lunes, 20 de julio de 2026

DEL JEWISH JOURNAL

 

Como el Sionismo fortalece al Judaísmo 

Israel, y todo lo que ha logrado, ha dado al Judaísmo una columna vertebral. Tras dos milenios de inseguridad y persecución, Israel nos muestra una forma de ser judía que es lo opuesto a la debilidad.
Julio 10, 2026
 
 
 
 
Yehoshua Halevi/Getty Images
Es prácticamente imposible en estos días tener alguna conversación significativa sobre el significado del Sionismo.
Eso es porque el mundo en sí se ha vuelto tóxico. La mayoría de la gente sólo ve a Israel a través de las noticias. Esta es la lente más tóxica. Por una combinación de razones, no menor el aumento alarmante en el antisemitismo, el estado judío se ha vuelto un símbolo de todo lo que está mal en el mundo.
Empeorando las cosas: la gente tiende a combinar gobierno con país. Si odio al gobierno, odio al país.
Con toda esta hostilidad hacia Israel, reina una sensación de emergencia. Todo se vuelve una guerra: Israel y los judíos están en problemas, el antisemitismo y el antisionismo están en niveles récord, las mentiras deben ser corregidas, los aborrecedores deben ser confrontados.
¿Quién tiene tiempo durante este estado de crisis para la reflexión calma sobre el significado del Sionismo?
Yo.
Verán, existe un movimiento chico pero creciente entre algunos judíos estadounidenses que está pateando a Israel mientras está en el piso. Está tratando de convencer a la gente que debido a que el Sionismo se ha vuelto tan tóxico, el Judaísmo está mucho mejor sin él. Es el enfoque de los Weight-Watchers para una mejor vida judía: líbrate de la grasa que todos odian y te sentirás mucho mejor contigo mismo.
Pero el Sionismo no es grasa. El Sionismo es el combustible para el Judaísmo moderno. Es la llama que mantuvimos encendida durante 1900 años tras la destrucción del Segundo Templo que nos convirtió en judíos errantes a la merced de nuestros anfitriones.
“La trama principal de la Biblia hebrea es la búsqueda de una patria por parte de un pueblo exiliado," escribe Nicholas Lehman en The New York Times. “El Sionismo tocó un anhelo colectivo profundo por la autodeterminación, por la autoprotección, por la libertad de la condición perpetua de extranjeros.
“Todo esto hace que la idea que Israel y el Sionismo pueden ser fácilmente excluidos de la vida judía estadounidense parezca casi fantástica. Nos pide renunciar a una parte de nuestras almas.”
Es fácil perder de vista esa verdad cuando lo que todos vemos en los medios de comunicación es que Israel se ha vuelto un estado paria. Este es el costo silencioso del movimiento de odio contra Israel—ya no podemos más ver el cuadro grande.
Perdimos de vista el alma misma de Israel y su impacto en las vidas de los judíos.
“La idea que es posible un divorcio psicológico de Israel parece descabellada,” escribe Lehman. “Casi la mitad de todos los judíos vive allí; muchos de nosotros tenemos amigos y parientes israelíes. La mayoría de nosotros somos visitantes regulares.”

Visitar Israel, como hice el mes pasado, ayuda a que uno vea más allá de los titulares tóxicos. Esta es la Israel que surge del pueblo–un pueblo que lucha mientras sueña y sueña mientras lucha. Un pueblo que comprende cien nacionalidades diferentes que se reunieron desde todo el mundo tras siglos de separación y revivieron el idioma hebreo. Esa reunión nos recuerda que somos más que una religión–somos un pueblo.

Israel, y todo lo que ha logrado, ha dado al Judaísmo una columna vertebral. Tras dos milenios de inseguridad y persecución, Israel nos muestra una forma de ser judíos que es lo opuesto a la debilidad.
“Si bien una patria puede parecer a los judíos en la Diáspora un manto de seguridad que alienta la huída, debemos entender nuestra patria de forma diferente: no como un plan de contingencia, sino como un ancla para la fuerza e identidad judías," escribe Adela Cojab en la recopilación de ensayos, “Jóvenes Voces Sionistas.”
“Israel simboliza que los judíos ya no son más invitados perpetuos, sino ciudadanos legítimos con los mismos derechos y responsabilidades que todos los demás. La mera existencia del Estado de Israel refuerza nuestra capacidad de afirmar nuestra indentidad donde sea que estemos."
Entiendo que todas las malas noticias que salen de Israel—desde las batallas horribles y divisivas en la Knesset a las manifestaciones constantes pasando por una sensación de exasperación con las políticas del país—pueden desanimarnos. Me desaniman.
Pero me recuerdo que un pantallazo de un instante no puede capturar 1900 años de una historia.

Israel es más que un instante. Es una idea. Es una historia–nuestra historia.

Ahora, un nuevo movimiento judío está castigando a Israel mientras está bajo sitio. Justo cuando Israel necesita más ayuda, está abandonando el barco: "Perdón, todos te odian, estamos fuera."
Estos judíos moralistas que afirman cortar su conexión con la historia israelí que enriquecerá su Judaísmo, están tratando de engañarnos. En lugar de estar a la altura de la ocasión para ayudar a salvar un sueño de 1900 años, ellos están usando el Judaísmo como una tapadera para su traición de ese sueño.
Su movimiento es tan estrecho y tóxico como las noticias que escuchamos sobre Israel.
Pero hay noticias, y está la verdad eterna. Los que siguen apoyando a Israel están yendo con la verdad eterna.

Shabat shalom.

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