Se podría decir que Alberto Fernández pateó el tablero al decidir que su primer viaje internacional como presidente argentino sea nada menos que Israel, pero desde la lógica de las relaciones internacionales el mandatario hizo una lectura al menos adecuada al optar por mostrarse en un encuentro que reunirá a más de cuarenta líderes mundiales y todos con un mensaje en común orientado a decirle basta al antisemitismo y la discriminación.

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