Marcela Lubczanski
La mayoría de las noticias y comentarios describen la guerra en Gaza como el último episodio brutal en el conflicto entre los israelíes y los árabes. Esa es una dimensión, pero desde la perspectiva de la política del poder mundial, no es la más importante. Lo que realmente importa en el Medio Oriente es la batalla entre Irán, cada vez más apoyado por Rusia y China, y el grupo flojo e incómodo de potencias anti-iraníes que incluye a Israel y a los Estados árabes apoyados por Estados Unidos.
Hay mucho acerca de la guerra de Gaza que aún no sabemos: cuánto durará, cuál será la cuenta de muertes, cuántos rehenes pueden ser rescatados o retornados, y cuán exitosa será Israel en su objetivo declarado de destruir a Hamas.
Pero hasta ahora, desde una perspectiva global, el hecho más importante es que Irán no está obteniendo lo que quería de la guerra. El objetivo de Irán al armar, entrenar y alentar a Hamas no fue únicamente causar dolor a Israel. El objetivo real fue interrumpir la profundización gradual de los lazos estratégicos entre Israel y sus más importantes vecinos árabes.
El cuadro ha sido claro por algún tiempo para los no hipnotizados por los condescendientes apologistas de Irán que arrullaron a una generación de crédulos funcionarios de política exterior demócratas para que vean a Teherán como un posible socio de EE.UU.. Los gobernantes de Irán, creyendo que controlar los recursos energéticos y sitios religiosos del Medio Oriente haría del país una potencia mundial, quisieron establecerse como la fuerza dominante en la región.
Los árabes suníes han visto durante mucho tiempo a Irán como un rival religioso y una amenaza para la seguridad. Más recientemente, a medida que la marcha de Irán hacia la hegemonía dejó una estela de países arruinados y cadáveres ensangrentados, la sospecha se solidificó en terror y odio. El apoyo de Teherán a Bashar al-Assad en Siria es responsable por muchas veces más muertes y refugiados que todas las guerras juntas entre israelíes y palestinos. El apoyo de Irán a Hezbollah convirtió al una vez próspero Líbano en un satélite iraní azotado por la pobreza. Los aliados de Teherán mantienen a Irak en un estado de inquietud miserable mientras que el apoyo iraní a las fuerzas huzíes en Yemen impulsó uno de los más grandes desastres humanitarios de nuestro tiempo.
Nosotros aún no sabemos cuán estrechamente estuvo involucrado Irán en la planificación y sincronización de los ataques del mes pasado, pero está más claro lo que los mulás esperaban que los ataques lograrían. En un nivel, Irán buscó recordar a todos cuán salvajes y poderosos se han vuelto el país y sus satélites. El terror sirve a los intereses estatales iraníes.
Más allá de eso, Teherán esperaba interrumpir al bloque anti-Irán emergente en el Medio Oriente. La idea era que los ataques dramáticos de Hamas electrificarían a la opinión pública en la región contra Israel, Estados Unidos y los gobernantes árabes dispuestos a trabajar con ellos. Teherán esperaba que esto impulsaría una división entre los árabes y los israelíes, cuando los gobernantes árabes buscaran aplacar a sus públicos enojados abandonando cualquier plan de trabajar estrechamente con Israel.
Hasta ahora, este plan ha fallado. Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto todos han señalado que tienen intención, una vez que haya pasado la tormenta, de seguir trabajando con Jerusalén por un Medio Oriente más seguro y más estable. Peor desde el punto de vista de Irán, los árabes se están comprometiendo con una forma revivida de gobernantes palestina que puede excluir a los satélites de Irán tanto de la Margen Occidental como de Gaza.
Esto no es porque los estados árabes conservadores amen a Israel o a EEUU.. Es porque su supervivencia requiere controlar a Teherán.
Esto no se trata sólo de disuadir la agresión iraní. Se trata acerca de crear un ambiente regional en el cual sus países puedan prosperar. A los líderes árabes puede no importarles la democracia estilo occidental, pero ellos tienen que desarrollar sus economías. Con poblaciones y expectativas en aumento, y con el futuro a largo plazo de los combustibles fósiles incierto, los estados del Golfo tienen que hacer más que bombear petróleo del suelo.
En lugar de separar a Israel de los estados árabes, los ataques de Hamas recordaron a la gente sensible a lo largo del Medio Oriente cuán importante es mantener a Irán bajo control. Los estados del Golfo necesitan estabilidad, e Irán y sus representantes asesinos son amenazas mortales para el futuro económico que quieren los gobernantes árabes y su gente necesita.
La cuestión real en el Medio Oriente en estos días no es qué harán luego Israel o Hamas. Es si el Equipo Biden ha despertado finalmente de su sueño encantado. ¿Entiende la Casa Blanca que el problema israelí-palestino, aunque real y consecuencial, palidece ante el inaplacable impulso de Irán por el poder como la causa principal de guerra y malestar en la región?¿Ha aprendido que cada centavo que va a los mulás alimenta sus ambiciones?
Si es así, están llegando mejores días para una región que podría usar alguna esperanza. Si no, las ambiciones insanas de un régimen brutal producirán más horrores en los años por venir.
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