jueves, 15 de octubre de 2026

 El 24 de mayo de 1991, un Boeing 747 despegó de Etiopía con más de mil personas a bordo. Cuando aterrizó en Israel, los responsables descubrieron que el número de pasajeros no coincidía con el registrado antes de la salida.

Dos bebés habían nacido durante el vuelo.
Y todavía faltaban niños por contar.
El avión formaba parte de la Operación Salomón, una evacuación organizada para trasladar a miles de judíos etíopes mientras una guerra civil amenazaba con extenderse hasta Addis Abeba, la capital del país.
Muchos pertenecían a la comunidad Beta Israel, cuyos miembros habían vivido durante generaciones en las regiones montañosas del norte de Etiopía.
En los meses anteriores, familias enteras habían abandonado sus aldeas y recorrido largas distancias para llegar a Addis Abeba. Algunas vendieron sus animales y pertenencias para pagar el traslado. Otras llevaban años esperando la autorización necesaria para salir del país.
En mayo de 1991, la situación se volvió crítica.
Las fuerzas rebeldes avanzaban hacia la capital y el gobierno del presidente Mengistu Haile Mariam estaba a punto de derrumbarse.
Tras negociaciones diplomáticas en las que participaron Israel, Estados Unidos y organizaciones judías, las autoridades etíopes permitieron organizar un puente aéreo de emergencia.
El 24 de mayo comenzaron los vuelos.
Durante aproximadamente 36 horas, decenas de aeronaves militares y civiles transportaron a más de 14.000 personas desde Addis Abeba hasta Israel.
Para aprovechar al máximo el espacio disponible, los aviones fueron acondicionados para transportar una cantidad extraordinaria de pasajeros. En algunos se retiraron los asientos y las familias viajaron sentadas en el suelo o sobre colchonetas.
Uno de los Boeing 747 de la compañía El Al estableció un récord mundial.
El registro Guinness reconoce aproximadamente 1.088 pasajeros en aquel vuelo, incluidos dos bebés nacidos durante el trayecto.
Pero años después, el comandante Arieh Oz, piloto de aquella aeronave, relató un detalle que había pasado inadvertido durante el embarque.
Algunas madres habían escondido a sus hijos pequeños bajo la ropa.
Muchas de aquellas familias desconocían cómo funcionaban los aviones y no estaban completamente seguras de quién las transportaba ni de lo que sucedería con ellas.
Según explicó Oz, cuando las madres comprobaron que la tripulación las trataba con amabilidad y que podían confiar en sus acompañantes, comenzaron a sacar a los niños de sus escondites.
Un recuento posterior elevó a 1.122 el número de personas que podrían haber viajado en aquella aeronave.
La cifra exacta sigue siendo discutida, pero el récord permanece vigente.
La operación terminó el 25 de mayo de 1991. Aproximadamente 14.325 judíos etíopes habían llegado a Israel. Pocos días después, las fuerzas rebeldes entraron en Addis Abeba.
Hay un detalle particular sobre Arieh Oz, el piloto que transportó a aquellas familias.
Había nacido en Europa con el nombre de Harry Klausner y, durante la Segunda Guerra Mundial, sobrevivió al Holocausto porque una familia neerlandesa lo mantuvo escondido junto a su hermana durante tres años.
Décadas después, fue él quien pilotó un avión en el que algunas madres también habían escondido a sus hijos para protegerlos.
Cuando aquellos niños salieron de debajo de las ropas de sus madres, el comandante descubrió que había transportado a más personas de las que aparecían en su lista

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