viernes, 4 de agosto de 2023

 

Un bello cuento para Shabat...o cualquier otra ocasion.

Un joven judío se sentía muy angustiado porque pensaba que HaShem no existía.
Él no quería “creer” – él quería ¡PRUEBAS!
Una noche, Le dijo a HaShem:
“¿Hashem, estás acá?”
En ese mismo momento unos pajaritos empezaron a trinar, pero el joven no se dio cuenta.
El muchacho se puso nervioso y empezó a gritar:
“¡HaShem! ¡¡Estoy aquí!! ¡Háblame! ¡Préstame atención!”.
En ese preciso instante se desató una tormenta con truenos y relámpagos. Pero el joven no se dio cuenta.
“Dios, te lo pido por favor!! Deja que te vea!!” continuó insistiendo el joven.

Las nubes se disiparon, la tormenta cesó, y en el cielo empezó a brillar una estrella.
Pero el joven no se dio cuenta.
Finalmente, se dio por vencido: “Dios, tócame, para que sepa que estás acá junto a mí, que existes”.
Y una vez más, no se dio cuenta… de la bellísima mariposa que le había aterrizado en el hombro.
…
Al día siguiente, el muchacho fue a ver al rabino y le contó lo sucedido.
“¿Ve? Dios no existe!!”, le dijo.
El rabino lo miró a los ojos y sonrió.
“Dios siempre está alrededor de nosotros, y muchas veces en aquellas cosas que damos por obvias.
Las bendiciones que Él nos prodiga no vienen envueltas en ropa de lujo sino en ropa común y corriente. Pero si no estamos alertas, si no nos damos cuenta, y no sabemos dar las gracias por lo que tenemos... si no nos percatamos de los milagros que suceden a nuestro alrededor a cada instante, jamás llegaremos a conocerlo”.
Imagen: freepik
F: Jardin de Breslev.
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