El tanto llegó apenas 20 minutos después de que Hughes perdiera varios dientes en pleno partido. Aun así, regresó al hielo y decidió la final con un disparo entre las piernas del portero canadiense. “Estoy muy orgulloso de ser estadounidense”, declaró tras el encuentro, unas palabras que reforzaron aún más el cariño del público hacia él.
El triunfo no solo rompe una sequía de 46 años, sino que también ha sido celebrado como un momento de orgullo para la comunidad judía estadounidense. Hughes, que celebró su Bar Mitzvá y creció en una familia profundamente vinculada al hockey, se convierte en protagonista de uno de los momentos más emblemáticos del deporte olímpico moderno en Estados Unidos. Además, su hermano Quinn Hughes también formó parte del equipo campeón, haciendo de esta victoria un logro aún más especial para la familia. ¡Mazal Tov! 

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