viernes, 17 de junio de 2016



Nasó(Números 4:21-7:89)


Sotá


Una de las leyes que aparece en esta parashá es conocida como la ley de la sotá, la cual describe cómo debe tratar una corte judía con una mujer adúltera (Números 5:12-31).
Si una mujer es acusada de adulterio por su marido, y hay razones serias para sospechar que dicha acusación es cierta, entonces ella debe tomar una decisión: aceptar un divorcio o someterse a una extraña prueba. La prueba, si opta por hacerla, requiere que beba “aguas amargas” en las cuales fue disuelto el nombre de Dios, y si es culpable entonces morirá instantáneamente.
Si pudiéramos hacer un concurso para determinar cuál es el mandamiento que ha sido más malinterpretado de todos, entonces la ley de sotá probablemente sería declarada la amplia vencedora.
El principal problema recae en la noción errada de que esta ley busca menoscabar a las mujeres. Pero eso está lejos de la verdad. Al igual que en todas las cosas, la verdad está en los detalles.
Aclaremos primero los hechos:
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Aclarando los hechos

A pesar de que es la mujer que fue acusada quien debe tomar las aguas amargas, estas aguas afectan de igual forma a su pareja en el adulterio. Tal como las aguas la examinan a ella, también lo examinan a él (Talmud, Sotá 27b).
Es más, la Torá le da el poder de decisión a la mujer en lugar de dárselo al hombre que deberá compartir su destino. Ella no está forzada a beber las aguas amargas. Ella puede admitir su adulterio y aceptar un divorcio. Y la verdad es que ella ni siquiera tiene que admitir algo. Puede simplemente rehusarse a beber las aguas por cualquier razón. Puede decir que siente demasiada ansiedad, que prefiere perder su dinero antes de hacer que sea borrado el nombre de Dios, que de todas formas no puede vivir con un esposo que sospecha de ella, etc. Todo lo que pierde si decide no beber de las aguas es su ketubá, su contrato matrimonial, lo que implica solamente una pérdida monetaria. Ella queda libre para casarse con quien quiera y para salir de ese embrollo sana y salva.
En esta situación, el hombre depende de la misericordia de la mujer.
El hombre, por otro lado, depende de la misericordia de la mujer. Si ella se declara inocente e insiste en beber de las aguas, entonces a él no le serviría de nada admitir sus culpas. Después de que ella ha decidido beber, si las aguas la matan a ella también lo matarán a él.
En general, la ley judía trata a ambas partes del adulterio de la misma forma. Lo que es un delito punible para ella también lo es para él.
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Cooperación de Dios

Najmánides señala que de los 613 mandamientos, sólo la ley de la sotárequiere la cooperación específica de Dios para que funcione. Las aguas amargas sólo pueden ser efectivas de forma milagrosa. La Torá les asegura a los adúlteros que luego de tomar las aguas morirán instantáneamente, y le promete a la mujer inocente —que fue acusada injustamente y que decidió someterse a la humillante experiencia desotá para demostrar su inocencia— que quedará embarazada incluso si es infértil.
De hecho, el Talmud cuenta que Jana —una profetiza, madre del profeta Shmuel y que además era infértil—, amenazó a Dios que si Él no la ayudaba a concebir mediante sus rezos entonces ella se haría sotá y Lo forzaría a ayudarla de cualquier manera (Brajot, 31b).
La ley de la sotá es también el único mandamiento cuyo cumplimiento requiere que el nombre de Dios sea borrado, un acto que por lo general está prohibido y quien lo hace recibe el castigo de latigazos. Los comentaristas explican que es tanto lo que está en juego con la pureza familiar judía y con la confianza marital, que Dios está dispuesto a permitir que se borre Su propio nombre y a no aplicar esta vez Su política de conducir el mundo por medio de las leyes de la naturaleza con tal de restaurar la confianza doméstica y la paz marital.
Todo milagro es una completa violación de la política divina de permanecer en el anonimato.
Por lo tanto, cualquiera que sea escéptico de la existencia de Dios o del hecho que Él interviene en las vidas humanas, puede asumir con seguridad que todo el tema de la sotá según como lo describe el Talmud nunca pasó en realidad. Por otro lado, quien acepta la verdad de la Torá según como es interpretada por nuestros sabios no puede evitar conmoverse por la preocupación de Dios por la santidad del matrimonio judío.
Todo milagro es una completa violación de la política divina de permanecer en el anonimato tras los fenómenos naturales y de mantenerse fuera del camino del hombre, para no interferir así con el ejercicio del libre albedrío. Sin embargo, a pesar de que los rabinos más santos y las tragedias más grandes no han sido suficientes para persuadir a Dios de que altere su política de ocultamiento, toda mujersotá tenía el poder de forzar a Dios a salir al descubierto.
La ley de la sotá es el completo opuesto de la discriminación hacia la mujer judía. Esta ley enfatiza su supremacía en todas las áreas importantes de la pureza familiar. Cuando se trata de estos temas, el hombre judío es un mero agregado.

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