En el Festival de música Nova habían dos grandes contenedores de basura. De esos que se llevan en camiones.
Tuvieron suficiente tiempo para escribir a sus padres, hermanos, amigos. Para hacer fotos de otros, para selfies. Mas de una veintena de jovenes estaban alli sin saber si estaban a salvo o condenados a morir.
Y a medida que avanzaban los minutos se hacía más difícil buscar otros lugares más lejanos. Los disparos y gritos desgarradores de los que iban cayendo afuera se oían cada vez más cercanos.
Tal el caso de unas mellizas que nacieron juntas y quizás juntas sería este su último día.
Casi al final, un terrorista comenzó a disparar al conteiner desde afuera sin lograr perforarlo, pero algún grito, alguna señal, algún maldito segundo hizo que se trepara y disparara al azar contral las bolsas que ocultaban a los chicos. Algunos cubiertos de bolsas cubrian a su vez a alguien querido o desconocido, era intuitivo, solidario, heroico.
Uno de los dos contenedores quedó en el Memorial de Nova. Con las fotos y los WhatsApp del trágico 7 de octubre.
La tarima de madera que cubre y protege el piso original del contenedor, deja ver parte de la basura de ese mismo día.
Me vas a preguntar por las mellizas?
Una murió. La otra vive, pero quizás esté muerta en vida. Le falta su otra mitad!!
Pido unas palabras de amor y consuelo para ellos, ya que vivieron una primera agonía desesperante mientras le decían a sus madres que iban a morir.





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