jueves, 2 de julio de 2026


 

 Hoy se cumplen 1000 días desde aquel 7 de octubre de 2023. Una marca en el tiempo que nos recuerda la profunda herida, el dolor y la resiliencia de un pueblo.

🕯️🇮🇱
Nos unimos en memoria de todas las víctimas y reafirmamos nuestra solidaridad inquebrantable con Israel. Que su recuerdo nos impulse siempre a buscar la paz y la justicia.
Am Yisrael Chai.


 

DEL BLOG DE AMIT SEGAL

 

Es mediodía en Israel: 1000 días desde el 7 de octubre

¿Dónde estamos ahora?

Jul 2
Palestinians stand next to a burning tank inside the border fence with Israel in the city of Khan Yunis in the southern Gaza Strip. October 7, 2023. (Yousef Mohammed/Flash90)
Es jueves 2 de julio, y casi 1,000 días desde el 7 de octubre. Hay un pasaje en el Talmud que describe los límites del lenguaje: si todos los mares fueran tinta, y todas las cañas fueran plumas, y todas las personas fueran escribas, todavía no podrían agotar la sabiduría contenida en la Torá. No es una afirmación sobre la extensión. Es una afirmación sobre una categoría de cosa que la escritura simplemente no puede contener. Me he encontrado regresando a esa imagen al considerar la ruptura del 7 de octubre. Hay un antes y un después, y no digo eso como una metáfora. Lo digo como dos palabras, discontinuas, sin que ninguna palabra de uno se traslade a la otra. La fórmula de los mares y escribas sigue surgiendo en mi mente porque cuando me enfrento con la enormidad de tal acontecimiento, con sus innumerables reverberaciones y emociones, lo mejor que uno puede hacer es aludir a la imposibilidad de describirlo. Lo que sigue es mi intento.
Hace casi 1,000 días a las 6:29 a.m., terminó el viejo mundo y empezó un nuevo mundo. Ese nuevo mundo nació de una conflagración del antiguo—más de 1,200 asesinados, cientos de secuestrados, todo ello filmado, subido a las redes, y celebrado en tiempo real—mientras los enemigos de Israel se vanagloriaban de la atrocidad. Israel, durante esas primeras horas, no pudo hacer nada más que observar. La infame conceptzia—la noción que los enemigos de Israel podían ser disuadidos o comprados—se evaporó ese día. Las bases del estado como un lugar donde los judíos están a salvo de la masacre fue dañada de forma irreparable. El país quedó en conmoción: expuesto, sin una forma de procesar lo vivido y sin una sensación clara de dónde ir a partir de ahí.
Israel ha pasado cada día desde entonces tratando de reconstruirse, de restaurar una semblanza de lo que fue. El día 128, demostró que rescatará a sus rehenes por cualquier medio, no sólo la negociación, cuando un operativo en Rafah liberó a dos hombres con vida. El día 245, Operación Arnon lo demostró nuevamente—cuatro rehenes salieron vivos de Gaza, retirados del centro del enclave a plena luz del día. El día 356, demostró que incluso el hombre más protegido de Hezbola no estaba, de hecho, protegido, cuando el ataque que eliminó a Hassan Nasrallah alcanzó un búnker que su objetivo creía era inalcanzable. El día 375, demostró lo mismo respecto a Yahya Sinwar, perseguido hasta un callejón en la ciudad que él controló una vez. Y el día 615, Israel atacó al propio Irán—no el tentáculo, sino la cabeza, sin la cual el 7 de octubre nunca podría haber sucedido, y al que Israel había prometido nunca más permitirle amenazar su existencia. Doscientos sesenta días más tarde, el día 875, demostró esto una vez más.
Israeli soldiers operating in Beit Lahia, in the northern Gaza Strip, December 28, 2023. (Yonatan Sindel/Flash90)

Mi primera visita a Gaza después del 7 de octubre mostró una ciudad relativamente intacta, oculta en medio de plumas de humo y sonidos de batalla. Un año depsués, en noviembre del 2024, Jabalia era una pila masiva de escombros, extendiéndose de horizonte a horizonte, con manadas de perros vagando entre las ruinas y la basura. En el día 1000 e la guerra, en la zona no quedaba nada. La ciudad otrora densamente poblada se veía desolada y silenciosa, como la superficie de la luna. Perforadoras de ingeniería buscaban túneles bajo tierra, con excavadoras D9 operando sobre la superficie. En la vasta mayoría de Gaza, no quedó nada, ni sobre el terreno ni debajo de él.

