Irán estaba contando con el ansia del Occidente
La confluencia de líderes valientes y alineados en Washington y Jerusalén estaba lejos de ser algo seguro.
Por Eugene Kontorovich
Jerusalén
La campaña en curso contra Irán representa la convergencia de dos guerras—la larga y lenta guerra que la Repúbica Islámica ha librado desde su concepción en 1979 contra Estados Unidos, y la guerra más intensa y espantosa que los aliados de Teherán lanzaron contra Israel el 7 de octubre del 2023.
El Presidente Trump hizo campaña sobre la base de terminar con las "guerras eternas." La operación en curso cumple esa promesa respondiendo finalmente de forma decisiva a décadas de agresión contra Estados Unidos y sus aliados. Todo presidente desde Ronald Reagan, por razones misteriosas, toleró en lugar de enfrentar a este adversario persistente.
Los ataques estadounidenses tienen una justificación legal y práctica claras. Irán ha patrocinado numerosos ataques letales contra las tropas estadounidenses a lo largo del Medio Oriente. Sus aliados han atacado la navegación internacional y trasladaron drogas a Estados Unidos. En los últimos años, Teherán trató de asesinar al ex Presidente Trump y a ex altos funcionarios de su primera administración. La respuesta de la administración Biden fue limitada a acusaciones penales de los aspirantes a asesinos.
Irán se las arregló para jugar con el sistema trabajando a través de milicias y grupos terroristas aliados. La negación no fue ideada para engañar a nadie, sino más bien para dar a los políticos occidentales una excusa para su propia ineficacia.
En su discurso anunciando la guerra, el Sr. Trump explicó el extenso casus belli al pueblo estadounidense. El no se molestó en buscar la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que habría dado poder de veto a la Rusia de Vladimir Putin. La Constitución no prohibe lanzar un ataque sorpresa sobre una reunión poco común del alto mando enemigo, pero un requerimiento de notificar a todos los legisladores por adelantado sería tan bueno como una prohibición. No obstante, la administración informó a los líderes de ambos partidos en el Congreso.
El enfoque del Sr. Trump encuentra el punto ideal dentro del Partido Republicano entre los llamados neoconservadores, quienes creen que Estados Unidos puede construir democracia en cualquier parte, y los aislacionistas, quienes se retirarían directamente del mundo. Estados Unidos es una potencia global con intereses globales; Irán amenaza esos intereses. Como dejó en claro el Sr. Trump, esta guerra no está siendo combatida por el pueblo de Irán. Pero dada la alacritud con la cual los mulahs masacraon a su propio pueblo, sus gritos de "¡Muerte a Estados Unidos!" han sido tomados seriamente.
En su discurso, el Sr. Trump mencionó una vez a Israel, al pasar. Esta no es una guerra para proteger a Israel, la cual ha hecho un trabajo excelente en protegerse. Por primera vez, EE.UU. e Israel están luchando lado a lado. Mientras los otros grandes aliados de Estados Unidos decidieron sentarse afuera esta vez—e incluso niegan el uso de bases aéreas en su suelo—Israel ha demostrado ser un socio par que hace posible que Estados Unidos logre sus objetivos estratégicos con mucho menos riesgo para sus propias fuerzas. Esto puede representar otra etapa en la decadencia de los aliados europeos occidentales nomilanes de Estados Unidos, quienes fueron tan ineficaces con Irán que ellos designaron grupo terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica hace apenas un mes.
El primer ministro británico Keir Starmer dijo que su país no tomó parte en los ataques. Esta debió haber sido una ocasión de vergüenza, ya que el dijo en la misma declaración que “el régimen iraní presenta una amenaza directa para los disidentes y la comunidad judía” en Gran Bretaña y que “durante el año pasado solamente, ellos han apoyado más de 20 ataques potencialmente letales en suelo del Reino Unido. La pasividad del Sr. Starmer frente a la agresión es lo que la mayoría en la izquierda, y una facción vocal en la derecha, quieren para Estados Unidos de América.
Israel puede esperar que esta sea la última batalla en un conflicto existencial. Escribiendo en estas páginas inmediatamente tras la masacre del 7 de octubre, yo lo llamé la batalla de apertura en la "guerra de Irán-Gaza" y argumenté: “Cualquier respuesta seria debe pasar por Irán.” Llevó un rato llegar allí, y el camino era incierto. Si Israel hubiese cedido ante la presión masiva de mucha de la opinión pública internacional, tribunales internacionales, medios de comunicación y la administración Biden, ahora no vería a su némesis sobre sus talones. Desde los campus universitarios a las agencias de la ONU, se le dijo a Israel que detenga su guerra con el "eje de la resistencia" de Irán, mientras Hamas todavía amenazaba desde Gaza, Hezbola era una fuerza temible, y Bashar al-Assad gobernaba en Siria.
La administración Trump debería tomar lecciones de la experiencia de Israel. Un final rápido a un conflicto puede ser tentador, pero auto-derrotista. Esta guerra no puede terminar como una película de Marvel, con el tipo malo exiliado en un planeta de hielo en otro universo, del cual es sólo cuestión de tiempo antes que escape para amenazar nuevamente al mundo. Una República Islámica herida no será humillada. Reconstruirá sus capacidades terroristas con una venganza. La confluencia asombrosa de líderes bravos y alineados en Washington y Jerusalén no durará por siempre, y ellos deben tratar ésta como la última oportunidad de eliminar esta amenaza.
El Sr. Kontorovich es un profesor en la Escuela de Derecho Scalia de la Universidad George Mason y miembro investigador principal en la Heritage Foundation.
President Trump speaks about the U.S. strikes on Iran, Feb. 28. Handout/TRUTH SOCIAL @realDonaldTrump/Agence France-Presse/Getty Images
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