LOS MANIFESTANTES PRO-PALESTINOS ESTAN PROBANDO POR QUE ES NECESARIA ISRAEL
traducido por Marcela Lubczanski
Por Mijal Bitton
Junio 24, 2024
He aquí un secreto que muchos de los manifestantes en los acampes universitarios y en las calles urbanas no parecen saber: Cuanto más demonizan a Israel, más vuelven a despertar la identidad judía y a fortalecer el Sionismo.
Como líder comunitaria y educadora judía en Estados Unidos, he estado viviendo a la sombra de los horrores del 7 de octubre. Hemos visto la peor carnicería contra los judíos desde el Holocausto, transmitida en video por terroristas brutales. Hemos presenciado la avalancha de creciente antisemitismo en todo el mundo, incluyendo acusaciones el sábado pasado que una niña judía de 12 años de edad en Francia fue violada en banda mientras era sometida a insultos antisemitas. Hemos descubierto que muchos de nuestros aliados justo aquí en casa se rehusan a hablar cuando los israelíes son asesinados o cuando los judíos estadounidenses que se preocupan por Israel son excluidos de la sociedad educada.
Mientras la intensidad de las protestas en los campus está hirviendo a fuego lento con el final del año escolar, la virulencia de los manifestantes fuera de los cuadrángulos universitarios sólo está intensificando los miedos que están sintiendo los judíos estadounidenses. La semana pasada, manifestantes en el Lower Manhattan tomaron como blanco una exhibición dedicada al recuerdo de cientos de jóvenes israelíes asesinados o secuestrados del festival de música Nova. Ellos desplegaron una pancarta proclamando "Larga Vida al 7 de octubre" y sostuvieron carteles declarando que los sionistas "no son judíos y no son humanos." Días antes, las turbas cantaron "mata a otro sionista ahora" frente a la Casa Blanca en Washington.
Pero paradójicamente, cada día desde el 7 de octubre, también he visto como este aumento del antisemitismo y discurso antisionista está inspirando el orgullo judío y solidaridad con Israel entre tantos judíos jóvenes. He visto esto como investigadora visitante estudiando a la judería estadounidense en la Universidad de New York. Y he visto esto como la líder espiritual del Downtown Minyan de Manhattan, una congregación llena de jóvenes profesionales diversos, ambiciosos y socialmente liberales que prosperan en New York.
He escuchado de muchos judíos jóvenes en todo Estados Unidos recientemente despertados a su Judaísmo. Algunos confiesan que no han estado en la sinagoga desde su bar o bat mitzvá pero quieren regresar ahora. Otros me han preguntado cómo obtener docenas de mezuzot para que sus amigos coloquen al lado de sus puertas del frente. Veo muchos llevando joyería nueva que expresa tanto orgullo como dolor: Maguen Davids prominentes junto con chapas de perro llamando "Tráiganlos a Casa Ahora." Estoy en conversaciones regulares con docenas de líderes judíos, rabinos y educadores, y todos estamos experimentando esto—se nos están agotando los asientos para los programas y luchamos para cumplir con la demanda para las cenas de Shabat.
Estos judíos jóvenes tienen diferentes orígenes y visiones políticas, pero comparten la experiencia que cambia la vida de profunda desilusión con las casas profesionales o sociales previas. Casi toda persona joven que conozco ha tenido un (ex) amigo que expresa simpatía por Hamas, ha sido receptor de comentarios antisemitas en redes sociales o ha visto antisemitismo manifiesto en su barrio.
Muchos estudiantes universitarios judíos me han contado que soportaron una suerte de "cancelación" social por expresar empatía por los israelíes. Una fue echada de su hermandad por ser sionista, a otro se le dijo que ser sionista hizo que otros tengan que auto-censurarse así que dejaron de incluirlo en los eventos.
Pero ellos están encontrando que en su soledad, no están solos. Están redescubriendo que pertenecen a una rica historia de judíos que experimentaron otredad y expulsiones pero cuya fuerza más grande estaba en estar los unos con los otros. Ellos están redescubriendo los rituales judíos de milenios de antigüedad y las estructuras comunitarias que nutren la pertenencia. Y están redescubriendo el Sionismo.
Esto no es sorprendente. Los soñadores sionistas de las décadas de 1800 y 1900 fueron motivados a construir un estado judío por la concientización que sus vecinos en una Europa "ilustrada" estaban incubando un odio tan peligroso que podía llevar a su genocidio. Los jóvenes estadounidenses judíos hoy se están dando cuenta que ellos, también, pueden llegar a sentirse no queridos en sus propias casas.
