Revelado el plan del secuestrador: Aeropuerto Ben Gurion
También, regresa el problema del antisemitismo de Gran Bretaña.
A Flydubai plane carrying passengers from flight FZ1073 arrives at Ben Gurion International Airport near Tel Aviv, September 30, 2026. (Flash90)
Es lunes 5 de octubre, y hace algunos días creíamos que sin el heroísmo de los pasajeros en el Vuelo 1073, las casi 180 personas a bordo, 27 de ellas niños, habrían sido aesinadas. Ahora sabemos que sin la valentía del Capitán Smit Machchhar, Yaniv Hayun, Tzvika Mans y Assaf Rajuan, estaríamos enfrentando una catástrofe probablemente peor que el 7 de octubre.
Bajo interrogatorio, Hamam al-Hammami, el copiloto omaní, confesó que tras matar al piloto su plan era realizar una aproximación de vuelo de aterrizaje normal y, en los segundos finales, cuando la intercepción ya no fuera posible, estrellar el avión en el Aeropuerto Ben Gurion. Ese es el motivo por el cual, en lugar de atacar al principio, él atacó al capitán sólo una vez que el avión estuvo sobre Jordania.
El vuelo debía aterrizar alrededor de las 9:30 a.m., en el apogeo de Sucot, cuando el tráfico en el aeropuerto llega a un pico. Decenas de miles de viajeros habrían estado probablemente en la terminal cuando llegara, y la cuenta de muertos podría fácilmente haber estado en miles. Bajo interrogatorio, al-Hammami admitió que en viajes previos a Israel había “reunido información," tal vez acerca de dónde el choque se habría cobrado más vidas.
De habérselas arreglado para estrellar el avión en el desierto saudí, como se creía originalmente que era su intención, las consecuencias habrían sido catastróficas. El día habría pasado a la historia como el segundo ataque terrorista más letal en la historia de Israel, con casi cinco veces la cuenta de muertos del tercero. La arteria central de los Acuerdos de Abraham, el corredor de 30 vuelos diarios, habría sido cancelada, y las relaciones firmemente cálidas entre Emiratos e Israel habrían quedado congeladas.
De haber tenido éxito su plan original, habría sido, por un amplio margen, el peor ataque en la historia de Israel, y habría cancelado mucho más que una ruta de vuelo. Incluso si el daño físico en Ben Gurion podría ser reparado rápidamente, ninguna aerolínea se arriesgaría a volar a Israel. El país enfrentaría un aislamiento de la aviación peor que cualquier cosa que haya experimentado incluso en el pico tras el 7 de octubre.
La industria turística, apenas colgando de un hilo tras tres años de guerra, se hundiría en el abismo. Por sobre todo, el daño a la sensación de seguridad de los israelíes, viajeros crónicos del mundo, sería incalculable.
EL paralelo más obvio y chocante es que Israel casi tuvo su propio 11/S, casi exactamente 25 años después del primero. No en el sentido laxo o figurado en el cual es usada la frase tan a menudo, sino literalmente: un avión convertido en un arma, con una cuenta de muertos que puede haber sido comparable a ese desastre, y mucho mayor en relación a la población de Israel. Y el efecto habría sido aun más desastroso. El World Trade Center fue un blanco simbólico, mientras que Ben Gurion es el corazón de la conexión de Israel con el mundo exterior. Habría hecho más por aislar a Israel del mundo que cualquier ataque de Hamas.
Ningún agradecimiento, medalla o recompensa basta para los héroes que impidieron lo que indudablemente habría sido el ataque más devastador contra el Estado de Israel.
Green Party leader, Zack Polanski at a rally in April. (@ZackPolanski/X)
En el Telegraph del domingo esta semana escribí sobre la vergonzosa capitulación del secretario del exterior judío Ed Miliband ante los elementos antiisraelíes y partidarios del terror en el electorado británico. Al día siguiente, el líder judío del Partido Verde, Zack Polanski, se apresuró a recordarnos que el título de "peor judío en la política británica" está muy disputado.
En su conferencia durante el fin de semana, el Partido Verde de Inglaterra y Gales adoptó una resolución que el Sionismo sea "tratado como cualquier otra forma de racismo," y pidió "un único estado palestino democrático en toda la Palestina histórica... con iguales derechos para todos." Pocas oraciones han contenido tanta hipocresía e ignorancia: hipocresía en etiquetar como racista al nacionalismo judío y como justo al nacionalismo palestino, e ignorancia en creer que cualquier estado palestino sería una democracia, por no hablar de garantizar derechos iguales.
En un tira y afloja a lo largo de los partidos de izquierda, los moderados trataron de agregar una enmienda ambigua que estipulaba que la moción "no será usada para presionar, proscribir o disciplinar a los miembros basada en la afiliación a las instituciones de la comunidad judía tales como sinagogas, centros comunitarios o grupos denominacionales, que se describen como sionistas," sólo para ser rápidamente descartada por los radicales. Su intento del compromiso de dos estados fue rechazado de plano también. Tan radicales son los que tienen el volante en el Partido Verde que ni siquiera ofrecieron el barniz de sonrisa estilo Mamdani de condenar el antisemitismo, ni siquiera con la acostumbrada cucharada de azúcar para sus fanáticos: una condena equivalente de la islamofobia.
Eso no es nada sorprendente de un partido que tuvo que investigar a más de 30 candidatos al consejo esta primavera. Una, publicando bajo una cuenta parodia de Ana Frank, pedía que "todo sionista" sea asesinado, llamaba "alimañas" y "ratas" a los sionistas, y compartió una imagen de una destructora de papel a la que nombró una "exprimidora de judíos." Otro se refirió a las "cucarachas judías", y dos más fueron arrestados bajo sospecha de incitar al odio racial. Varios fueron suspendidos, pero pocos fueron expulsados, y algunos ganaron sus bancas de todas formas. Polanski condenó las publicaciones y prometió controles más duros, mientras insistía en que el partido no tenía ningún problema particular, una mentira que se volvió mucho más difícil de contar después del domingo.
En respuesta a la resolución, el Ministro del Exterior Gideon Sa’ar prohibió a Polanski la entrada a Israel. Para ser justos, Sa’ar muy probablemente hizo un favor a Polanski. De haber visitado el estado judío, él probablemente hubiera corrido el riesgo de ser linchado en la próxima conferencia del Partido Verde. Tal como están las cosas, Polanski ha sido desollado esencialmente, su exterior judío ha sido adoptado por un partido intencionado en destruir al estado judío y que tampoco simpatiza mucho con los judíos de Gran Bretaña tampoco.
Uno esperaría que, observando a uno de los partidos del país precipitarse hacia el antisemitismo, el gobierno el gobierno actuaría con mayor cautela frente a esta cuestión. Pero el hecho que una gran parte del electorado al que está cortejando quiera destruir al estado judío entero, a ambos lados de la Línea Verde, probablemente no impedirá que Ed "como un judío" Miliband sancione a Judea y Samaria. Indudablemente él imagina que los cocodrilos antisemitas se lo comerán último.
Cuando fue aprobada la primera resolución "Sionismo es Racismo" en la ONU en 1975, el embajador israelí Jaim Herzog la rompió como es sabido a la mitad, declarando: "Para nosotros, el pueblo judío, este no es más que un pedazo de papel, y lo trataremos como tal." Israel probablemente hará nuevamente lo mismo. Puede permitirse ignorar al Partido Verde de Reino Unido; Gran Bretaña no puede.


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