Un metal menos llamativo que el oro, pero esencial para todo tipo de municiones, baterías militares y sistemas de visión nocturna. Ha permanecido latente durante décadas en las montañas del Atlas Medio.
Ese metal es el antimonio.
Y Marruecos está emergiendo como uno de los guardianes estratégicos más valiosos de este recurso a nivel mundial.
Durante años, China produjo más del 60 % del antimonio mundial.
En 2024, Pekín restringió las exportaciones.
Los precios se dispararon hasta multiplicarse por diez.
Estados Unidos y Europa entraron en pánico.
Aquí es precisamente donde entra en juego Marruecos.
Marruecos no aspira a convertirse en el principal productor mundial.
Está haciendo algo mejor: convertirse en una fuente alternativa de confianza que reduce la dependencia de China.
En la nueva y silenciosa guerra por los minerales críticos, Rabat acaba de jugar una carta que no puede pasarse por alto.

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