miércoles, 25 de marzo de 2026

 La red de vigilancia que Irán construyó durante años para controlar la disidencia terminó convirtiéndose en una herramienta en su contra. Israel habría utilizado cámaras de seguridad de Teherán, previamente comprometidas, para localizar y asesinar al líder supremo iraní, en un episodio que confirma el creciente papel de la cibervigilancia como arma de guerra.

El caso refleja una tendencia global: los sistemas de vigilancia, ampliamente extendidos y a menudo vulnerables, se han convertido en objetivos estratégicos. Hoy existen más de mil millones de cámaras en todo el mundo, muchas conectadas a internet y con escasas medidas de seguridad. Los avances en inteligencia artificial (IA) permiten analizar grandes volúmenes de imágenes en tiempo real, facilitando la identificación de personas y movimientos.
Según fuentes citadas por Associated Press, Israel utilizó cámaras pirateadas en Teherán para rastrear los movimientos del ayatolá Ali Jamenei. La operación, planificada durante meses, se aceleró cuando se confirmó su presencia en un complejo concreto. Los sistemas habrían permitido conocer rutas, rutinas e incluso detalles de su protección.
Estas vulnerabilidades no eran desconocidas. Las cámaras iraníes habían sido hackeadas repetidamente desde 2021, y altos cargos del régimen ya habían advertido del riesgo. Sin embargo, la magnitud del ataque pone en evidencia fallos estructurales.
Irán había desplegado decenas de miles de cámaras tras sucesivas protestas para reforzar el control social. Estos sistemas, utilizados incluso para vigilar el uso del hiyab mediante reconocimiento facial, generaron grandes volúmenes de datos que terminaron siendo explotados por actores externos. “La infraestructura que los estados construyen para protegerse puede hacerlos más vulnerables”, señala el investigador Conor Healy.
El problema es global. Expertos en ciberseguridad llevan años alertando sobre la facilidad con la que pueden hackearse estos dispositivos. En 2019, el ingeniero Paul Marrapese demostró que millones de cámaras eran accesibles sin protección. Un análisis reciente identificó cerca de tres millones de transmisiones abiertas.
Las fallas suelen deberse a configuraciones deficientes, contraseñas débiles o software desactualizado. Incluso sistemas aislados pueden verse comprometidos por filtraciones internas. “Los humanos son el eslabón más débil”, resume Marrapese.
Durante años, el uso militar de cámaras hackeadas fue limitado por la dificultad de analizar grandes volúmenes de vídeo. La IA ha cambiado ese escenario. “Antes hacía falta mucho trabajo humano; ahora se puede automatizar”, explica el experto Bruce Schneier.
En los últimos años han surgido precedentes. En 2023, Hamás utilizó cámaras hackeadas para monitorizar movimientos militares israelíes antes de su ataque del 7 de octubre. Rusia también ha sido acusada de intentar acceder a cámaras en Ucrania para apoyar ataques con misiles, una práctica que se intensificó en años recientes.
Irán ha sido además víctima recurrente de filtraciones. En 2021 se difundieron imágenes de abusos en la prisión de Evin, y en 2022 se publicaron datos de miles de cámaras de Teherán. Durante enfrentamientos recientes, Israel habría utilizado estos sistemas para localizar reuniones de alto nivel, llegando a herir al presidente Masoud Pezeshkian.
Las sanciones internacionales agravan la situación iraní, dificultando el acceso a tecnología actualizada y favoreciendo el uso de sistemas obsoletos o versiones piratas, más vulnerables a ataques.
Fuentes citadas por Associates Press sostienen que durante años muchas cámaras de tráfico de Teherán estuvieron comprometidas. Algunas permitían seguir rutinas diarias con gran precisión. Para los servicios de inteligencia, estas imágenes son decisivas: “Ver el rostro de una persona en pantalla ayuda a tomar la decisión de atacar”, explicó el exfuncionario israelí Amit Assa.
El fenómeno se extiende a toda la región. Según Check Point Research, los ciberataques contra cámaras se han intensificado en Oriente Medio desde el inicio de la guerra. Estas herramientas permiten identificar objetivos y evaluar daños tras ataques.
Ante esta amenaza, varios gobiernos han endurecido restricciones. En países del Golfo se ha prohibido difundir imágenes de ataques, en parte para evitar su uso militar. Israel también ha alertado sobre intentos de intrusión y ha instado a reforzar la seguridad.
Los expertos advierten que la proliferación de cámaras seguirá aumentando los riesgos. “Cuantas más cámaras, mayor cobertura… y mayor vulnerabilidad”.
Ali Vaez, del International Crisis Group, resume el desafío: aunque el ciberataque no es nuevo, su creciente sofisticación marca un punto de inflexión. Sin embargo, las soluciones siguen siendo limitadas. “Es un juego constante de golpear al topo”.
Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio

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