el extremo de tus dedos la misma manzana, dime: ¿logras distinguir lo que la manzana provoca en ti?
¿Cuál es el “músculo” que sólo y exclusivamente despierta en ti una manzana?
Y si ahora tocas una pera, ¿acaso puedes distinguir la diferencia de lo que una manzana despierta en ti, de lo que la pera despierta en ti?
Son dos modos de pararse frente al mundo:
Yo busco conocerlo a él, por ejemplo, a través de mi tacto.
Yo busco cocerme a mí, también a través de mi tacto.
Los sentidos son una carretera de ida y vuelta.
De mi persona hacia el mundo y del mundo hacia mi persona.
Atravesar la carretera de ida te permitirá conocer el mundo.
Pero atravesar la carretera de vuelta, te permitirá conocer la infinitud y profundidad de tu ser.
No son dos ejercicios excluyentes.
El camino de ida te tornará en un gran conocedor.
El camino de vuelta, en un ser mucho más consciente de ti mismo.
Vaya diferencia…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.