Yaroslava Levytska es la persona más joven reconocida como Justa Entre las Naciones por salvar vidas judías durante el Holocausto. Cuando los nazis ocuparon Zolochiv en julio de 1941, Yaroslava era una niña ucraniana de apenas seis años.
Ubicada a unas 37 millas al este de Lviv, Zolochiv fue una vez una próspera ciudad ucraniana.
Antes de que los soviéticos se retiraran en 1941, la policía secreta de Stalin asesinó a varios cientos de nacionalistas ucranianos, junto con algunos civiles judíos y polacos, y enterró los cuerpos en fosas comunes.
Cuando los nazis ocuparon Zolochiv en julio de 1941, Yaroslava Levytska era una niña ucraniana de seis años.
Mi familia era muy pobre. Mi abuelo Oleksandr Levytsky trabajaba como carpintero construyendo iglesias alrededor de Zolochiv. Era un devoto católico griego".
Tan pronto como los nazis introdujeron leyes antijudías, Oleksandr Levytsky comenzó a suministrar alimentos y medicinas a sus amigos judíos en peligro de muerte en el gueto.
No habría podido hacerlo sin la ayuda de su joven y valiente nieta, Yaroslava, que actuó como su mensajera sin despertar las sospechas de los guardias ucranianos.
Durante tres difíciles años, esta valiente niña ayudó a su abuelo y a su madre a llevar comida a los judíos dentro del gueto.
Con una mochila con comida escondida debajo de los cuadernos escolares, Yaroslava se deslizaba a través de un hueco en una cerca de alambre de púas.
Más tarde, al cerrarse la brecha, entraba audazmente por la propia puerta cuando los guardias no estaban prestando atención.
"Por supuesto que daba miedo, pero los alemanes nunca golpeaban a los niños no judíos", recuerda Yaroslava en una entrevista con el periodista e historiador israelí Shimon Briman.
"Sin embargo, en una oportunidad a mi madre la golpeó un alemán, y no la dejó llevar comida a una casa judía con una estrella judía roja pintada en ella.
Habiamos tenido vecinos judios en la misma calle. Mi padre había ido a la escuela con ellos. Todos los niños se amaban y crecimos juntos. Decidimos ayudarlos porque todos éramos vecinos y nunca pensamos en que fueran judíos; su nacionalidad no nos importaba.
Mamá nos vestia de manera idéntica. Mi hermana y yo teníamos abrigos. Cuando a nuestra amiga Basia ya no le quedaba ropa, le dimos un abrigo. Cuando la desgracia sucedió, ayudamos con todo lo que teníamos, en nuestras almas, en nuestros corazones; eran personas, nuestros vecinos".
Los nazis culparon a los judíos por los asesinatos cometidos por la policía secreta de Stalin.
Las turbas ucranianas, apoyadas por las autoridades alemanas, hicieron un alboroto y mataron a unos 3000 judíos durante ese pogromo.
"Durante el pogromo de julio de 1941, mamá no nos dejó salir", recuerda Yaroslava.
"Nos dijeron que habría una represión contra los judíos. Tomamos esto como que también nos sucedería a nosotros. Que ellos serían los primeros, y nosotros seríamos los siguientes.
Cuando vimos que se llevaban a Basia para ejecutarla, gritamos y lloramos. "¡Nos han quitado a nuestra Basia!"
Estábamos tan tristes que mamá no podía soportarlo y cubrió la ventana con una colcha para que no viéramos la horrible vista".
Yaroslava cree que fue su fe la que permitió a su familia esconder judíos en su hogar, contrabandear alimentos al gueto y ayudar a los refugiados judíos.
"Otro terrible incidente tuvo lugar ante mis propios ojos. Estaba caminando a casa con dos chicas vecinas. Vimos un camión subiendo una colina y una mujer judía saltó y comenzó a correr hacia nosotros.
Entonces un policía ucraniano dentro del camión saltó y también corrió hacia nosotros. Pero la pobre mujer no tenía adonde huir. El edificio más cercano estaba cerrado y en la otra dirección había alambre de púas. El policía corrió detrás de ella, preguntándonos por qué estábamos caminando allí.
"¡Debido a la maldita judía podría haberle disparado a un niño!", gritó.
Pero sí le disparó a la mujer. Nos acercamos a ella y vimos sangre saliendo de su cabeza.
Era una mujer hermosa, con una chaqueta marrón claro. Cuando llegamos a casa, nuestra vecina se retorció las manos y dijo: '¡Esa era la esposa de nuestro amigo, el médico de Sasiv!'
"Otra vez vi a dos niños siendo baleados. Estaban acostados uno al lado del otro, y su padre junto a ellos. Tal vez los policías les habían disparado".
Un niño judío llamado Abram Shapiro terminó en el campamento cerca de Zolochiv.
Logro salir y fue a la casa de nuestro vecino. Ella le dijo: 'Te lo ruego. Tengo un hijo. Si me atrapan por tu culpa, te matarán a ti, a mí y a mi hijo", así que cruzó la calle y fue a nuestra casa.
Mamá vino y nos dijo: 'Un chico con el pelo rojo vino a las cuatro de la mañana. Si me atrapan con él, sepan que si no vuelvo, nos han disparado tanto a mí como a él".
"Éramos conscientes del peligro, pero no había duda. Mamá sabia como entrar al gueto sin ser notada y le llevó comida a Abram allí, diciéndole que dijera que venía de los Levytskas.
Mi abuela le hizo panqueques de papa durante el día que comio frías por la noche. Llevaba comida al gueto como un mensajero. Viajabamos en tren a conseguir mantequilla y otros alimentos para nuestros amigos. No teníamos dinero, pero los judíos nos daban ropa que intercambiabamos por comida y los ayudabamos.