Esta es la situación en todo el territorio controlado por Israel, que ahora conforma unos dos tercios del territorio de la franja. Rafah fue eliminada de la faz de la tierra, como lo fue la mayoría de Khan Yunis y enormes porciones de Ciudad Gaza. El 92% de los túneles han sido destruidos por completo; el resto seguirá pronto.
Dentro de la Gaza controlada por Hamas, han habido crecientes informes de resurgimiento, rehabiitación de túneles, ejercicios de entrenamiento, y una inevitable operación de las FDI. Estos informes deberían ser vistos con intenso escepticismo. Hamas no está logrando rearmarse genuinamente después que fueron eliminadas sus rutas de contrabando por aire, tierra y mar, y bajo tierra. Trescientos sesenta y dos túneles de contrabando de Egipto fueron destruidos en Rafah. El entrenamiento es conducido de forma clandestina, los materiales de reconstrucción no están llegando, y los túneles recientemente excavados en la arena son apuntalados apenas con cualquier cosa disponible: chapa metálica, restos de madera. Irán se desvive por proteger a Hezbola; en cuanto a Hamas ni siquiera le levanta el teléfono. Esa es la consecuencia para un satélite que inicia una guerra sin permiso y se convierte en una causa perdida.
Tal vez este es el motivo por el cual Hamas hace poco aceptó los términos que incluyen entregar todo el armamento pesado, mapas de los túneles, sitios de producción, y cachés de armas. Sus líderes aceptaron que las armas serían entregadas a una comisión, no a Israel. La fuerza multinacional que se desplegaró posteriormente servirá como una contención entre Hamas e Israel, y será responsable por la recolección. Israel se retirará sólo después que Hamas sea desarmado, las armas de las milicias sean recogidas, todas las posiciones de gobierno sean entregadas a un comité de tecnócratas, y los oficiales de policía que fallen en una autorización de seguridad sean obligados a retirarse. Los acuerdos no hacen mención alguna a las armas chicas, las que inundan Gaza en decenas de miles. ¿Cuántas hay? Las divisiones que operan en Gaza solían transportar rifles a la frontera israelí, donde las excavadoras los pasarían por encima y los aplastarían. En un momento dado, pidieron dejar de recoger armas porque se había vuelto su actividad principal.
“No se equivoquen,” dice un muy alto funcionario del ejército, “de todos los enemigos que hemos enfrentado, son el más cruel, el que más nos odia, y el más desinhibido.” Y esta es exactamente la razón por la cual estuvo prohibido detenerse y "luchar otro día," como sugirieron Nitzan Alon y otros. Desde el perímetro, sin este nivel de destrucción y sin aislarlos de sus patrones, Gaza se habría recuperado rápidamente. Para el día mil, ya se habría vuelto una amenaza monstruosa nuevamente, en lugar de una ola de escombros y desesperación.
Jews attend a prayer for the return of the Israeli hostages held by Hamas terrorists in the Gaza Strip, at the Western Wall. (Chaim Goldberg/Flash90)

Es casi imposible contener todas las emociones de los incontables días durante los cuales informé—la maravilla del día 347, cuando explotaron de forma simultánea más de 3,000 buscapersonas en una de las operaciones de inteligencia más grandes en la historia, contra el duelo del día 328, cuando Hersh Goldberg-Polin y otros cinco rehenes fueron asesinados días, tal vez horas, antes que el rescate pudiera llegar a ellos. Todavía fresco en mi mente está el día 842, cuando los restos del último rehén, Ran Gvili, fueron finalmente traídos a casa—no un rescate esta vez, sino un cierre, el instante en que la cuenta misma podría detenerse. Lo sentí como el inicio de algo afin a la sanación: una inmensa catarsis nacional, demasiado grande como para describirla incluso ahora. Pero mirando en retrospectiva hoy, puedo decir esto—a través de las victorias y derrotas, a lo largo de mil días de heroísmo y sacrificio, Israel y su pueblo han logrado recuperarse desde el borde de la desesperación.
Hay un versículo en Ezequiel, que ha asumido un nuevo significado para mí: “Y cuando pasé y te ví retorciéndote en tu sangre, te dije, aunque estabas ensangrentado, ¡Vive!" En este versículo, esta es la adopción del pueblo judío por parte de Dios—su mandamiento de vivir es su primera orden a su pueblo.
No es una promesa que la sangre será limpiada, o que la herida deje de ser una herida. Es un mandato dicho sobre un cuerpo que aún no ha sido respondido—dos veces, porque una vez no era suficiente para ser creído. Israel, en la mañana del 7 de octubre, estaba exactamente así: desangrándose, expuesta, empapada en su propia sangre, sin ninguna garantía que se pondría de pie. Lo que mil días han mostrado no es que la herida sanó, sino que se prestó atención al mandato. Todo rehén retornado, todo enemigo derrotado, todo reservista que respondió al llamado—todo eso es la misma palabra, repetida, día tras día: vive,

 Día de ayuno

El 17 de Tamuz es un día de ayuno, dedicado al duelo por la brecha en las murallas de Jerusalén y otros trágicos sucesos ocurridos en esta fecha. Nos abstenemos de comer y beber desde el amanecer hasta el anochecer. Se añaden oraciones especiales y lecturas de la Torá a los servicios religiosos del día