viernes, 12 de junio de 2026

 

Infancia Robada: La Historia del Holocausto de Helena Swerdlik
Helena Swerdlik, originalmente Kitenkorn, nació el 20 de octubre de 1935 en Lublin, Polonia, en un hogar judío modesto lleno de fe, bondad y los ritmos de la vida familiar sencilla.
Su padre, Reuven, era zapatero, trabajaba con sus manos y tocaba muchas vidas con su generosidad y buen corazón. Fabricaba zapatos desde cero, a menudo regalándolos a quienes no podían pagar.
Su madre, Kyla, cargaba pesadas latas de leche de puerta en puerta y vendía frutas en el mercado solo para llegar a fin de mes.
La familia de cuatro compartía un espacio reducido y Helena recuerda cómo su padre hacía figuras de papel con periódicos para que ella tuviera con qué jugar.
Para el Shabat, su madre preparaba comida con lo que sobraba de toda la semana, a menudo sin carne. Helena recuerda cómo su familia iba a la sinagoga vestida con la mejor ropa que tenían.
A pesar de la pobreza, la vida judía estaba entretejida en el ritmo de sus días. Ese mundo comenzó a derrumbarse en 1939.
Cuando los alemanes entraron en Polonia, todo cambió.
A los judíos ya no se les permitía trabajar libremente. Se cerraron las tiendas. El movimiento se volvió restringido.
La gente necesitaba permisos solo para cruzar la calle.
La hermana mayor de Helena, Doba Rivka, se vio obligada a dejar la escuela. Se ordenó a los judíos que usaran estrellas identificativas.
Helena recuerda haber usado una, aunque su madre a menudo se la quitaba, dispuesta a desafiar las órdenes para preservar la dignidad de sus hijos.
Helena estuvo cerca de la muerte cuando contrajo tifus en Lublin en 1941. Su madre no quería que la enviaran al hospital.
Temía lo que podría suceder allí, pero los vecinos informaron sobre la enfermedad de Helena y las autoridades la obligaron a ser ingresada.
Helena recuerda:
“El hospital estaba abarrotado y lleno de sufrimiento. Dos pacientes compartían una sola cama. La enfermedad se propagaba por todas partes. Mi madre percibió el peligro y suplicó por la liberación de su hija y de alguna manera logró traerme a casa.
Al día siguiente, los pacientes que quedaron fueron asesinad0s".
La decisión de su madre salvó la vida de Helena.
A finales de 1941, el peligro para los judíos aumentó aún más.
Eran detenidos, calle por calle, y llevados lejos. Las familias desaparecían de la noche a la mañana.
Los padres de Helena entendieron que quedarse significaba la muerte.
Su padre se escondió, esperando llegar a los partisanos y eventualmente conseguir comida para la familia.
Años después, cuando terminó la guerra, la familia se enteró de lo que había sucedido.
Rubin nunca llegó a estar a salvo.
Un niño local lo reconoció en la calle e informó a la Gestapo que el hombre que había visto era judío.
Reuven fue asesinad0 inmediatamente después y el niño que delató recibió cinco libras de azúcar como recompensa.
Helena nunca pudo aceptar el hecho de que la vida de su padre se había cambiado por unas pocas libras de azúcar.

