En muchas tradiciones la gente ora con las manos cerradas.
En el judaísmo el gesto suele ser lo contrario, oramos con las manos abiertas.
No para tomar, sino para recibir.
Las manos abiertas simbolizan humildad ante HaShem y el reconocimiento de que todo proviene de Él.
La oración no es aferrarse al control, es presentarse ante el Creador con las manos vacías y con confianza. 

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