NO SE EQUIVOQUEN: ESTO NO ES UN GOLPE DE ESTADO EN ISRAEL
La democracia no está muriendo. Está haciendo exactamente lo que debe hacer: poner el futuro del país en manos de sus ciudadanos.
Desde que se anunció la disolución de la Knéset, no han faltado quienes hablan del “colapso de Israel”. Algunos incluso celebran como si el gobierno hubiera sido derrocado.
Nada más lejos de la realidad.
No hubo un golpe de Estado. No hubo una toma del poder. No se suspendió la democracia. Lo que ocurrió fue exactamente lo contrario: Israel activó uno de los mecanismos fundamentales de cualquier democracia parlamentaria y convocó a sus ciudadanos a decidir el futuro del país en las urnas.
Quienes hablan de caos deberían responder una pregunta muy simple: ¿qué institución ha dejado de funcionar?
El gobierno continúa ejerciendo sus funciones. Las Fuerzas de Defensa siguen protegiendo al país. Los tribunales permanecen abiertos. La economía sigue operando.
Eso no ocurre en un Estado que se derrumba.
Ocurre en una democracia que sigue funcionando.
Las próximas elecciones serán decisivas. Se debatirá la seguridad, la economía, el costo de la vida y el liderazgo político. Benjamin Netanyahu buscará renovar la confianza de los ciudadanos y la oposición intentará convencer a los votantes de que representa una mejor alternativa.
Así funciona una democracia.
No deciden las redes sociales.
No deciden los gobiernos extranjeros.
No deciden quienes desean ver fracasar a Israel.
Deciden los ciudadanos con su voto.
Antes de celebrar o condenar lo ocurrido, conviene entenderlo.
Porque una democracia que llama a elecciones no está muriendo.
Está demostrando, una vez más, que sigue viva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.