domingo, 24 de mayo de 2026

 

Un descubrimiento israelí podría ayudar a prevenir el daño progresivo tras una lesión medular

Minutos después de una lesión en la médula espinal —el tipo de daño que puede dejar a alguien en silla de ruedas de por vida—, el verdadero deterioro ya está en marcha: no lo causa solo el impacto inicial, sino una cascada química que destruye neuronas sanas durante horas y para la cual, hasta ahora, no existía ningún tratamiento aprobado.

Un nuevo estudio de la Universidad de Tel Aviv podría cambiar ese panorama.

Cada año, miles de personas sufren accidentes —caídas, choques, golpes deportivos— que dañan la columna vertebral y los dejan con parálisis parcial o total, muchas veces para toda la vida.

Y es exactamente ese tipo de daño el que los investigadores israelíes vienen trabajando para enfrentar.

El problema central es una sustancia llamada glutamato, un neurotransmisor que el cerebro y la médula espinal usan normalmente para comunicarse, pero que tras un traumatismo se acumula en exceso y se vuelve tóxico.

Es como si una señal de alarma que debería durar segundos quedara encendida durante horas, dañando todo a su alrededor: neuronas, axones, sinapsis. El resultado es inflamación, cicatrización y una pérdida progresiva de funciones que se suma al daño original.

Lo que descubrieron los investigadores de la Universidad de Tel Aviv es una forma de interrumpir ese proceso desde afuera: en lugar de intervenir directamente en el sistema nervioso, el tratamiento extrae el exceso de glutamato a través del torrente sanguíneo, reduciendo su concentración antes de que complete su obra destructiva.

Y se administra de la manera más simple posible: una inyección intravenosa, del tipo que cualquier equipo de emergencias puede aplicar en el lugar del accidente.

«Nuestros principales hallazgos demuestran que es posible intervenir en el proceso dañino que ocurre inmediatamente después de la lesión, y no solo intentar lidiar con sus consecuencias después del hecho», señaló la doctora Angela Ruban, quien lideró el estudio.

En experimentos con modelos animales, el tratamiento redujo drásticamente los niveles de glutamato tras la lesión, limitando la inflamación y la muerte de neuronas, y preservando la estructura del tejido nervioso.

Los animales tratados en el laboratorio mostraron mejoras notables en su capacidad de movimiento ya a los dos días, y alcanzaron hasta el 80 por ciento de su función motora normal a los dos meses, comparado con apenas el 30 por ciento en el grupo que no recibió tratamiento.

Uno de los hallazgos más relevantes para la aplicación práctica del tratamiento es lo que los investigadores llaman «ventana terapéutica»: el tratamiento demostró ser efectivo hasta ocho horas después de producida la lesión, un margen que en el mundo de las emergencias neurológicas es considerado amplio y realista.

Eso significa que no depende de una intervención quirúrgica inmediata ni de un centro especializado: una inyección intravenosa aplicada por los primeros socorristas en el lugar del accidente podría ser suficiente para detener la cascada de daño ante

s de que se vuelva irreversible.

Los investigadores señalan que el mismo enfoque podría aplicarse a otros tipos de daño neurológico, como accidentes cerebrovasculares o traumatismos de cráneo, incluidas las lesiones por onda expansiva.

«Si podemos obtener resultados similares en humanos —afirmó Ruban—, este estudio puede potencialmente revolucionar el enfoque terapéutico para las lesiones medulares y otras condiciones neurológicas».

«Junto con otras tecnologías médicas y de rehabilitación avanzadas, nuestra innovación puede ayudar a crear un futuro en el que una lesión medular ya no condene a una persona a vivir en silla de ruedas», completó la investigadora.

En la imagen, El equipo de investigadores, de izquierda a derecha: Josef Levin, Ruban, Yona Goldshmit y Alexander Yakovchuk (Foto: Universidad de Tel Aviv)

Israel Economico

 

PREPAREN SUS PAÑUELOS
Conozcan a Shelley.
Ella publicó esta foto y estas palabras:

“Ayer fue nuestro aniversario.
Y realmente quería celebrarlo.
Específicamente ahora.
Específicamente en nuestra dolorosa situación.
Especialmente cuando nuestra vida se ve diferente de lo que podríamos haber imaginado.
Así que me puse un vestido de novia.
Hice un ramo con flores que compré en el supermercado.
Cogí un velo prestado de una amiga.
Nuestro hijo, Guy, tocó la guitarra.
Nuestra hija Shai tomó fotos.
Y yo entré en la habitación.
Hacia ti.
Como una novia.


Pero esta vez no había dosel de boda.
Era una habitación de hospital.
No había invitados.
Había niños con lágrimas en los ojos.
No había pista de baile.
Había una cama de recuperación.
Pero había amor allí.
Tanto amor que ni siquiera se puede medir.
Lloramos.
Nos abrazamos.
Nos besamos.
Y principalmente nos miramos a los ojos.
Con ojos asustados.
Con ojos cansados.
Con ojos adoloridos.
Con ojos que todavía no entienden realmente lo que nos ha pasado.


Pero también con ojos que saben una cosa con certeza:
Estamos eligiendo de nuevo.
Eligiendo amar de nuevo.
Eligiendo confiar incluso cuando no tenemos idea de cómo será el camino por delante.
Mi Elad.
El amor de mi vida.
Tienes que luchar.
Tienes que creer que los médicos son mensajeros, pero no son Dios.
No debes perder la esperanza.
Debes abrir una mentalidad de milagros.
Debes enseñar a tu cuerpo a recordar la vida.
Debes creer que eres capaz de hacer lo imposible.
Nuestra fuerza está en nuestro amor.
Nuestra conexión.
Nuestra creencia.
Con todo el amor del mundo.”

Que Dios bendiga a Elad con una recuperación completa.
Y que Dios bendiga a Shelley con fuerza continua para estar ahí para Elad y sus hijos en el camino.

Dov Lipman