Helena, su hermana y su madre deambulaban de un lugar a otro buscando comida. No había certezas sobre el día siguiente, ninguna garantía de refugio y ningún lugar que se sintiera seguro.
En un momento, Helena fue escondida con una familia polaca.
Mantuvieron a Helena bajo el riesgo de sus propias vidas.
Helena recuerda que tenían poca comida y compartían lo que podían.
Incluso a sus propios hijos no se les dijo la verdadera identidad de Helena porque una sola palabra podría significar la muerte para todos en la casa.
Su hermana Dobah Rivka estaba escondida en otro lugar y eventualmente fue obligada a realizar trabajos forzados. Trabajaba largas horas ordeñando vacas y era obligada a realizar labores agrícolas físicamente agotadoras.
Cuando su madre finalmente encontró a su hija, las manos de Doba Rivka estaban llagadas y sangrando.
Un dia tocaron a la puerta. El hombre que respondió,podría haberla denunciado de inmediato, pero milagrosamente, se mantuvo en silencio y simplemente le dijo que era la casa equivocada.
Documentos falsos, peligro real
Al darse cuenta de que esconderse no podía durar mucho más, la madre de Helena ideó un plan desesperado.
Con la ayuda de una mujer polaca llamada Pani Flatova, una persona justa y amable, obtuvo documentos de identidad falsos con el nombre de 'Sophia Vatris'.
La madre de las niñas se convirtió en Sophia y Doba Rivka fue 'renombrada' como Maria, ya que su nombre era identificablemente judío.
A Helena se le dijo que podía seguir usando su nombre.
Pani Flatova conocía a la familia desde antes de la guerra y sabía cuánto bien hacía Reuven por los demás a través de su trabajo como zapatero. La bondad que había mostrado a otros ahora se devolvía a su esposa e hijas en su hora más oscura.
Usando estos documentos, la madre de Helena se registró como Sophia Vatris y sus hijas, Maria y Helena, como trabajadoras polacas voluntarias para ir a Alemania.
Fue una decisión peligrosa, pero una que ofrecía una oportunidad de vida. Helena recuerda cómo fueron transportados en un tren de carga con casi nada de comida ni agua.
“Cuando el tren se detenía, la gente corría afuera por necesidades básicas. Tenía tanta sed que bebía de charcos en el suelo.”
En un momento durante su transporte a Alemania, el tren se detuvo en Bergen-Belsen. Helena nunca olvidará cómo esperaron varios días para el transporte posterior allí.
“No hay palabras que puedan describir el horror de lo que vi cuando era una niña. La gente moría de hambre.”
Nos dieron sopa aguada llena de cáscaras de papa, tierra y arena. Dormíamos en literas de madera, con varias personas apretadas en cada espacio, rodeados de llanto, enfermedad y desesperación.

Después de varios días, abordaron otro transporte y continuaron más adentro de Alemania, llegando finalmente a una zona cerca de Göttingen y Hannover.
Allí, la madre y la hermana de Helena fueron asignadas a trabajos agrícolas. Trabajaban con vacas, limpiaban establos, removían estiércol y recogían huevos. Helena era demasiado joven para trabajar.
Cada día requería que mantuvieran sus identidades falsas.
Helena recuerda el estrés de la vida cotidiana: “Una palabra equivocada podía delatarnos. Nuestros papeles falsos nos ponían en peligro a diario y, a pesar de tener ojos azules y cabello rubio, no había garantía de que pudiéramos pasar por polacos no judíos.”
Helena todavía se asombra del milagro que no los atraparan.
Ramas enteras de la familia fueron asesinadAs. Después de la guerra, la Cruz Roja ayudó a confirmar lo que la familia ya temía: la mayoría de sus familiares no sobrevivieron.

En mayo de 1945, cuando la guerra finalmente terminó, la familia fue llevada primero a un campo de personas desplazadas en Polonia y más tarde trasladada a un campo de personas desplazadas judías.
Como muchos supervivientes, tuvieron que empezar de nuevo casi sin nada. Cuatro años después, en 1949, Helena llegó a Estados Unidos.
Helena llevaba consigo los recuerdos de Lublin, el legado de su padre, la apreciación por el coraje de su madre y todo el sufrimiento que había presenciado para fortalecer su determinación de construir un futuro.
Helena conoció a Samuel en Filadelfia a través de un amigo en Strawberry Mansion.
Se casaron en 1952 y permanecieron juntos durante setenta y un años.
Samuel trabajó primero en una fábrica y luego como contable y tenedor de libros. Juntos tuvieron cuatro hijos, y vivieron para ver nietos y bisnietos.
Cuando le preguntaron el secreto de un matrimonio tan largo, Helena respondió con su característica sencillez:
“Tienes que llevarte bien. Tienes que dar y recibir. Fuimos pacientes el uno con el otro. Vi tanto dolor cuando era niña, así que quizás no me tomé cada desacuerdo demasiado en serio.”
Helena sobrevivió, floreció y se convirtió en la matriarca de generaciones.
El Holocausto no fue solo una historia de destrucción, sino una revelación de la extraordinaria resiliencia del espíritu humano. La vida de Helena es un testimonio de esta fortaleza y del coraje hacia el triunfo de la luz sobre la oscuridad.
Traducido por Lilian Rotter para Amando Nuestra Cultura Judia.
Sofya Tamarkin
Foto1: Helena Swerdlik
Foto 2 izq: Helena a los 7, 1942
Foto 3, en el centro: La madre de Helena, 1942
Foto 4: el matrimonio de Helen y Samuel, Nov 9, 1952
Aish Latino

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