Gadi Eisenkot, el teniente general retirado que podría poner fin a las casi dos décadas en el poder de Benjamin Netanyahu el 27 de octubre, recuerda ser aconsejado por una personalidad mediática de hacer campaña respecto al conocimiento de sus padres en una ma’abarah, uno de los campamentos de tránsito para inmigrantes judíos en la década de 1950. Había sólo un problema, dijo Eisenkot: sus padres se conocieron en un kibbutz. El experto quedó decepcionado: “Esa es una historia horrible.”
Para un estadounidense que sigue la elección, el intercambio es una curiosidad. Para un israelí, lo explica todo.
Las ma’abarot albergaron a muchos de los aproximadamente 650,000 inmigrantes y refugiados judíos que llegaron desde el mundo árabe en los años que siguieron a la independencia judía en 1948. El estado los absorbió aun cuando los fundadores ashkenazis europeos los miraban desde arriba.
Para sus descendientes, conocidos como mizrajim y quienes ahora comprenden más de la mitad de la población judía de Israel, la palabra evoca rescate y humillación en la misma frase. Que un político diga a sus votantes que sus padres se conocieron en una ma’abarah es la forma más corta de decir "soy uno de ustedes."
La cobertura estadounidense de la elección de Israel encuadra su política en torno a Gaza, Irán, el conflicto con los palestinos, la suerte de la democracia liberal y Benjamin Netanyahu, cuya coalición es vista generalmente como la más derechista en la historia del país. Todo cierto.
Pero el electorado de Israel es un ecosistema abarrotado—una docena o algo así de partidos con una posibilidad realista de ganar escaños, divididos por la religión y origen, cada uno con sus propios electorados y demandas.
Un grupo pasa a través de casi todos ellos: los mizrajim. Ellos tendrán un rol importante en decidir las que se han vuelto una de las elecciones más consecuenciales de Israel.
Los dos contendientes principales son Netanyahu y Eisenkot. Netanyahu es ashkenazi— criado en Jerusalén, educado en Estados Unidos, hijo de un historiador de la Inquisición Española. Su partido Likud ha sido durante mucho tiempo el hogar político para los mizrajim. Eisenkot, quien lidera el nuevo partido Yashar, es hijo de inigrantes marroquíes de clase obrera.
Los sondeos están oscilando entre los dos. Pero no importa quien prevalezca, está claro que los mizrajim ya no son más simplemente un electorado que debe ser cortejado; ellos se han convertido en el centro de gravedad del país—y son claves para entender a Israel.
La historia que el experto quería empieza mucho antes de los campamentos. Los judíos habían vivido en Alepo y Fez por más de mil años; en Irak y Egipto por más de dos mil quienientos años.
Con el ascenso del nacionalismo árabe y especialmente tras la fundación de Israel en 1948, los judíos del mundo árabe se volvieron sospechosos—una quinta columna para un estado que nunca habían visto. Lo que siguió varió según el país: violencia callejera y acoso oficial en algunos, expulsión y propiedad confiscada en otros.
Durante las décadas de 1950 y 1960 la mayoría de ellos huyeron o emigraron a Israel, impulsados tanto por la persecución contra los judíos como por el deseo de ser parte del estado judío. Todos los inmigrantes enfrentaron dificultades. Pero los mizrajim permanecieron en los campamentos de tránsito más tiempo que los ashkenazim y fueron enviados de forma desproporcionada a pueblos de desarrollo económico deprimido, asentamientos remotos lejos del centro.
Hoy la mayoría de los mizrajim han pasado a la clase media con educaciones universitarias y carreras profesionales. Aun así, como explica el sociólogo Nissim Mizrachi, de la Universidad de Tel Aviv, los mizrajim siguen estando representados de forma exagerada en la periferia social de Israel y poco representados en el ámbito académico y otras instituciones de élite.
Trazar distinciones grupales a través de tres generaciones de matrimonios mixtos entre mizrajim y ashkenazim es traicionero, pero las tendencias son consistentes: los ashkenazim son más laicos, más liberales y más individualistas; los mizrajim son más tradicionales religiosamente, más patriotas y atados a la familia y a la comunidad.
A pesar de la discriminación temprana, la mayoría de los mizrajim están, como me dijo Mizrachi, "Arraigados profundamente en una identidad judía-israelí y sienten lealtad inamovible hacia el pueblo judío y el estado judío."
El censo de Israel no registra la etnicidad, así que cómo votan los mizrajim puede sólo extrapolado de los resultados en zonas con grandes poblaciones mizrajim. Pero desde que Menachem Begin quebró al establishmento Laborista ganando el cargo de primer ministro en 1977, ellos han sido la base del Likud, y bajo el mandato de Netanyahu han permanecido allí.
Esa lealtad ha desconcertado durante mucho tiempo a los analistas que sacan sus pistas de la política racial estadounidense. Pero es sólo un rompecabezas si asumes que un grupo con una historia de discriminación adoptará la política progresista. La mayoría de los mizrajim no se ven como oprimidos. Lo que objetan es la condescendencia: muchos sienten que la derecha trata con respeto sus tradiciones, mientras que la izquierda las trata como un problema a ser modernizado.
