Los vínculos entre Israel y EE.UU. enfrentan su momento de la verdad por Irán
Opinión: Irán ha mostrado que no se rendirá ante la presión o amenazas; si Washington espera que Israel actúe decisivamente, esta es la prueba de su apoyo
El 29 de abril de este año, el presidente estadounidense Donald Trump se sentó en la Oficina Oval, rodeado de periodistas, y describió en su idioma colorido exactamente cuan poco prometedora creía él que se había vuelto la situación de Irán.
Trump lo resumió así: “Ahora tienen que gritar tío. Eso es todo lo que tienen que hacer…”
Puede asumirse que el régimen iraní tiene suficientes lingüistas que entienden las sutilezas del idioma estadounidense, y que ellos se aseguraron de explicar a su dirigencia el significado preciso de esa frase muy estadounidense, “gritar tío.” Pero si tal informe fue entregado, aparentemente no fue suficiente para empujar a los líderes de Teherán a recalcular su rumbo. En todo caso, la serie de declaraciones saliendo de la Casa Blanca en los últimos meses parece sólo haber fortalecido la creencia de los ayatolas que quien sea que ladre en Washington no muerde en el Medio Oriente.
Hay diferentes explicaciones para el origen de esa frase, la que fue desarrollada en el discurso estadounidense hace siglos, pero todo niño en New York o Texas sabe lo que significa. Cuando dos niños luchan y una se las arregla para bloquear las articulaciones del oponente en una forma que amenaza con daño físico, el niño que ha perdido la esperanza de escapar puede pronunciar la palabra de rendición que le ahorrará el dolor. Una técnica similar es conocida en los deportes de combate: cuando un luchador inmoviliza a su oponente contra la lona con fuerza abrumadora, la parte atrapada golpea al árbitro para señalar la rendición.
Pero el régimen iraní no estaba preparado para señalar la derrota. Más bien lo contrario: su arrogancia sólo aumentó mientras se intensificaban los golpes en su contra. En lugar de gritar "tío," ellos siguieron gritando "muerte a Estados Unidos." En lugar de aliviar su propio dolor, ellos colocaron su fe en su capacidad de infligir daño mucho mayor contra sus vecinos y atacantes.
Irán rechazó inclinarse ante los dictados estadounidenses no sólo debido a que evaluó que hay un límite para la tolerancia de EE.UU. y del mundo a la presión, sino ante todo debido a su devoción a una fe chií que recula de la idea de la rendición, excepto por la rendición táctica y temporaria. Ese fanatismo antiguo ha mostrado su fuerza durante el año pasado también, y sería una ilusión creer que Irán se someterá en el futuro a demandas que ha rechazado sin vacilación aun cuando la presión militar sobre él ha estado en su apogeo, cuando un asedio naval paralizó sus exportaciones de petróleo y se cobró costos enormes, y cuando la amenaza de un ataque devastador contra la infraestructura nacional y económica vital para su supervivencia se cernía sobre su cabeza.
Exactamente un año después que Israel atacó Irán, en junio del 2025, Irán está dejando en claro que no está disuadido, ni derrotado ni levantando las manos. La respuesta de Israel debe ser dura y dolorosa. Estados Unidos debe entender que no hay forma de evitar tal medida. Si hay en verdad coordinación estrecha con la administración Trump, este es su momento de la verdad.
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