viernes, 6 de marzo de 2026

Del New York Post

 

Cuidado con las ambiciones de Turquía en el vacío de poder post-Irán

por Jonathan Schanzer
New York Post
Marzo 5, 2026

El ejército estadounidense y las Fuerzas de Defensa de Israel continúan desatando su fuerza contra el régimen iraní — y la inteligencia precisa, potencia de fuego abrumadora y un poco de buena suerte podrían pronto marcar la caída de la República Islámica.

Muchos están preguntando por el día después, específicamente, acerca de quién gobernará Irán cuando el régimen finalmente ceda.

Es una buena pregunta, pero es demasiado pronto para saber: Los líderes de la oposición iraní saben que todavía no es seguro anunciarse.
El régimen está todavía en el control, y su brutalidad ahora ya es bien conocida.

Sólo pregunten a las familias de los estimados 40,000 manifestantes asesinados en las calles en las últimas semanas.
Una pregunta mejor es esta: ¿Qué potencias regionales pueden tratar de llenar el vacío después que caiga la dictadura de Irán?

Teherán durante años ha proyectado poder de forma indirecta a lo largo del Medio Oriente, patrocinando a grupos terroristas como Hamas en Gaza, Hezbola en Líbano, los hutíes en Yemen, las milicias chiíes en Irak, y otros actores malignos a lo largo de la región.

Si colapsa el régimen, otras aspirantes a potencias regionales buscarán llenar el vacío.

Y si bien muchos países pueden pensar que les corresponde heredar el liderazgo regional, hay un actor poderoso al que prestar atención: la República de Turquía.
El país tiene el segundo ejército más grande en la OTAN.
Tiene una industria de drones en crecimiento y un contratista militar vinculado al gobierno, SADAT, que está entrenando y armando milicias a lo largo del mundo musulmán.
De forma concurrente, Ankara ha estado cultivando agentes terroristas en el Medio Oriente durante años.
Los turcos son los patrones principales de Hamas, remontándose hacia atrás cerca de dos décadas, y ahora están tratando de garantizar su participación en la campaña de paz de Gaza — a pesar de la oposición de los israelíes, quienes están cautos de las intenciones de Ankara.
Pero los turcos están desplegados en otras partes, también.

Ankara ahora está apoyando a Hezbola en Líbano.

Es el patrón principal del nuevo régimen sirio, liderado por el ex líder de al-Qaeda, Ahmad al-Sharaa, haciendo de Siria una base de avanzada con plataformas militares y de inteligencia cruciales.
Eso sin mencionar los despliegues militares de largo tiempo de Turquía en el norte de Irak, Somalia, Catar y más.
En resumen, Ankara ha dominado la región, dejándola bien posicionada para llenar el vacío dejado por la República Islámica.
Y es probable que los patrocinadores financieros de Turquía en Catar, un país chico que controla aproximadamente el 12% de la energía mundial, financien esta campaña.
La alianza de estos dos estados suníes puede resumirse de forma bastante simple: Ellos buscan revivir la influencia e ideología de la Hermandad Musulmana, el movimiento islamista radical que ha inspirado a generaciones de terroristas.
Sus esfuerzos se remontan a la Primavera Arabe del 2011, cuando estalló el caos a lo largo del Medio Oriente.

Turquía y Catar eran entonces los partidarios dominantes de las facciones de la oposición islamista que se proponían derrocar a los regímenes a lo largo de la región.

En Libia, por ejemplo, los rebeldes izaron la bandera catarí al derrocar a Moammar Khadafy.
En Egipto, después que el régimen de Sisi aplastó a la Hermandad Musulmana, el caudillo turco Recep Tayyip Erdogan se volvió en un defensor global principal del movimiento.
La Primavera Arabe fracasó para el 2016, y el gran experimento turco-catarí fracasó.
Pero continuaron sus esfuerzos por apoyar a la Hermandad.
Uno podría asumir que la antipatía declarada del Presidente Donald Trump por la Hermandad Musulmana, pronunciada en una orden ejecutiva emitida en noviembre, auguraría un enfrentamiento con Catar y Turquía.Este no ha sido el caso: La administración se ha involucrado cálidamente con ambos, concediéndoles asientos en la Junta de Paz de Trump.
Los líderes de ambos países gozan de estrechos vínculos personales con Trump.
Esto permite al presidente una oportunidad.
El puede frenar sus esfuerzos por llenar el vacío dejado por Irán, si el régimen colapsa.

Prevenir el ascenso del eje de la Hermandad Musulmana requiere voluntad y acción estadounidenses — así que ahora es el momento para que Trump advierta a nuestros díscolos aliados suníes en Ankara y Doha que Estados Unidos no está librando esta guerra en el Medio Oriente sólo para cederles el poder a ellos.

Nuestro objetivo debe ser el surgimiento de un orden pro-estadounidense.
El tipo correcto de aliados incluiría a estados moderados del Golfo Arabe como los Emiratos Arabes Unidos y Arabia Saudita, junto con otros países que han normalizado los vínculos con Israel, tales como Bahréin y Marruecos — o incluso Egipto y Jordania, si pueden comprometerse en tal alianza.
Los griegos y chipriotas también han demostrado ser amigos leales, y tienen un interés particular en dar forma al futuro de la región.
Estos estados pueden trabajar con Estados Unidos e Israel para poner al Medio Oriente en un nuevo rumbo.
Pero sólo si Trump frena los avances del eje de la Hermandad Musulmana.

Jonathan Schanzer es director ejecutivo en la Foundation for Defense of Democracies.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.