De acuerdo con muchos de los manifestantes, el Sionismo es un movimiento supremacista judío colonialista de colonos parecido al Nazismo y dedicado al desplazamiento de los palestinos. Pero para la mayoría de nosotros los judíos estadounidenses, el Sionismo es la creencia que los judíos tienen un derecho a la autodeterminación en su patria histórica.
En el corazón de este Sionismo está la seguridad en tener al menos un lugar en el mundo que nunca cierra sus puertas a los judíos desplazados y oprimidos. Este Sionismo está dedicado a luchar por una Israel que es liberal y democrática y que también tiene esperanza por la dignidad, derechos y libertades para los palestinos.
Yo veo esta visión resonando en los judíos jóvenes que nunca antes habrían pensado en sí mismos como sionistas, he hablado con profesionales jóvenes que en la universidad eran demasiado progresistas como para visitar Israel pero ahora están convencidos que si Estados Unidos traiciona sus valores, Israel es el único otro país que los respaldaría. He hablado con docenas de judíos que están buscando verdaderas oportunidades de bienes raíces en Israel como un plan de seguro en caso que tengan que escapar de sus comunidades. Esto no es sólo palabrería—casi cualquiera nacido judío hoy es descendiente de refugiados que o fueron afortunados o estuvieron lo suficientemente alertas como para sobrevivir a la persecución dejando sus casas atrás.
De hecho, demasiados manifestantes sólo han reforzado el temor de los judíos estadounidenses que el antisemitismo se esté extendiendo aquí. Demasiados manifestantes anti-Israel han agitado banderas de grupos terroristas conjurados en matar judíos como Hezbollah y Hamas, o patrañas medievales recicladas acusando a Israel de libelo de sangre. Demasiados han utilizado cánticos como "hay una única solución, revolución intifada," despertando en los judíos dos recuerdos de pesadilla: la solución final de Hitler y las intifadas palestinas—que vieron a miles de civiles israelíes asesinados por atacantes suicidas con bombas.
Cuando a un estudiante judío de la Universidad de California en Santa Bárbara se le dice "los sionistas no son bienvenidos," cuando un acampe en la Universidad de California de Los Angeles impide que los estudiantes judíos ingresen a clase, cuando un líder del campus en Columbia llega tan lejos como a decir que los sionistas no merecen vivir, eso empuja a los judíos jóvenes a preguntarse la dirección que está tomando Estados Unidos.
Después de todo, aunque muchos manifestantes quieren hacer una distinción entre judíos y sionistas—para decir que su hostilidad hacia Israel no significa que ellos sean hostiles hacia los judíos—la realidad es que los judíos estadounidenses se identifican abrumadoramente con Israel. El último estudio Pew sobre los judíos estadounidenses muestra que para el 82% de los judíos estadounidenses, preocuparse por Israel es una parte importante o esencial de lo que para ellos significa ser judío. Es por lo tanto entendible que números desbordantes de nosotros los judíos de Estados Unidos nos sintamos amenazados por las turbas que gritan consignas antisionistas.
Por supuesto, algunos manifestantes ni siquiera fingen que haya una distinción. A estudiantes universitarios visiblemente judíos con los que he hablado se les ha dicho que "Hitler debió haber terminado el trabajo" o se les ha gritado "oink, oink, cerdos." Esta forma de odio manifiesto alimenta el Sionismo. De hecoh, no hay mayor justificación para la legitimidad de un estado judío soberano que cuando los manifestantes nos aúllan "Regresa a Polonia."
Este escarnio es un recordatorio grotesco de la indiferencia hacia las vidas judías—exhortando a los judíos a regresar a los países donde nuestras familias fueron asesinadas en las cámaras de gas por no pertenecer allí, mientras nos dicen que no pertenecemos a Estados Unidos tampoco.
Sin dudas, el interés de los judíos por Israel puede asumir muchas formas diferentes, izquierda y derecha, en favor del actual gobierno israelí y profundamente opuestos a él. Pero a lo largo del espectro político, se ha vuelto demasiado común que los judíos abran las conversaciones en la sinagoga o con los amigos tratando de descifrar qué señales los llevarían a mudarse en busca de seguridad.
Como educadora judía, veo este momento como una oportunidad agridulce. El antisemitismo podría estar en aumento, pero también la identidad judía. Los judíos podrían tener círculos de amigos que los han anulado, pero ellos están encontrando refugio, comodidad y fuerza los unos en los otros. Las protestas desataron una ola antisemita implacable en Estados Unidos, pero también han despertado el Sionismo en los corazones de los judíos estadounidenses que ahora entienden que Israel es al menos un lugar sobre la Tierra que puede garantizar verdaderamente que los judíos siempre serán bienvenidos.
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