3000 años de soledad: Una respuesta a la tapa de The Economist
Traducido por Marcela Lubczanski
En el momento de la verdad, cuando luchamos por nuestras vidas, descubrimos lo que experimentamos en el pasado: Estamos solos. Excepto que esta vez podemos protegernos y enseñar al mundo sobre el bien y el mal.
Israel siempre ha estado por su propia cuenta. En nuestra larga historia, hemos encontrado buenas personas y naciones que nos ayudaron por un rato, un siglo o dos, hasta que desaparecieron y nosotros seguimos adelante. Nunca obtuvimos algo a cambio de nada, siempre contribuimos con esas naciones – en religión y moralidad, en derecho y filosofía, en economía y ciencia, en seguridad y política. Durante la mayor parte, nadie nos agradeció.
De hecho, lo contrario: En lugares donde los judíos estaban bien integrados, el antisemitismo se disparó a niveles letales. Los pogromos a los que fuimos sometidos regularmente en la Edad Media se derivaron de la incitación religiosa, la creencia pagana que nosotros asesinamos a Dios (piensen en esa oración por un instante y vean el absurdo inherente en esa afirmación). En la edad moderna, los pogromos fueron causados por la incitación nacionalista – "los judíos son un pueblo dentro de un pueblo." En Purim leemos sobre ambas formas de incitación como son expresadas por nuestros más grandes enemigos en su preludio a un llamado a una solución final para el problema judío: "Hay un cierto pueblo, desperdigado y disperso entre los otros pueblos en todas las provincias de tu reino, cuyas leyes son diferentes a las de cualquier otro pueblo y que no obedecen las leyes del rey" (Esther 3:8). Avance rápido 2500 años a la tapa de The Economist describiendo a Israel por su propia cuenta – es como si nada hubiera cambiado.
Cientos de años antes, nuestro pueblo dejó la casa de la esclavitud en Egipto para recibir la constitución eterna y regresar a la tierra de nuestros antepasados. Después de vagar en el desierto, el Pueblo de Israel se aproximó a su destino. Parados en su camino en la ruta a la Tierra Prometida había pueblos que estaban temerosos de este fenómeno extraño – un colectivo nacional que no es parte del sistema religioso conocido y que busca conquistar Canaan bajo el fundamento que la tierra le fue prometida por Dios. Para detenerlos, el Rey Balak de Moab contrató al profeta más grande de la época, Balaam hijo de Beor, cuya profecía era comparada por nuestros sabios con nada menos que Moshé! Este intelectual sabía cómo movilizar las divisiones justo a través del poder de sus palabras. El podría, en los términos de hoy en día, dar un discurso ante la ONU o a través de la tapa de The Economist acerca del gran daño que causa al mundo la existencia de Israel, y podría enfatizar que, si nos libramos de esta entidad amenazante, una reacción en cadena terminaría todo el odio en el mundo y traería la paz mundial. El mensaje era muy atrapante: Estos hebreos amenazan la paz mundial. Al hacerlo, él podría haber motivado a las naciones a unirse en torno al objetivo de destruir a Israel.
Pero Balaam tuvo tiempo de meditar sobre su misión mientras hacía su camino hacia la escena mundial, y en el momento de la verdad, él escapó. El eligió apoyar al Pueblo de Israel que continuaría contribuyendo con el mundo más que cualquier otro colectivo nacional en la historia. Con sus palabras, él expresó un deseo: "Que yo muera la muerte de los rectos, que mi destino sea como el de ellos!" Balaam había tenido suficiente de la hipocresía y dobles raseros con los cuales el mundo juzga a Israel. El no sólo deseaba vivir como un hombre de integridad, él también deseaba morir como tal y hacerlo para ser un socio en el futuro glorioso de Israel. Para este fin, él rechazó todos los beneficios que el mundo estaba dispuesto a concederle por la incitación, difamación, y maldición que quería que Balaam infligiera sobre este pueblo extraño – él se apegó a su verdad.
Con sus palabras inmortales, Balaam muestra ser un profeta que vio miles de años en el futuro justo hasta la tapa de The Economist y miles de años más allá de eso: "Como yo los veo desde las cimas de las montañas, obsérvenlos desde las alturas.