Al búnker donde se escondía un grupo de judíos solo se podía acceder a través del sistema de alcantarillado, pero mi abuelo fue allí.
Encontró llorando a un niño llamado Yurko Shenker porque no quería quedarse en el búnker. Alimentamos a Yurko, quien se quedó con nosotros durante unos días, disfrazado de niña con vestido y pañuelo.
Yurko, mi hermana y yo estábamos caminando, cuando de repente un vecino vino a traernos leche. Entonces mi padre empujó a Yurko con todas sus fuerzas para que se escondiera debajo de la cama. Estábamos muy asustados. Durante la noche, un policía ucraniano y mi abuelo llevaron a Yurko a caballo a Pidhirtsi, y así fue como lo salvaron. Todavía tengo una fotografía de Yurko.
En el invierno, un grupo de judíos fue traído del gueto para limpiar la nieve de la carretera al lado de nuestra casa.
Varios de nuestros vecinos los estaban observando. Mi padre le dijo a mi madre: Prepara el almuerzo, y yo iré donde el alemán y le pediré que los traiga a todos para el almuerzo para que no los lleven de vuelta a la ciudad.
El alemán respondió: "Te los entrego, pero si incluso uno se escapa,ninguno de ustedes permanecerá vivo".
Mi madre hirvio un cubo entero de papas, y mi padre trajo pan de la fábrica de pan. Comieron, luego trabajaron hasta la noche, y despues fueron llevados de vuelta al gueto.
Cuando el Ejército Rojo llegó en 1944, los judíos abandonaron el búnker, y posteriormente muchos se fueron a Estados Unidos.
Al terminar la guerra, los vecinos se rieron de nosotros, diciendo que habíamos rescatado judíos, pero que aún seguíamos siendo pobres, y que solo contabamos con nuestra antigua casa.
Pensaban de esa manera porque otros habían robado a los judíos sus objetos de valor.
En Pidhirtsi, la gente vino y mató a todos los judíos por su oro. Una niña escondida debajo de una cama fue la única sobreviviente.
Más tarde, algunos judíos vinieron y golpearon a los ucranianos por traicionar a los judíos que prometieron esconder por dinero. El almacén de granos en Zolochiv fue construido con los ladrillos rojos de una sinagoga en ruinas. Cuando el cementerio judío fue destruido, los nombres judíos fueron borrados de algunas lápidas que se colocaron al lado de la iglesia con nuevos nombres.
Los rusos enviaron a mi abuelo y a mi abuela a Siberia, pero luego los liberaron. Después de la guerra, los moscovitas golpearon a mi padre y le gritaron: "¡Tú, banderita!". (Nacionalista ucraniano)".
Según Yad Vashem, en el momento de la liberación en el verano de 1944, solo 90 judíos, el uno por ciento de la población de antes de la guerra de nueve mil judíos en Zolochiv, habían sobrevivido escondiéndose en búnkeres, sistemas de alcantarillado y pozos en el bosque.
Un tercio de esos sobrevivientes fueron salvados por tres generaciones de la familia Levytsky: el abuelo Oleksandr, su hija Kateryna y su joven nieta, Yaroslava.
Abram Shapiro se salvó y después de la guerra se unió a su hermano que vivía en Haifa.
"En 1989, Abram me invitó a venir a Israel para recibir el título de "Justo de las Naciones" y una medalla de Yad Vashem", recuerda Yaroslava.
"Me llevó por todo el país en su auto. Agradeció mucho a nuestra familia. Abram y yo nos comunicamos en ucraniano. Él entendía y sabía todo. Mientras estaba en Israel, la gente me preguntó sobre la situación económica en Ucrania, y les dije que era muy difícil, especialmente porque mis padres acababan de morir".
Yaroslava comenzó a averiguar sobre los programas estatales que ayudan a los "héroes justos" a trasladarse a Israel.
En 1995, en agradecimiento por su valentía durante el Holocausto, Israel le otorgó a Yaroslava la ciudadanía israelí completa, una pensión y un apartamento en Haifa.
Había vivido durante muchos años bajo un régimen comunista que suprimió la religión.
"Ahora vivo en Haifa, una ciudad de tres religiones, el judaísmo, el islam y el cristianismo, y voy a una iglesia con un sacerdote que reza en ucraniano, y nadie nos molesta", señala.
Ella recibe visitas y asistencia médica de una organización benéfica israelí llamada Atzum, que tiene un proyecto dedicado a ayudar a los justos.
Me siento extremadamente afortunada por el hecho de que vivo en Israel", dice Yaroslava. "No tengo palabras para expresarlo".
Eso fue hace dos años, antes de que la última guerra comenzara a hacer estragos en Ucrania, destrozando las vidas de millones de personas en todo el país y los combates aún continúan.
Hace un mes, el 17 de junio de 2022, los rusos bombardearon Zolochiv con municiones de racimo, hiriendo a una mujer de ochenta y dos años que podría haber sido amiga de la infancia de Yaroslava.
En el "Jardín de los Justos" de Haifa hay 18 piedras conmemorativas con los nombres de aquellos que arriesgaron sus vidas para salvar a los judíos durante el Holocausto.
Yaroslava Levytska es la única persona honrada con este marcador conmemorativo durante su vida.
Entre las fotos se puede ver el Memorial en el Cementerio Judio destruido en Zolochiv.
Traducido por Lilian Rotter para Amando Nuestra Cultura Judia.
F: Aish Latino




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