lunes, 8 de julio de 2024

 

Acaba de morir Itzjak Ifat, de los primeros paracaidistas en recuperar la ciudad de Jerusalén en la Guerra de los Seis Días, siendo el que está en el medio en esta foto emblemática.
Cuando se debatió sobre el momento en que Jerusalén pasó a ser enteramente del Estado de Israel, se dudó entre “liberación” y “unificación” de la ciudad
¿Se unificó? No sabemos. Sí se re-unió, pero no se homogeneizó, ni se pretende hacerlo, ya que no puede ser concebida como una ciudad dividida entre distintos barrios, etnias o religiones, sino compuesta por esa diversidad, construyéndose y desarrollándose a partir de ella.
El concepto que preponderó fue celebrar la “liberación”, porque la reunificación de Jerusalén lograda en la Guerra de los Seis Días, les permitió a todos los grupos de habitantes desarrollar sus singularidades y expresarse abiertamente con tales, libremente.
Lejos de plantear soluciones mágicas para un conflicto que si algún día llegará a su fin, la cuestión de la ciudad de Jerusalén será ineludible, nos remitimos a los hechos.
Por esta vez, vamos a dejar de lado ese privilegio que tiene el periodismo de ser el único género literario que se da el lujo de contar una historia sin principio y sin final. Y la ciudad de Jerusalén tiene un comienzo, que no es en 1967, fue antes, mucho antes.
¿Para quién es realmente importante Jerusalén?
Unos 1004 años antes de la era común, después de gobernar 7 años en Hebrón, el Rey David conquista la ciudad de Jebus, pasa a llamarla Jerusalén y la hace capital del Reino de Israel.
Los únicos que hicieron de Jerusalén como su capital fueron los Reinos de Israel (el Unificado desde David que la fundó, el de Judea, el Hasmoneo), el Primer Reino Cruzado y el actual Estado de Israel.
Las potencias ocupantes de lo que hoy en día es el Estado de Israel y la Autoridad Nacional Palestina no optaron por hacer de Jerusalén su capital, fue una ciudad más y en muchos casos, marginal.
Ni los babilónicos, ni los persas, ni los griegos, ni los seléucidas, ni los romanos, ni los árabes, ni los musulmanes, ni los mamelucos, ni los otomanos, ni los ingleses, ni los egipcios, ni los jordanos le dieron a Jerusalén un significado de ciudad capital.
Desde la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en el año 70, durante largos períodos, a los judíos les fue prohibido visitar sus sitios sagrados. En cambio, desde que el Estado de Israel ganó la Guerra de los Seis Días en 1967, obteniendo territorios (ocupados, liberados o administrados de acuerdo a la ideología de cada lector), aseguró que todas las personas, sean de la religión que fueran, puedan acceder libremente a sus sitios sagrados. No se segrega, se incluye.
Jerusalén, fue liberada y pudo ser patrimonio de la humanidad de facto solo bajo soberanía israelí.
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