domingo, 12 de noviembre de 2023

 

LA AMENAZA TERRORISTA DE HEZBOLLAH EN AMÉRICA LATINA


TRADUCIDO POR   Marcela Lubczanski 

En la tierra de la guerra simétrica, el guerrero asimétrico es rey. Los gobiernos estadounidense e israelí están correctamente preocupados que Hezbollah – el satélite más antiguo y mejor armado de Irán – podría abrir un segundo frente en el conflicto entre Israel y Hamas. ¿Pero quién dice que Hezbollah se limitaría a atacar objetivos estadounidenses o israelíes en el Medio Oriente? 

Por décadas, Hezbollah ha creado pacientemente una red global de redes, involucrada en actividades financieras ilícitas, y apoyó conspiraciones terroristas. Hezbollah e Irán han atacado repetidamente objetivos israelíes, judíos, y otros occidentales en el exterior. América Latina es una región de interés particular en este sentido, por muchas razones. 

Para empezar, Hezbollah no es considerado una organización terrorista en la mayoría de los países al sur del Río Grande – de hecho, sólo Argentina, Colombia, Guatemala, Honduras, y Paraguay consideran a Hezbollah una organización terrorista. Sin esta designación, la capacidad de las autoridades locales para monitorear o enjuiciar a Hezbollah y a sus agentes locales es limitada. 

Por el otro lado, Hezbollah goza de apoyo abierto de regímenes autoritarios locales alineados con Teherán, tales como el de la Venezuela de Nicolas Maduro – la cual, en esencia, se ha vuelto la base de operaciones de avanzada de Irán en América Latina. 

Los frentes de Hezbollah e iraní, siempre coordinando estrechamente, se mezclan con el activismo radical pro-palestino, una causa popular entre los izquierdistas radicales en América Latina. Esto les da acceso a líderes políticos y a una cobertura para sus actividades. 

Por último, debido a su involucramiento de décadas con el crimen organizado – un componente crucial de la estrategia de financiación de Hezbollah – el grupo tiene conexiones extensas con las mafias locales. Estas conexiones proporcionan acceso a armas, explosivos, falsificación, y màs crucialmente, a funcionarios públicos corruptos en posiciones claves en migraciones, aduanas, y puertos de entrada. 

Hezbollah hace poco declaró que se ve como parte del conflicto en curso entre Israel y Hamas. Ha amenazado con intervenir cuando las fuerzas terrestres de Israel entren en Gaza. Hezbollah podría crear un segundo frente en el norte de Israel, y podría sumar presión sobre Israel y EE.UU. lanzando ataques terroristas en el exterior.

Tiene un historial de hacer precisamente eso en América Latina. 

En 1992, por ejemplo, el grupo terrorista bombardeó la Embajada de Israel en Buenos Aires. Dos años después, Hezbollah atacó Buenos Aires nuevamente,  volando un centro cultural judío. Ese ataque mató a 85 personas e hirió a más de 200, haciéndolo el ataque terrorista más letal en el Hemisferio Occidental antes del 11/S. La evidencia muestra que al día siguiente un terrorista de Hezbollah explotó un avión comercial en Panamá, matando a todos a bordo. Muchos entre los 22 pasajeros y tripulación eran miembros de la comunidad judía local. crew 

Hezbollah también ha planeado ataques letales en América Latina más recientemente. En el 2014, las autoridades peruanas detuvieron a Mohammad Hamdar, un agente de Hezbollah que había pasado mucho del año previo a su arresto explorando objetivos potenciales. En el 2017, las autoridades de EEUU. arrestaron a Samer el Debek, otro agente de Hezbollah, que, los documentos del tribunal revelan, había explorado objetivos potenciales que incluían a las embajadas israelí y estadounidense en Panamá, tanto como el Canal de Panamá. En el 2021, agentes de Hezbollah intentaron asesinar a nacionales estadounidenses e israelíes en Colombia.

Aunque estas conspiraciones fueron interrumpidas, la infraestructura de Hezbollah en América Latina fue en gran medida dejada intacta. 

En Perú, las autoridades arrestaron a Hamdar, pero no a sus cómplices. Debido a que Perú no considera que Hezbollah sea una organización terrorista, Hamdar fue sólo enjuiciado y condenado por fraude inmigratorio. Nunca fue conducida una investigación contraterrorista apropiada, a pesar de una designación del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en el 2016 identificando a Hamdar como un agente de Hezbollah. 

