Una teoría simple y unificada del antisemitismo
El trato a los judíos desde el 7 de octubre del 2023 me recuerda del cruel rechazo de mi compañero de clases Charles.
Por Joel Engel
Junio 10, 2026
La escuela media de Los Angeles a la que asistí a principios de la década de 1960 estaba poblada por los matriculados de cinco o seis escuelas elementales, así que en el primer día del séptimo grado la mayoría de las caras eran nuevas para casi todos. Uno de esos rostros nuevos para mí pertenecía a Charles R., de quien para la segunda hora me avisaron tenía "piojos" y por lo tanto debía ser marginado, bajo pena de suicidio social.
Suena cómico ahora, pero mis compañeros de clases tomaban en serio los piojos. Ser etiquetado con piojos por los que tenían el poder de etiquetarte, te convertía en un paria. Charles se veía tan común como todos los demás. Cualquier cosa que él hubiera hecho para merecer los piojos en su escuela elemental era conocida sólo por sus ex compañeros de clases, y todo lo que se necesitaba para que el diagnóstico sobreviviera al verano era el compromiso de ellos con su continua miseria.
Esos años me dieron una lección temprana y espantosa de la mentalidad de masas y la crueldad colectiva. Piensen en los peores excesos de la cultura de la cancelación y, dada cuán crucial es la aceptación de los pares para los niños de 11 años, multiplíquenlas por 100. Como si se tratara de una orden inviolable, niños que nunca habían conocido a Charles lo evitaban sin saber, cuestionando por qué, ni importándoles. Muchos se unieron en atormentarlo, y una falange creciente de matones lo consideró un blanco fácil después de la escuela. Habría ayudado si él hubiese contraatacado o si alguno de los matones hubiese sido castigado.
Por acuerdo tácito, todo lo que Charles hacía o no hacía era por definición alo que haría o no haría alguien con piojos. Si Charles llevaba un suéter particular, mejor que no llevaras uno que se viera parecido. Si Charles era visto comiendo un sandwich de mortadela para el almuerzo, corrías el riesgo de ser objeto de burlas si tu mamá puso eso en tu mochila.
Una sorpresa fue que los docentes eran susceptibles a la masa gravitacional. Algunos empezaron a tratarlo con desdén observable, incluida la docente de Inglés que nos había leído "La Letra Escarlata." Recuerdo pensar que su diatriba sobre la injusticia del ostracismo hacia Hester Prynne seguiría hacia las crueldades que enfrentaba Charles con el objetivo de inspirar a alguien a desafiar la lista negra. Pero no. Lo miró una vez con lo que pareció un atisbo de desprecio y terminó sin más disgresiones.
Ningún otro estudiante, ni siquiera los chicos que podíamos decir estaban destinados a la cárcel, era tratado como Charles. En retrospectiva, lamento y me avergüenzo de no haber hablado nunca con Charles R. Tampoco ví nunca a nadie más hacerlo.
Parece probable, si no seguro, que la cosa entera de los piojos habría quedado en la nada en la escuela secundaria. Pero después del noveno grado, su familia se mudó a New York, donde espero que Charles llevara una vida normal.
Pasarían décadas antes que Charles R. volviera a cruzarse por mi mente. Luego llegó la violencia grotesca del 7 de octubre del 2023, y la tormenta de odio antisemita que encendió, la cual todavía no muestra señales de contención. Ahora no puedo dejar de pensar en él. El es un punto focal para una Gran Teoría Unificada del Antisemitismo admitidamente simplista, pero totalmente creíble. Piojos. ¿Hay una metáfora más adecuada—o una explicación más incisiva—para el antisemitismo que "los judíos tienen piojos"?
Ninguna de las exégesis grandilocuentes sobre el antisemitismo llega al quid de la cuestión en la forma en que lo hace "los judíos tienen piojos." Algunas personas en el mundo antiguo decidieron que los judíos estaban infectados, y su decreto llegó a la masa crítica, luego se propagó a través de los siglos en la forma en que los piojos de Charles lo siguieron a una nueva escuela.
El combustible del odio al judío es la farsa. Ya sean "Los Protocolos de los Sabios de Sión," libelos de sangre como "genocidio y apartheid," matzá hecho de la sangre de niños gentiles, perros israelíes violando palestinos, judíos tras los asesinatos de JFK, RFK, y Charlie Kirk, y la (última) publicidad de "comida para gentiles" para mantener a los no judíos no saludables, lo que los antisemitas afirman creer es tan ridículamente ilógico, es tan intencionalmente absurdo, y requere un abandono tan colosal de la razón y el juicio que "los judíos tienen piojos" es un resumen apto.
Siglos antes de la fundación moderna de Israel en 1948, los antisemitas idearon innumerables justificaciones para el maltrato a los judíos. Hoy, la mayoría de las razones citadas para racionalizar el odio al judío se centran en cuán vigorosamente se debería permitir a Israel defenderse contra los enemigos conjurados en su destrucción y si tiene un derecho a existir directamente.
Lo que esas razones no explican es por qué las panaderías judías son atacadas "por Gaza," mientras que las panaderías rusas no son responsabilizadas por la invasión rusa de Ucrani; y a diferencia de los restoranes judíos atacados brutalmente para "Liberen Palestina," los restoranes chinos no son ataccados por la brutal persecución de Beijing a los uigures. Los musulmanes—que han perpetrado un estimado de unos 50,000 actos de terrorismo en el nombre del Islam desde el 11/S—son atacados en menos del 9% de todos os incidentes de odio religioso, en contraste del 70% para los judíos.
La explicación sería obvia para Charles: los rusos, los chinos, y los musulmanes no tienen piojos.
El Sr. Engel es el autor de “Valor Quemado: Una Historia Verdadera de Destrucción, Engaño y Corrupción Gubernamental.”
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