viernes, 10 de abril de 2026

De The Spectator

 Michael Evans

Prepárense para Furia Epica parte II

  • 9 de abril del 2026
(Getty)

Podría ser la negociación más corta en la historia. Estados Unidos e Irán, con sus respectivos planes de paz, están tan alejados que es difícil ver cómo sus diferencia alguna vez puedan cuadrar. 
Un cese del fuego de dos semanas, el cual ya ha sido roto, trajo alivio tras cinco semanas de guerra y estabilizó los mercados petrolero y de valores. Pero el cese del fuego acordado está pareciendo frágil, como admitió el vicepresidente estadounidense J.D. Vance. Han habido “desentendimientos legítimos,” dijo él ayer, acerca de si el cese del fuego se extendía a la acción israelí en Líbano.
Si hay alguna esperanza de un acuerdo permanente, tanto Washington como Teherán van a tener que hacer concesiones significativas. A juzgar por el plan de 15 puntos presentado por el Presidente Trump y por la contrapropuesta de 10 puntos entregada por el régimen iraní, ninguna parte ha dado siquiera indicios de compromiso.

Trump ha dicho que los diez puntos de Irán podrían formar la base de un acuerdo viable. Pero apenas la semana pasada él descartó efectivamente las demandas iraníes, diciendo que sus propuestas de paz eran "no lo suficientemente buenas." No es difícil ver por qué. 

Teherán quiere que Washington acepte su programa de enriquecimiento nuclear, la retirada de las fuerzas de combate de EE.UU. de todas las bases en la región, la reparación total por los miles de millones de dólares en daños causados por las cinco semanas de bombardeo estadounidense e israelí, el control militar iraní del Estrecho de Ormuz y el levantamiento de todas las sanciones.

En su plan de 15 puntos, Trump demanda un fin a todo el enriquecimiento de uranio, incluido el que es para propósitos civiles, la entrega de los 440.9 kilos de uranio enriquecido cerca del nivel del grado de armas, el decomiso de plantas nucleares en Isfahan, Fordow y Natanz, y un alto al armado por parte de Teherán de las fuerzas milicianas aliadas tales como Hezbola en Líbano y los rebeldes hutíes en Yemen.
Crucial para ambos paquetes de acuerdo de paz es el futuro del Estrecho de Ormuz, con Trump queriendo paso libre y seguro para todos los buques a través del estrecho, y Teherán insistiendo en tener un rol supervisor. Además, los iraníes quieren imponer un peaje a toda nave en al menos us$1 millón. Trump ha meditado acerca de una aventura conjunta, en la cual las naves paguen tanto a los iraníes como a los estadounidenses en criptomonedas. El flujo de caja podría conseguir potencialmente us$100 millones diarios, aunque Omán puede tener un reclamo, dado que ellos controlan la otra mitad del estrecho. El plan entero es confuso, por decir lo menos. 
Si Trump fuera a aceptar los peajes iraníes, recortaría una de las principales razones por las cuales decidió ir a la guerra con Irán. ¿Podría él considerar siquiera permitir al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) mantener el control sobre el estrecho? ¿Qué pensarían las empresas de transporte, por no hablar de las aseguradoras que cubren los viajes por la vía fluvial, de tal acuerdo?

Pakistán mediará la primera ronda de negociaciones en Islamabad el viernes y ha presentado su propio plan de cinco puntos. Su redacción para el Estrecho de Ormuz se empareja con la de Trump: pide la restauración del "paso normal a través del estrecho tan pronto como sea posible." En otras palabras, ningún puesto de control del CGRI y ningún peaje.

La mayoría de los diez puntos de Irán no pueden ser aceptables para una administración estadounidense que fue a la guerra para sacar al régimen dirigido por los clérigos y su programa de armas nucleares. Estados Unidos inicialmente entró a la guerra para traer un cambio de régimen a través de una combinación de ataques de bombardeo masivo y eliminaciones del liderazgo.

Trump afirma que ha logrado ambos objetivos. En primer lugar, él apunta al hecho que el uranio enriquecido iraní está enterrado bajo los escombros causados por el bombardeo de junio pasado y el nuevo ataque a sitios nucleares de la guerra de las cinco semanas. En segundo lugar, él dice que el régimen no es el mismo que era el 28 de febrero cuando empezó Operación Furia Epica.

Sin embargo, Irán está iniciando las negociaciones de paz ignorando las realidades de lo que ha logrado Trump en las últimas cinco semanas con la campaña de bombardeo. Si Irán mantiene esta posición en Islamabad, es difícil ver cómo las dos partes pueden siquiera concordar en un marco para un acuerdo de paz, por no hablar de entablar negociaciones reales.
Le llevó dos años al Presidente Obama y a un equipo de expertos nucleares construir un acuerdo bajo el cual Irán aceptara limitar su enriquecimiento de uranio. El acuerdo del 2015 fue firmado por Irán, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más Alemania y la Unión Europea.

Trump, por otra parte, es un negociador general, no un hombre de detalles. El no está enviando expertos nucleares a Islamabad. El le ha dado la tarea a J.D. Vance, junto con el enviado especial Steve Witkoff y el yerno Jared Kushner. Trump parece esperar que Irán ceda ante sus demandas, particularmente en su programa de enriquecimiento de uranio.

Si no obtiene lo que quiere, Trump regresará a Operación Furia Epica Parte II. Pete Hegseth, el Secretario de Guerra, ya ha indicado que el presidente podría todavía autorizar enviar tropas de invasión a Irán para extraer el uranio altamente enriquecido. Entonces, hay poco espacio para el optimismo en que el cese del fuego sobreviva más allá de dos semanas.

Michael Evans fue editor de temas de defensa del Times por 12 años. 

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