La primera sinagoga carcelaria de Estados Unidos revive su historia con una nueva exposición en Filadelfia
La Eastern State Penitentiary, ubicada en el barrio de Fairmount, en Filadelfia, fue una de las prisiones más emblemáticas de Estados Unidos.
Fundada en 1829 bajo principios cuáqueros que promovían el arrepentimiento y la reflexión como herramientas de rehabilitación, permaneció en funcionamiento hasta 1971 y hoy funciona como museo y sitio histórico.
Entre sus múltiples espacios sobresale la pequeña Sinagoga Alfred W. Fleischer Memorial Synagogue, considerada la primera conocida construida dentro de una cárcel estadounidense e inaugurada en 1929.
Este espacio vuelve a ser protagonista ahora gracias a la inauguración de la exposición permanente «Freedom through Faith: Judaism at Eastern State and Beyond», "Libertad a traves de la Fe: "Judaismo en el Estado del Oeste y Mas Alla".
La creación del templo respondió tanto a las necesidades espirituales de los presos judíos como a una preocupación de la comunidad judia de Filadelfia, que temía que los reclusos fueran presionados para convertirse al cristianismo mientras cumplían sus condenas.
Hasta ese momento, los servicios religiosos judíos se realizaban en el hospital de la prisión.
La construcción de un espacio propio fue posible gracias al apoyo económico de figuras de la comunidad, entre ellas el empresario inmobiliario Alfred W. Fleischer, fallecido un año antes de la inauguración y cuyo nombre lleva la sinagoga.
Sin embargo, fueron los propios internos quienes participaron activamente en la construcción del edificio y, décadas más tarde, también encabezaron una importante remodelación durante la década de 1960.
Tras el cierre del penal, la sinagoga permaneció oculta durante años. Fue redescubierta en excavaciones realizadas en 2004 y, fue restaurada en 2009, gracias a una campaña filantrópica.
La nueva exhibición fue desarrollada tras más de un año de investigación por la consultora Beth Tinker, quien explicó que uno de los principales objetivos fue poner el foco en las personas ANTES QUE EN LOS DELITOS por los que habían sido encarceladas.
Según la investigadora, la intención fue recuperar la dimensión humana de quienes integraban la congregación judía del penal y mostrar cómo la fe funcionó como un espacio de contención dentro de un sistema penitenciario especialmente duro.
Entre las historias recuperadas aparece la de Joseph Paull, un forzudo de circo judio que visitó la prisión como artista durante la década de 1920 y terminó convirtiéndose en un activo colaborador de los presos.
La investigación permitió encontrar numerosas cartas enviadas por internos y familiares, en las que solicitaban ayuda para conseguir trabajo una vez recuperada la libertad, gestionar la libertad condicional o incluso obtener alimentos kosher.
Posteriormente, Paull trabajó como carnicero y mantuvo ese vínculo con los exreclusos.
La exposición también reconstruye la presencia judía en Eastern State antes de la construcción de la sinagoga.
Entre los antecedentes figura el nombramiento en 1893 del rabino Sabato Morais como primer capellán judío de la prisión.
Durante el desarrollo del proyecto, los investigadores descubrieron incluso que uno de sus descendientes continúa desempeñándose actualmente como capellán penitenciario en Pensilvania.
Otro episodio documentado corresponde a la década de 1850, cuando se realizó la primera circuncisión registrada dentro del establecimiento tras el nacimiento del hijo de una reclusa judía.
Además de estos relatos, la muestra analiza la evolución de la jurisprudencia estadounidense relacionada con la libertad religiosa de las personas privadas de la libertad, destacando que la existencia de una sinagoga dentro de la prisión fue un hecho excepcional en una época en la que la legislación todavía no garantizaba ese derecho.
El proyecto contó con la colaboración de Josh Perelman, asesor del Weitzman National Museum of American Jewish History, quien destacó que la historia de la sinagoga demuestra cómo la cooperación entre la comunidad judía de Filadelfia y los internos permitió desarrollar uno de los primeros ejemplos de reconocimiento efectivo de la libertad religiosa dentro del sistema penitenciario estadounidense.
Según analistas de Reuters, la historia del templo refleja no solo la evolución de los derechos religiosos en prisión, sino también la capacidad de preservar la identidad comunitaria incluso en condiciones extremas.
A pesar del aumento del antisemitismo registrado en distintos ámbitos durante los últimos años, Beth Tinker aseguró que la recepción del público ha sido ampliamente positiva y que la exposición no ha generado reacciones negativas.
«La idea es encontrar humanidad en un lugar donde históricamente resultaba muy difícil verla», resumió la investigadora al presentar una muestra que rescata un capítulo poco conocido tanto de la historia judía estadounidense como del sistema penitenciario del país.
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