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Matar en nombre de Dios
No fue Dios quien falla cuando los seres humanos cometen hechos espantosos y repudiables pues ese mismo Dios es quien nos dice “No matarás” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” pero no está en silencio, solo los seres humanos nos negamos a pensarlo, a verlo y a escucharlo.
Caín terminaba de asesinar a su hermano Abel y oyó la voz de Di-s que le decía: “Aie Jebel ajija: ¿Dónde está tu hermano Abel?”. Y Caín, con la conciencia y la angustia de su crimen, responde: “Lo iadati, hashomer aji anoji- no lo sé, ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Caín sabía dónde estaba Abel. También Dios lo sabía.
El hombre tiene la inmensa fortuna y la tremenda responsabilidad de poseer el libre albedrío. No se puede reclamar a Dios por todas las iniquidades humanas pues el único responsable es el mismo hombre.
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