Desde la masacre del 7 de octubre, más de 30.000 soldados y miembros de las fuerzas de seguridad israelíes han recibido algún tipo de tratamiento como consecuencia de lo vivido durante estos años.
Detrás de esta cifra hay personas que estuvieron en primera línea, enfrentaron el ataque y continúan lidiando con sus consecuencias.
Israel también ha tenido que cuidar a quienes estuvieron allí para defender a otros. Sus heridas no siempre son visibles, pero su sacrificio tampoco debe ser olvidado.
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