Hay un pueblo que mora solo, no contado entre las naciones." No aislamiento normal, porque tenemos vínculos con las naciones del mundo, contribuimos y beneficiamos. Más bien es un aislamiento especial que sólo alguien asumiendo una perspectiva de ojo de pájaro de la historia (desde las cimas y alturas de la montaña) podría haber sido capaz de ver esto desde nuestro inicio como pueblo: Un pueblo que aun con todos nuestros esfuerzos por ser aceptados en la comunidad de naciones y ser tratados con igualdad, nunca seremos contados como una nación normal. Nunca perteneceremos a la familia de las naciones, aun cuando nuestra contribución a la humanidad no tenga precio. Y si, Dios no permita, ya no estaremos más aquí, no seremos llorados como un familiar. No sólo en el sentido sincrónico no pertenecemos, sino tampoco en el diacrónico; en otras palabras, no sólo nuestra existencia en el presente es diferente de la de todas las otras naciones, sino que también viajamos junto a un camino histórico diferente al de otras naciones.
Consideren las Naciones Unidas, el foro donde las naciones del mundo se reúnen hoy. Después de medio siglo de guerras mundiales que amenazaban con destruir al mundo, las naciones decidieron reunirse para resolver disputas a través de la negociación y mediación diplomática. Aquí hay un resumen de las acciones de la Asamblea General desde 2015. Durante los últimos nueve años, la Asamblea General ha aprobado ocho resoluciones contra Irán, nueve contra Corea del Norte, 11 contra Siria (donde 11 millones de personas han sido hechas refugiadas y más de medio millón fue asesinado), 24 contra Rusia (la mayoría en los últimos dos años desde la invasión de Ucrania); ni una vez la Asamblea General ha aprobado una resolución contra China, Cuba, Catar, Libia, Turquía, Zimbabue o Venezuela. En lo que respecta a Israel, sin embargo, la Asamblea General ha aprobado 153 resoluciones contra el estado judío. ¡Lo vemos con nuestros propios ojos! ¿Alguna vez una profecía antigua ha sido tan precisa y ha visto tan lejos en el futuro en lo que respecta a otras civilizaciones y culturas?
Este aislamiento es de gran importancia en lo que respecta a la presente campaña militar e internacional. Nuestro pueblo tiene un rol en el mundo que está todavía vigente. Ese es el motivo por el que seguimos existiendo a pesar de los intentos constantes de quitarnos de la saga de la historia. Nosotros contribuimos al mundo con la Biblia, la fe, la moralidad, los diez mandamientos universales, la literatura religiosa, y la filosofía.
Esta vez, somos llamados a despertar al mundo de su sueño y a combatir al mal. La civilización occidental, especialmente Europa, está cansada de guerra, pero también lo están Estados Unidos y otros países. El instinto inicial es expulsar el factor que es visto como causando todos los problemas – a saber, Israel. Más allá del residuo antisemita y la política interna de cada nación, hay otras razones: flojera intelectual, falla en estudiar las cuestiones en profundidad y ganar un entendimiento de las fuerzas en conflicto, y el rechazo a asumir una mirada dura de las realidades duras. La tendencia humana es negar y culpar al otro – los judíos o su estado. Cualquiera que haya leído siquiera un poco de historia recuerda el comportamiento cobarde de la élite política e intelectual de Europa en la década de 1930 en vista del ascenso de Hitler y la Alemania nazi.
La guerra de Israel contra Hamas no es meramente un asunto localizado. Es la guerra del mundo libre entero contra la tiranía que busca esclavizar al mundo en el nombre de la fe en un culto a la muerte pagano. La percepción moral de las naciones que nos predican no entrar en Rafah y terminar el trabajo, se deriva de una confusión entre la moralidad privada y la moralidad política. Nosotros no estamos combatiendo a individuos – por más miserables que puedan ser – sino a una nación cuyo núcleo unificador es la destrucción de Israel y el asesinato de judíos donde sea que puedan estar. En lo que a ellos concierne, los judíos son la punta de lanza de toda la civilización occidental (judeo-cristiana). Para ellos Israel es sólo el puesto de avanzada de esta civilización; nuestros enemigos creen (y así lo han declarado miles de veces) que somos la puerta para el colapso del Occidente entero. Por lo tanto, le corresponde al Occidente no dejar sola a Israel, sino fortalecerla y acelerar los refuerzos. Nosotros los tenemos cubiertos a ustedes.
¿Está aislada Israel? Quizás. No hay nada nuevo en eso. Como siempre, sobreviviremos y ganaremos. El Dios de Israel no nos trajo de regreso a Sion después de miles de años en el exilio, a fin de jugar con nosotros. La pregunta es, ¿entenderá el Occidente que su existencia a largo plazo radica en el equilibrio? Recuerden las palabras del antiguo profeta Balam. Aprendan de él y actúen en concordancia.
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