Opinion
Bret Stephens
Por una vez, luchamos con un aliado igual
Marzo 17, 2026

Durante la mayor parte de la época de la posguerra, Estados Unidos ha ido a la guerra con socios cuyas contribuciones militares abarcaron desde moderadamente útiles a principalmente simbólicas. Gran Bretaña en Afganistán e Irak viene a la mente en el primer caso. Alemania en la guerra de Kosovo en 1999 viene a la mente en el segundo.
La guerra contra Irán es diferente. Para el lunes, el Comando Central (CentCom) informa que Estados Unidos había atacado más de 7,000 objetivos dentro de Irán. Israel, por su parte, había llevado a cabo unos 7,600 ataques, de acuerdo con un representante del ejército israelí. Esta puede ser la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que Washington ha tenido un socio igual con el cual compartir las cargas de la guerra.
Ese es un buen punto de inicio desde el cual considerar la afirmación que la guerra de Estados Unidos con Irán es realmente una guerra por Israel. Las administraciones anteriores han ido a la guerra, de hecho, por otros países. A principios de la década de 1990, fuimos a la guerra en el Golfo Pérsico en el nombre de liberar a Kuwait y defender a Arabia Saudita — dos países que no podían defenderse — de Irak. Más tarde en esa década, fuimos a la guerra en los Balcanes después que Europa demostró ser vergonzasamente incapaz de vigilar su propio vecindario.
En ambos casos, los presidentes estadounidenses creyeron que estaban sirviendo al interés nacional. Pero la impotencia militar de nuestros aliados fue un factor importante en la decisión de intervenir.
En cuanto a Israel, la acusación que Estados Unidos ha ido a la guerra por ella no es nueva.
En 1990, Patrick Buchanan insistió en que los únicos grupos en favor de una guerra contra Saddam Hussein por su invasión de Kuwait eran “el Ministerio de Defensa de Israel y su rincón del amén en Estados Unidos." (Ese rincón del amén, indicó más tarde Buchanan, consistía en los columnistas A.M. Rosenthal y Charles Krauthammer, el experto en defensa Richard Perle y Henry Kissinger, el ex secretario de estado. Encuentren el punto en común.) Los opositores a la última guerra de Irak también plantearon un cuento que la administración Bush estaba haciendo más que nada la puja de Israel. Y el martes, Joe Kent, un alto consejero de Tulsi Gabbard, director de inteligencia nacional, anunció su renuncia por lo que llamó una guerra iniciada "debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense."
Esas acusaciones siempre fueron incongruentes con los hechos. Israel permaneció fuera de la guerra del golfo bajo fuerte presión estadounidense, a pesar de ser atacada por misiles iraquíes. En cuanto a Irak, Ariel Sharon, entonces el primer ministro israelí, dijo al periodista Nadav Eyal que George W. Bush estaba combatiendo "la guerra equivocada." Sharon pensaba que Irán era el enemigo más peligroso en lo que entonces era llamado la guerra contra el terror.
En el caso de Irán, la idea que paralizar su capacidad de amenazar a sus vecinos es algún tipo de interés puramente israelí es desmentida por los misiles y drones iraníes que caen sobre Dubai, Doha, Manama o Riad, por no mencionar las bases militares estadounidenses y de la OTAN en la región. En octubre del 2024, Kamala Harris llamó a Irán nuestro "más grande adversario", agregando que una de sus "más altas prioridades" como presidenta sería asegurar que Irán nunca se vuelva una potencia nuclear. ¿Era ella, también, apenas otra de los pequeños títeres de Benjamin Netanyahu — una política estadounidense manipulada sin ninguna voluntad propia?
Esa acusación ahora está siendo imputada a Donald Trump, no importa que el presidente expresara primero un deseo de atacar al régimen iraní en 1980, durante la crisis de los rehenes en la Embajada de Estados Unidos en Teherán, y repitió el punto durante décadas. Sin importar lo que uno piense sobre la sabiduría del tiempo de la decisión de Trump de ir a la guerra, fue, claramente, su decisión — una para la cual necesitó poco convencimiento de Netanyahu, o, por tal caso, del Príncipe de la Corona Mohammed bin Salman de Arabia Saudita, quien, informa The Times, está instando a Trump a "seguir golpeando duro a los iraníes."
Lo que es cierto es que Estados Unidos está yendo a la guerra con Israel, no por ella. Eso es algo que muchos estadounidenses, conservadores estilo MAGA más que nada, a menudo afirman querer: un aliado que cumpla con su parte, comparta el riesgo y contribuya significativamente a la victoria.
Eso significa que cuando Israel el martes eliminó a Ali Larijani, el líder de facto del régimen y un arquitecto de las masacres de civiles iraníes en enero, tanto como a Gholamreza Soleimani, el comandante de la milicia Basij que cometió muchos de los asesinatos, estuvo haciendo una contribución única a una campaña conjunta para destruir el sistema de mando y control de Irán, y así su capacidad de dañar a Estados Unidos, Israel y a los estados árabes por igual.
Uno se pregunta, ¿desde cuándo el Pentágono o la CIA habían tenido tal ayuda de nuestros amigos ingeniosos en, digamos, París? Es cierto, por supuesto, que Israel se beneficia enormemente de la valiente decisión de Trump de unirse a la guerra. También es cierto que los intereses, objetivos y tácticas estadounidenses e israelíes no se superponen perfectamente y a veces entran en conflicto. Eso pasa siempre que los aliados van a la guerra. Pero el punto central es que Israel, población 10 illones, se está comportando como un socio en igualdad de condiciones de Estados Unidos de América, población 342 millones, en una guerra que el liderazgo electo de ambos países cree es en su respectivo interés nacional. Sea lo que sea, no es la cola la que mueve al perro.
La eliminación de Larijani puede ayudar a despejar el extraño pesimismo que ha descendido sobre una guerra que está desmantelando persistentemente la capacidad de Irán de presentar una lucha significativa, más allá del juego desesperado de buscar clausurar el Estrecho de Ormuz. Eso, también, no durará mucho, gracias a que Estados Unidos logró lo que es conocido entre los planificadores bélicos como “dominio de la escalada.” Es una buena cosa que, en esta guerra, Estados Unidos tuviera por una vez un aliado audaz y competente que nos ayuda a lograrlo.
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