Es activar una memoria espiritual, despertar una luz antigua que sigue viva en el alma.
Antes de encender, se coloca la janukiá en un lugar visible del hogar.
Cada noche se agrega una vela más, recordando que la luz no se conserva: se expande.
Baruj Atá Adonái Eloheinu Mélej haolám,
asher kidshánu bemitzvotáv,
vetzivánu lehadlík ner Jánuca.
Bendito eres Tú, Hashem, Rey del universo,
que nos santificaste con Tus mandamientos
y nos ordenaste encender la luz de Jánuca.
Baruj Atá Adonái Eloheinu Mélej haolám,
sheasá nisim laavoteinu,
bayamím hahem bazmán hazé.
Bendito eres Tú, Hashem,
que hiciste milagros a nuestros antepasados
en aquellos días, en esta misma época.
(solo la primera noche)
Baruj Atá Adonái Eloheinu Mélej haolám,
shehejeiánu vekiyemánu,
vehiguiánu lazmán hazé.
Bendito eres Tú, Hashem,
que nos diste vida, nos sostuviste
y nos permitiste llegar a este momento.
Luego se encienden las velas, comenzando por la vela nueva de cada noche.
Antes o después de encender, puedes decir en tu corazón:
“Que esta luz despierte la chispa divina que hay en mí.
Que se disuelvan las oscuridades visibles e invisibles.
Que la luz de Jánuca sane mi hogar, mis pensamientos y mi camino.
Así como una pequeña llama venció a una gran oscuridad,
que también en mi vida la luz del alma prevalezca.”
y que la luz de Jánuca no juzga: ilumina.
Sahokry Jaya Kabbalah Mistica 

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