La pregunta es si Eisenkot puede romper ese patrón. En los papeles, así lo parece. El nació de padres marroquíes y fue criado en un vecindario duro en Eilat, en la puta sureña de Israel. El ascendió en el ejército, comandó la Brigada Golani y se convirtió en jefe del estado mayor. En diciembre del 2023, su hijo menor, Gal, fue asesinado mientras luchaba en Gaza.
Un político estadounidense con tal biografía, haría campaña en torno a ella: el vecindario pobre, las barreras étnicas, el ascenso. Eisenkot hace lo opuesto. El resta importancia a su origen marroquí, dice que nunca experimentó discriminación, y habla de trabajo duro y una identidad israelí compartida.
“El origen de una persona en el Estado de Israel no es una razón para elegirlo primer ministro,” ha dicho. El está haciendo campaña basado en la responsabilidad: combatir la corrupción, ejército o servicio nacional para todos, y una comisión estatal de investigación de las fallas del 7 de octubre.
Para el criterio del experto, él está contando una historia horrible.
Si eso daña a Eisenkot depende de a qué mizrajim les preguntas. La discrepancia es más curiosa que la respuesta.
Para muchos, su origen mizraji es irrelevante. Los votantes mizrajim tienen un largo historial de no elegir candidatos mizrajim. El Laborismo aprendió esa lección bajo Amir Peretz y Avi Gabbai, ambos marroquíes, quienes no lograron ganar grandes números de votos mizrajim en el 2006 y 2019 respectivamente.
La razón por la cual el origen de Eisenkot podría no ayudar es que muchos mizrajim desconfían de la izquierda en temas de instituciones, religión y seguridad, y ellos asocian a Eisenkot con la izquierda.
Muchos todavía sienten que el estamento laico que construyeron los fundadores ashkenazim—los tribunales, el mundo académico, los medios de comunicación, y la dirigencia del ejército—los miran desde arriba. Eso ayuda a explicar por qué la reforma judicial de Netanyahu tocó tal fibra. Porque Israel no tiene constitución escrita, su Corte Suprema ejerce poderes significativos de revisión judicial, y su rol al seleccionar nuevos jueces se ha vuelto un punto de irritación. Para muchos votantes mizrajim, la Corte representa el último bastión de una antigua élite ashkenazi, uno que puede superar las elecciones que ellos hacen en las urnas.
Eisenkot promete responsabilidad por el 7 de octubre. Pero de acuerdo con Mizrachi, algunos votantes mizrajim de derecha objetan no su investigación imparcial propuesta, sino un proceso de nombramiento que da al presidente de la Corte Suprema la autoridad para elegir a los miembros de la comisión.
La religión y la seguridad también profundizan la desconfianza. Estos votantes ven partidos tales como Demócratas de Yair Golan, al socio de coalición de Eisenkot, tan hostil a la religión, y temen que Eisenkot dependería del partido árabe Ra’am para gobernar, a pesar de su promesa de no hacerlo. Tras el 7 de octubre, ellos también dudarían que un gobierno izquierdista, o incluso uno dependiente de los aliados de izquierda, puedan mantenerlos a salvo.
Para estos votantes mizrajim fielmente de derecha, la contienda real está dentro de la coalición de derecha de Netanyahu, dice el sociólogo Nissim Leon, de la Universidad de Bar-Ilan. Eso incluye a Shas, el partido ultraortodoxo sefaradí, y a Otzma Yehudit, liderado por Itamar Ben-Gvir, quien es de ascendencia kurda iraquí, y atrae a los jóvenes mizrajim descontentos con un nacionalismo abrasivo y deliberadamente provocativo.
Pero para Ophir Toubul, un activista social y comentarista mizraji, las raíces marroquíes de Eisenkot sí importan para los mizrajim más educados y en ascenso social, especialmente los que confían en las instituciones estatales. "No quieres escucharlos hablar del estado profundo," dice él.
Estos mizrajim pueden ser los votantes que decidan la elección: israelíes moderados, de centro-derecha que siguen abiertos a cruzar líneas de la coalición. Ellos ven a Eisenkot y, dice Toubul, piensan dialna, que en árabe marroquí significa "uno de nosotros."
Toubul estima que de los 120 escaños en la Knesset israelí, hay 10 a 12 escaños que corresponden a mizrajim en ascenso social que se sienten políticamente sin hogar. Eisenkot podría ofrecerles un hogar. Los propios padres marroquíes de Toubul y sus amigos, planean votar por él.
De acuerdo con Leon, lo que atrae a estos mizrajim de centro y centro-derecha hacia Eisenkot es menos su etnia que su historia de vida—sobre todo su comando en las Fuerzas de Defensa de Israel de la Golani, largamente conocida como brigada "marrón" o mizraji y uno de los más grandes motores de integración del ejército.
Leon argumenta que el llamado de Eisenkot a estos votantes es también una protesta contra el status quo—una sensación que ellos tienen, como lo dijo él, que “algo no está siendo manejado” en el bando de Netanyahu.
