lunes, 9 de marzo de 2026

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Purim fue un éxito rotundo este año

Los titulares repiten el Libro de Esther, acerca de la salvación de un malvado régimen persa.


Por Yosie Levine
Marzo 5, 2026

Purim fue diferente este año. La festividad llegó con sus acostumbrados disfraces, ruido y celebración. Nosotros abucheamos al villano, aplaudimos a los héroes, intercambiamos regalos, y leímos una historia bíblica situada en el apogeo del Imperio Persa—el Libro de Esther, contando sobre una minoría vulnerable que vivía a merced del poder imperial.
En el centro de la historia se sitúa Haman, un alto funcionario persa que traduce el odio antiguo en una política de destrucción. En vez de hablar con voz ronca sobre la sed de sangre, él habla serenamente de "cierto pueblo, desperdigado y diferente," cuyas leyes distintas lo hacen sospechoso. Su destrucción, sugiere él, no es venganza sino buena gobernanza. El rey firma un decreto, y la maquinaria del estado empieza a moverse hacia la aniquilación.
Este año, una historia de más de 2,000 años se sintió contemporánea y demasiado real. Circularon videos de israelíes en refugios anti-bomba cantando el relato bíblico de la historia de Purim. Muchas celebraciones públicas en Israel fueron reducidas o canceladas.
Y aquí en EE.UU., un tono de inmediatez, una sensación de urgencia, estuvo presente a lo largo de la festividad. Después de todo, estábamos leyendo la meguilá en los días posteriores a la muerte de Ali Khamenei, el ayatola que lideraba Irán (como es conocida hoy Persia). Para los judíos nunca es simplemente pasado. Sigue siendo una posibilidad viva en el presente.
Desde su muerte, muchos escritores estadounidenses de obituarios se han involucrado en una idealización bizarra de un hombre que pasó una vida desarrollando formas de secuestrar, aterrorizar y asesinar. El titular de la Australian Broadcasting Corp. fue “El Ayatola Ali Khamenei de Irán fue un partidario acérrimo de la línea dura que dominó el arte de enfrentar a sus enemigos." El Washington Post destacó su “frondosa barba blanca y sonrisa fácil.”
Cuando alguien con la sangre de decenas de miles de personas en sus manos es descripto como paternal, erudito o magnánimo, se borra la línea entre el bien y el mal. Nosotros tenemos un deber con la historia, y con las víctimas de sus atrocidades, de nombrarlo como el asesino que fue.
El Libro de Esther fue tan bienvenido este año porque nunca se equivoca. No hay intento de describir a las víctimas del genocidio como responsables por su propia suerte. No hay reducción del odio eliminacionista a incomprensión trágica. El vocabulario moral de la Meguilá es preciso porque las apuestas son existenciales.
Cuando un régimen asesina a inocentes, encarcela mujeres por desafiar los códigos de vestimenta, o ejecuta a los opositores políticos, el resultado no es el malestar interno. Es el mal.
Las palabras de la consigna para los hutíes, el aliado de Irán en Yemen, son “Dios es grande, Muerte a Estados Unidos, Muerte a Israel, Maldición sobre los judíos, Victoria para el Islam.” Ese no es un movimiento de resistencia. Es un llamado al genocidio. Nosotros descartamos o ignoramos tal lenguaje para nuestro propio peligro moral. La falla en nombrar al mal hace más que normalizar el mal. Debilita nuestra capacidad de razonamiento moral—y nuestras almas sufren.
La claridad moral no se trata sólo de nombrar a nuestros enemigos. Se trata de reconocer a los que se oponen a ellos. Como nos recuerda la Meguilá, debemos expresar gratitud con confianza y claridad. En lugar de referirse a los judíos como israelitas, el Libro de Esther los llama iehudimy isn’t solely about naming our enemies. It’s also about recognizing those who stand against them. As the Megillah reminds us, we ought to express gratitude with confidence and clarity. Rather than refer to the Jews as Israelites, the Book of Esther calls them Yehudim—descendientes de Iudah, el hijo bíblico de Iacob, cuyo nombre deriva de la palabra hebrea hoda’ah, reconocimiento agradecido. Esto no es accidente. Más que a la geneología, el término señala una orientación moral. Descender de Iudah es cultivar la gratitud.
Por eso la entrega de regalos es parte integral de la celebración de Purim. Enviamos canastas de alimentos a los amigos y regalos a los pobres. La festividad se trata de la salvación respecto a un régimen malvado—pero se trata también de gratitud por esa salvación, compartida con otros.
Los ciudadanos pueden cuestionar las decisiones de sus funcionarios electos: no concordar, por ejemplo, con la actual campaña aérea estadounidense para debilitar al régimen iraní. Pero tales cuestiones no deben llegar en detrimento de reconocer la valentía donde ésta enfrenta al mal. Cuando nuestros soldados y-mujeres se ponen en riesgo para enfrentar la tiranía, merecen nuestro agradecimiento. La política nunca debe interponerse en el camino de la virtud.
En su núcleo, Purim es una historia sobre el triunfo del bien sobre el mal. Nos recuerda que la historia depende de nuestra capacidad de claridad moral y valentía moral. Y reza, como nosotros, para que estos días de tribulación se conviertan rápidamente en días de liberación. 
El Rabino Levine dirige el Centro Judío en New York y es autor de “Hakham Tsevi Ashkenazi y los Campos de Batalla del Rabinato Moderno Temprano"

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