El momento Levi Eshkol de Netanyahu: Por qué Israel desafió a Trump - análisis
Si Netanyahu se hubiese inclinado ante la solicitud de Trump el domingo y se hubiese abstenido de responder después que Irán disparó 11 misiles balísticos, Israel habría señalado debilidad y restricción.

Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu walks outside his office at the Knesset, the Israeli parliament in Jerusalem, June 3, 2026.(photo credit: YONATAN SINDEL/FLASH90)
Por HERB KEINONJUNIO 8, 2026
El lunes a la mañana, 59 años después de la Guerra de los Seis Días, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu tuvo su momento Levi Eshkol.
El 3 de junio de 1967, cuando las tensiones en el Medio Oriente llegaron a un punto febril luego del cierre del Estrecho de Tirán por parte del entonces presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, su expulsión de los observadores de la ONU del Sinaí, y sus promesas repetidas de empujar Israel al mar, el entonces primer ministro Levi Eshkol recibió una carta del ex presidente estadounidense Lyndon Johnson que decía esencialmente: No te adelantes.
“Debo hacer hincapié en la necesidad que Israel no se haga responsable por el inicio de las hostilidades," escribió Johnson, un presidente pro-Israel. “Israel no estará sola a menos que decida ir sola. No podemos imaginar que tomará esta decisión."
En otras palabras, como ha sido parafraseada la carta a lo largo de los años, Johnson dijo a Eshkol, “Si vas solo, estarás solo.”
Eshkol leyó la carta y entonces, dos días más tarde, decidió ir solo. Israel se adelantó.
THEN-PRIME MINISTER Levi Eshkol (C), minister Menachem Begin (L) and Gen. Yeshayahu Gavish (R) visit reserve units in Sinai, June 13, 1967. (credit: Moshe Milner/GPO)
¿Por qué? Porque Eshkol creía que Israel estaba enfrentando una amenaza existencial y que asegurar los intereses del país tenía prioridad por sobre los eseos de incluso su aliado más cercano.
La versión de Netanyahu del dilema Eshkol
Netanyahu enfrentó una versión de ese dilema el domingo a la noche después que Irán disparó misiles balísticos a Israel y el presidente estadounidense Donald Trump, hablando a través de un par de periodistas israelíes, instó públicamente a Israel a no responder. El más tarde habló directamente con Netanyahu, aunque los contenidos de esa conversación no fueron dados a conocer.
Pero lo que los israelíes escucharon, lo que la región escuchó, y lo que el mundo escuchó fue al presidente de Estados Unidos diciendo a Netanyahu que no contraataque mientras deja las consecuencias de no prestar atención a ese mensaje a la imaginación.
Netanyahu atacó de todas formas.
Al hacerlo, él siguió una larga línea de primeros ministros israelíes que, en momentos cruciales, concluyeron que los intereses israelíes requerían desafiar a Washington.
La lista es conocida. David Ben-Gurion declaró la independencia en 1948 a pesar de la feroz oposición del Departamento de Estado. Eshkol inició la Guerra de los Seis Días a pesar de la advertencia de Johnson.
Menajem Begin ordenó el ataque contra el reactor Osirak de Irak en 1981, aun cando tuvo que estar al tanto que el ex presidente estadounidene Ronald Reagan estaría probablemente furioso. Reagan estaba de hecho furioso y detuvo temporalmente las entregas de cuatro aviones de combate F-16.
El mismo patrón apareció en el 2002 cuando Ariel Sharon continuó Operación Escudo Defensivo y la ofensiva en Jenín tras la masacre del Hotel Park a pesar de la presión del ex presidente estadounidense George W. Bush de retirarse “sin demora.”
Apareció nuevamente en el 2007 cuando Ehud Olmert ordenó la destrucción del reactor nuclear de Siria después que Bush le dijera que prefería manejar el tema diplomáticamente.
En cada caso, el primer ministro israelí concluyó que los intereses de Israel pesaban más que las objeciones de Washington.
La pregunta, sin embargo, es por qué Netanyahu vió la situación del domingo en términos similares. A diferencia de Eshkol en 1967, Israel no estaba enfrentando una amenaza existencial inmediata.
La respuesta es que una falla en responder habría permitido a Irán establecer una nueva ecuación estratégica, debilidad proyectada a lo largo de la región, y cargaba un significativo costo político interno.