Pero la cuestión que más puede importarles es el servicio universal—militar o civil—que Eisenkot ha hecho central para su campaña.
Los mizrajim tienen una fuerte cultura pro-ejército y las exenciones generalizadas del servicio militar de las comunidades ultraortodoxas han exacerbado las tensiones en el bloque de Netanyahu.
Para los mizrajim, quienes tienden a ser colectivistas y pensar en la familia y comunidad, la falta de servicio traiciona una obligación que ellos asumen que todos comparten. Un hombre que permanece fuera del ejército mientras el hijo del vecino combate en Gaza ha roto la primera norma de la moralidad basada en la familia. Eisenkot, un general que, en las palabras de Leon, "viene del pueblo," y que enterró a su hijo Gal puede plantear ese argumento.
Netanyahu, quien necesita a los partidos ultraortodoxos para construir una coalición, no puede.
Independientemente de qué candidato se vuelva el próximo líder, los mizrajim ya han ganado. Mi colega, el periodista Matti Friedman, llama a Israel una “nación mizraji.” En mi opinión, esto no se trata de demografía, música y alimento que dominan la cultura popular.
Así es como los instintos mizrajim impregnan el país entero, incluidos los israelíes sin abuelos mizrajim. La cautela de las grandes visiones liberales para la región, el apego a la tradición y a Dios entre personas que no son estrictamente observantes, y un sentido que la familia y la comunidad vienen antes que el individuo.
La seguridad es donde esto se ve más claramente. El 7 de octubre, dice Leon, hizo a los israelíes "más sospechosos, más conservadores." Como escribió Amos Harel de Haaretz en Foreign Affairs, la mayoría de los israelíes judíos “no confían en los palestinos o, por tal caso, en los vecinos árabes en general."
Los estadounidenses a menudo interpretan esto como un giro hacia el antiliberalismo. Muchas familias mizrajim lo llamarían memoria. La mayoría de los cerca de un millón de judíos que habían vivido a lo largo del mundo árabe huyeron, fueron impulsados a irse, o fueron expulsados formalmente, llevando con ellos una sensación de traición por parte de los vecinos que participaron en su erradicación—o permanecieron impasibles mientras sucedía—tras siglos de vida compartida.
El Farhud, el pogrom de 1941 en Bagdad, por ejemplo, inició el fin de una comunidad de 2,600 años de antigüedad. Una década después sus judíos fueron despojados de casi todo lo que poseían—a algunos “no se les permitió siquiera llevarse las fotos familiares," dijo la periodista e investigadora cultural Eness Elias, quien ha escuchado a los sobrevivientes describir a los funcionarios haciéndolas pedazos.
El resultado, dice ella, es una desconfianza profunda heredada: los mizrajim no odian a los árabes, e inclusi sienten afinidad cultura con ellos, pero no confiarán en que una mayoría musulmana garantice su seguridad. "Ese es el motivo por el cual piensan que debe haber un estado judío, con un ejército," dice Elias.
Para ellos—y para otros judíos israelíes—la masacre del 7 de octubre reforzó una cautela propia del Medio Oriente, podría decirse: ellos no confiarán su seguridad a otros.
Este es el país que Eisenkot está pidiendo liderar. Su carácter meso-oriental no está más en cuestión. Lo que está para el debate es su legado europeo: el sistema judicial, la prensa liberal, la clase de oficiales que construyeron sus fundadores, y los viejos lazos con el Occidente.
Es el hijo de inmigrantes marroquíes, no el ashkenazi Netanyahu, quien destaca mantener ambos. Habla de seguridad, pero insiste en una Israel que es “judía, democrática y liberal.” Eisenkot parece estar describiendo una Israel que es meso-oriental en su realismo y occidental en sus instituciones, evitando lo peor de ambas y manteniendo lo mejor. Si suficientes votantes creen que ese equilibro se puede sostener eso dará forma a Israel mucho tiempo después de esta elección.
Una victoria de Eisenkot también complicaría una historia a menudo contada sobre Israel, que es un enclave colonial europeo en el Medio Oriente. Sería difícil que un primer ministro con la biografía de Eisenkot encaje en ese cuadro. Una victoria de Netanyahu, llevada a cabo por los votantes mizrajim no encajaría mejor—un punto pasado por alto en la mayoría de los críticos de Israel.
Sea quien sea que gane el 27 de octubre, gobernará un país que mira menos a Europa que a sus propios instintos meso-orientales respecto a seguridad, solidaridad, y tradición—aun cuando negocia cómo seguir siendo parte del Occidente. Los estadounidenses que ven sólo a Netanyahu y Gaza están debatiendo una Israel que existe más que nada en su imaginación. La real ya es más mizraji de lo que ellos se dan cuenta.
Mijal Bitton es decana del Maimonides Jewish Leadership Institute y una socióloga que dirigió el histórico Estudio Nacional de Judíos Sefaradim y Mizrajim en Estados Unidos en la Universidad de New York. Ella ejerce como líder espiritual en el Downtown Minyan, escribe el boletín Substack semanal, Committed, es copresentadora del podcast Wondering Jews, y es contribuyente del podcast Call Me Back.
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