El Papa León XIV va a la guerra
El pontífice sugiere erradamente que el pacifismo es la única posición moral aceptable.
Por William McGurn
Abril 6, 2026
En la celebración del Domingo de Pascua en la Plaza San Pedro del Vaticano, el Papa León XIV dio un mensaje contundente sobre la guerra en Irán: “¡Que los que tienen el poder de descargar guerras elijan la paz!” dijo él. “¡No una paz impuesta por medio de la fuerza, sino a través del diálogo! ¡No con el deseo de dominar a otros, sino para encontrarlos! Nos estamos acostumbrando cada vez más a la violencia, resignándonos a ella y volviéndonos indiferentes. Indiferente a las muertes de miles de personas.”
El Papa León no dio nombres. No tuvo que hacerlo. Este fue un tiro para Donald Trump. En abstracto, las palabras del Papa se podrían aplicar a cualquier número de dirigentes, incluido el ayatola Mojtaba Khamenei, el líder supremo de Irán. Pero la prensa está tomando esto como un tiro contra el Presidente Trump—y esa era su intención.
Cada vez que Estados Unidos va a la guerra, es un acontecimiento solemne. Para el enemigo, la guerra significa destrucción, las muertes de soldados y, posiblemente, la muerte no intencional y trágica de inocentes. Así también para EE.UU. La cuenta de esta guerra es mucho más chica comparada con otras guerras, pero el conflicto ya se ha reclamado las vidas de más de una docena de estadounidenses.
Menos obvio a partir de los titulares, la guerra causa reflexión profunda entre nuestras tropas. El estadounidense en uniforme debe preguntares: ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy librando la guerra de forma honorable? Cuando llegue mi prueba, ¿haré lo correcto hacia mis compañeros soldados y las leyes de la guerra?
La Iglesia Católica ha hablado sobre todas estas cuestiones al menos desde San Agustín. Se llama la tradición de la guerra justa, y aunque no proporciona respuestas nítidas por sí o por no, apunta a las preguntas correctas.
Lamentablemente, la impresión pública creada durante las últimas décadas es que el pacifismo es la única respuesta cristiana verdadera al conflicto militar. Y el Papa León no es el único líder en alentar esta visión. Hace algunos años, en comentarios que tocaron la guerra en Ucrania, el Papa Francisco declaró, "No hay tal cosa como una guerra justa." Aunque no llegó tan lejos, a principios del 2003, el Papa San Juan Pablo II dejó en claro que él pensaba que la guerra estadounidense en Irak era errada.
La confusión de la enseñanza católica respecto a la guerra ha estado gestándose durante mucho tiempo. Pocos clérigos promoverán explícitamente el pacifismo como la única opción cristiana apropiada. Pero ese es el efecto. Y la mejor respuesta a tal pacifismo es la claridad.
“La cristiandad no es una religión pacifista,” dice el Rev. Gerald Murray, un sacerdote católico y comentarista en EWTN. “Los clérigos tienen que afirmar que el uso legítimo de la fuerza es virtuoso. Proteger a los inocentes no es simplemente el ideal que esperamos obtener, es un deber claro."
“Si la negociación es la única forma de resolver conflictos, el Papa León debería enviar a casa a la Guardia Suiza y entrenar negociadores para que se reúnan con cualquiera que se asome en Ciudad Vaticano con un arma o una bomba. En este preciso momento, todos son tratados como sospechosos, teniendo que pasar a través de detectores de metales para ingresar a San Pedro."
Además, el pacifismo es siempre una opción individual, no una respuesta comunitaria. Por decirlo de otra forma, tengo el derecho de poner la otra mejilla. No tengo el derecho de poner la otra mejilla de mi vecino.
Depende de los actores, en este caso el Presidente Trump y el liderazgo en Irán, juzgar la necesidad de acción y el contenido moral de sus propias decisiones. Los militantes pueden no tener la última palabra, pero sí tienen la primera. Ellos tienen más conocimiento de las condiciones reales. Y tienen la responsabilidad por lo que suceda.
Sobre la guerra en Irán, el Papa León ha hecho declaraciones que reciben aplausos, pero no son ciertas. Cuando él afirma que la negociación es la única forma de resolver el conflicto, olvida que más a menudo que no, es necesaria la acción militar para traer a los combatientes a la mesa de negociación.
El mes pasado, en un discurso ante el Ordinariato Militar Italiano, el Papa León dijo que deberíamos respetar lo que la gente militar hace como una "vocación." "La identidad del soldado," dijo él, "está forjada por la generosidad, un espíritu de servicio, aspiraciones elevadas, y sentimientos profundos."
Bellas palabras. Desafortunadamente, la iglesia muy a menudo parece retirar tal respeto tan pronto como el soldado tiene que luchar. La guerra es siempre un fracaso—un fracaso de la diplomacia, un fracaso en reconciliarse—e invariablemente carga costos humanos abominables. Pero cuando los hombres de la iglesia no logran tomar en serio siquiera la posibilidad de una guerra justa, ellos se vuelven funcionalmente pacifistas.
Eso es tanto una abdicación terrible de la responsabilidad como una aplicación falsa de principios que sirve sólo a los intereses de los malvados.
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