¿Cuál era la nueva ecuación que estaba tratando de crear Teherán? La vinculación de Líbano e Irán. Irán se estuvo posicionando efectivamente como el protector de Hezbola y señalando que la acción israelí futura contra Hezbola en Beirut provocaría una respuesta directa iraní.
La doctrina invertida de los aliados de Teherán
Como destacó Raz Zimmt, experto en temas de Irán, en una publicación en X/Twitter, esto refleja una inversión completa de la doctrina de aliados tradicional de Irán. Se suponía que los aliados protegieran a Irán.
La teoría era que si Israel alguna vez atacaba las instalaciones nucleares de Irán, Hezbola y los otros aliados atacarían Israel. En su lugar, parece estar sucediendo lo opuesto: Irán ahora está obligado a proteger a los aliados.
Tampoco es la primera vez que uno de los aliados de Irán ha intentado dictar la política israelí.
El intento recuerda los intentos de Hamas en el 2021 de establecer líneas rojas alrededor de Sheikh Jarrah y el Monte del Templo.
Hamas advirtió que si Israel desalojaba a los residentes de Sheikh Jarrah o llevaba a cabo lo que ellos llamaban provocaciones en el Monte del Templo, seguirían los cohetes. El Día de Jerusalén del 2021, incluso emitió un ultimátum respecto a la Marcha de la Bandera.
Israel prosiguió con la marcha de todas formas. Hamas disparó cohetes. Israel respondió intensificando Operación Guardián de los Muros, que comenzó dos días antes.
En mensaje entonces fue claro: ninguna organización terrorista dictará la política israelí en su capital – no vinculen Gaza con Jerusalén.
El mensaje que está siendo enviado ahora a Irán es el mismo: ningún estado terrorista dictará la política de seguridad israelí dentro de sus fronteras – no vinculen Irán con Líbano.
Netanyahu sintió que tenía que actuar para prevenir que esa ecuación se consolidara.
El también necesitaba proyectar fuerza. A lo largo de la región, los gobiernos, las organizaciones y los públicos estuvieron observando el domingo a la noche para ver cómo respondería Israel.
Como ha argumentado por años el ex ministro de asuntos estratégicos Ron Dermer, una de las razones por las que los países de los Acuerdos de Abraham se acercaron más a Israel en la última parte de la última década fue su creencia que Israel actuaría en sus propios intereses aun cuando hacerlo significara enfrentarse a Washington.
Dermer, quien fue embajador de Israel ante Estados Unidos en la época, ha apuntado repetidamente al discurso de Netanyahu del 2015 ante el Congreso, pronunciado contra los deseos del ex presidente estadounidense Barack Obama, como prueba de esa independencia.
En sus palabras, esa voluntad de actuar independientemente convenció a muchos actores regionales que Israel era seria, fiable y estaba preparada para defender sus intereses aun si eso significaba ir contra los deseos del presidente estadounidense.
Si Netanyahu se hubiese inclinado ante la solicitud de Trump el domingo y se hubiese abstenido de responder después que Irán disparó 11 misiles balísticos, habría sido enviado el mensaje opuesto: que Israel está restringida, vacilante, y finalmente no dispuesta a desafiar los dictados estadounidenses.
Esa no es una cualidad generalmente admirada en el Medio Oriente.
Y luego está la dimensión política.
Con los rivales de Netanyahu – Naftali Bennett, Yair Lapid, Avigdor Liberman, y Gadi Eisenkot – describiéndolo frecuentemente como el perro faldero de Trump, no responder al ataque iraní habría cargado un alto costo político.
Responder probablemente no le habría devengado muchos votos. No responder, sin embargo, podría haberle costado algunos.
Particularmente porque sus oponentes indudablemente habrían revivido un discurso que el dio ante la Knesset el 12 de junio del 2021, en su discurso de despedida tras perder el poder.
Criticando al gobierno entrante de Bennett-Lapid, Netanyahu argumentó que ellos serían incapaces de enfrentar la presión estadounidense como él había hecho repetidamente, especialmente respecto a la política de Obama hacia Irán.
“Un primer ministro israelí debe poder decir no al presidente de Estados Unidos en temas que hacen peligrar nuestra existencia,” dijo él.
El domingo, Netanyahu hizo exactamente eso.
Al menos por ahora.
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