Las autoridades estadounidenses hicieron un trabajo más minucioso con  El Debek en el 2017 – su caso está todavía pendiente, probablemente una señal que El Debek está cooperando. No obstante no hay indicios hasta ahora que las redes locales en las que él seguramente confió hayan sido interrumpidas o desmanteladas. 

De igual manera, las redes de Hezbollah en Colombia siguen vivas y coleando. Apenas semanas antes que Hamas lanzara su ataque sorpresa del 7 de octubre contra  Israel, el Tesoro de EE.UU. sancionó a Amer Akil Rada, un miembro de la célula de Hezbollah que llevó a cabo el bombardeo en 1994 en Buenos Aires. Las sanciones se extendieron al hermano de Amer, Samer Akil Rada, y al hijo, Mehdi Akil Helbawy. Los Akil son todos nacionales dobles colombianos-libaneses, y Samer y Mehdi residieron en Colombia hasta poco antes de las sanciones del Tesoro. Ellos se mudaron a Venezuela, según las autoridades locales, enseguida después que informes de medios expusieron sus conexiones con Hezbollah, y mucho antes que fueran publicadas las sanciones de Estados Unidos. 

En otras partes en América Latina, las redes de Hezbollah permanecen imperturbables. Un centro clave es la zona de la Triple Frontera de Argentina, Brasil, y Paraguay, donde financieras y partidarios de Hezbollah han estado históricamente involucrados en lavado de dinero. El área, con sus fronteras porosas, es un lugar de escondite perfecto para criminales y terroristas, dándoles acceso a recursos, una población simpática de la comunidad local libanesa expatriado de 30,000 miembros, y acceso a tres países con presencia diplomática de EE.UU. e israelí y grandes comunidades judías (incluidos Argentina y Brasil). En Brasil, el gobierno simpático de Luis Ignacio Lula da Silva has permitido a frentes de Hezbollah e iraníes expandirse calladamente con poco riesgo de escrutinio de las autoridades. En Chile, con una diáspora palestina fuerte y radicalizada, los agentes iraníes y redes de Hezbollah han infiltrado el gobierno, los medios de comunicación y ámbito académico, además de manejar redes de financiación ilícitas. 

Por último, Irán y Hezbollah están envenenando el pozo a través de propaganda e incitación estridentes. Irán tiene una red satelital en idioma español, HispanTV, que transmite desinformación a públicos latinoamericanos, mientras Hezbollah difunde su mensaje a través de la plataforma Al Mayadeen Espanol. Los agentes de influencia de Irán se han emparejado con organizaciones pro-palestinas y grupos izquierdistas para agitar contra Israel. Y los centros culturales y presencia académica de Irán a través de marcos de cooperación están reclutando activamente acólitos dentro y fuera de los campus para radicalizarlos y convertirlos en partidarios del terror. 

El cóctel explosivo de redes financieras ilícitas capaces de movilizar recursos, y su cooperación íntima con sindicatos del crimen, todos apuntan a un riesgo creciente. Hay movilización radical en favor de la causa palestina a lo largo de la región, mucha de la cual es fomentada por la desinformación apoyada por Irán. Hezbollah puede unirse o no a la guerra contra Israel. Ha retenido la opción de atacar a Israel y EE.UU. a través del terrorismo por décadas. Si hubo alguna vez un momento propicio para sembrar muerte y caos en apoyo de las ambiciones de Irán, es ahora. 

Washington debería elevar sus medidas de seguridad en América Latina. Pero aumentar la seguridad, una postura defensiva, no es suficiente. El gobierno de EE.UU. tiene que ser proactivo y tomar la ofensiva contra las penetrantes operaciones de poder blando y poder duro de Irán y Hezbollah en la región. Debería hacerlo asimétricamente. 

Washington debería advertir a sus aliados y amigos en el Hemisferio Occidental, advirtiéndoles de los riesgos inminentes que presentan estas redes. La administración Biden debería alentar a más gobiernos a sancionar a Hezbollah como grupo terrorista. Washington debería liderar investigaciones policiales para ir tras las redes de financiación ilícita de Hezbollah. El gobierno de EE.UU. debería interrumpir las campañas de desinformación de Irán y Hezbollah. Y Washington debería sancionar y castigar a los facilitadores locales de Hezbollah. 

Por demasiado tiempo, se ha permitido a Hezbollah e Irán construir con impunidad sus redes regionales latinoamericanas. Es hora que la administración Biden revierta esta tendencia. 

Emanuele Ottolenghi es un miembro principal en la Fundación para la Defensa de las Democracias.


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