Cómo mantener la presión económica contra Irán
Si se detiene el combate y el régimen está todavía en el poder, Estados Unidos puede todavía atacar su salvavidas financiero.
Por Michael Doran
Dos Donald Trumps diferentes han aparecido ante el público en los últimos días. Uno sugiere que la guerra en Irán puede terminar pronto. La campaña, dice, está “muy completa, bastante.” El otro insiste en que EE.UU. no aceptará nada menos que "la rendición incondicional" de Teherán y advierte que las operaciones continuarán hasta que Irán sea derrotado totalmente.
El presidente enfrenta un dilema estratégico. Dos relojes están en marcha. Uno mide el colapso del régimen de Irán bajo la presión militar y económica. El otro mide la creciente disrupción global—precios en aumento del petróleo, reservas de interceptores sobrecargadas y la presión de los aliados y los mercados para poner fin al conflicto. Si el segundo reloj se agota primero, el presidente podría declarar un cese del fuego antes de forzar a Teherán a rendirse.
Los acontecimientos dentro de Irán ofrecen un vistazo de los peligros de esta situación. La semana pasada sucedió algo inusual: Mientras los estadounidenses e israelíes bombardeaban Irán, el rial iraní se fortaleció contra el dólar, aumentando un 13%.
¿Por qué? El banco central de Irán, uno presume, inyectó divisas extranjeras dentro del mercado negro para apuntalar el rial. Pero las reservas del banco son limitadas. Eso plantea una posibilidad preocupante: que uno o más de los vecinos y aliados de Irán estén calladamente ayudandoa estabilizar la moneda. Funcionarios occidentales de alto rango me dicen que sospechan que fue Catar, el cual está ansioso por impedir más ataques contra su infraestructura gasífera. China o Rusia podrían estar ayudando también.
Este tipo de comportamiento no es exclusivo de Catar. Todos los estados del golfo tienen una historia de cobertura--comprar la eliminación temporal de los drones y la lista de blancos de misiles de Irán a través de transferencias financieras en silencio y concesiones económicas a Teherán.
Forzando a los estados del golfo a dar cobertura, Irán también los empuja hacia China. Mientras estas naciones miran a Beijing en busca de seguridad, aumenta el poder de China como intermediario. Mientras tanto, Beijing fortalece a Teherán facilitando su producción de misiles y comprando su petróleo, el cual está sujeto a sanciones occidentales, con un muy buen descuento. Los misiles y drones de Irán sirven como el músculo que facilita a China ejercer mayor influencia sobre el mercado de energía del Golfo Pérsico tanto como sobre su mercado de armas.
Este ciclo ayuda a China a construir una red bancaria en las sombras a través de los aliados estadounidenses. Cuando China compra petróleo a Irán, no paga a Teherán directamente. En su lugar, paga a empresas fachada que envían los fondos hacia cuentas bancarias en los Emiratos Arabes Unidos, un aliado clave de Estados Unidos. De acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, empresas emiratíes manejan por lejos el volumen más elevado de fondos en las sombras de Irán, explotando registros opacos y leyes laxas para mantener solvente a Teherán.
Si la guerra termina antes que ese sistema sea quebrado, Beijing intervendrá--como hizo el año pasado--para ayudar a Teherán a reconstruir sus plantas de producción de misiles. La extorsión continuará. Por esta razón, la forma en que termine la guerra importa profundamente.
El mejor resultado sería la destrucción permanente de las capacidades de misiles y drones de Irán--la eliminación de su infraestructura de lanzamiento, plantas de producción y arsenales subterráneos--junto con el desmantelamiento completo de su programa de armas nucleares y el desmantelamiento sistemático o derrota decisiva de sus fuerzas aliadas a lo largo de la región. Pero si la presión económica mundial fuerza un cese del fuego temprano, el Presidente Trump todavía tiene las herramientas para garantizar que Teherán nunca pueda reconstruir lo que ha perdido.
Eso requerirá una nueva fase de guerra económica: Campaña de Presión Máxima 3.0--basada en la campaña original de los años 2018-21 (1.0) y su restauración e intensificación en el año 2025 (2.0). Esta campaña debe impedir que Irán reconstruya sus capacidades militares tras cualquier cese del fuego. Con su moneda colapsada, su sector bancario paralizado, y su infraestructura de defensa crucial en ruinas, la economía de Irán se encuentra más cerca de la falla sistémica que en cualquier momento desde 1979. La Presión Máxima 3.0 debe garantizar que este quiebre continúe hasta que el régimen ya no pueda reconstituir su poder de coerción.
Recortar los ingresos petroleros de Irán es crucial--pero es apenas el primer paso. Washington debe poner presión sobre el comercio mismo. Teherán intentará seguir usando intermediarios para vender el petróleo crudo con grandes descuentos a China. Cada etapa de ese comercio--desde el envío y seguros para los compradores finales--debería enfrentar sanciones secundarias de Estados Unidos.
Washington debe también desmantelar el sistema bancario en las sombras de Irán. Durante la década pasada, Teherán ha creado una elaborada red de evasión de sanciones usando empresas fachada albergadas por aliados estadounidenses tales como los E.A.U. Cerrar estos canales y congelar los fondos que mantienen atacaría directamente el salvavidas financiero del régimen.
Estados Unidos debe utilizar la guerra económica para atacar la capacidad de Irán de importar la maquinaria y tecnología necesarias para reconstruir su infraestructura militar. Las empresas que abastecen equipo industrial, electrónica o materiales especializados a Irán deberían enfrentar el riesgo de perder el acceso a los mercados occidentales.
Por último, Washington necesita disciplinar a sus aliados si ellos ayudan al régimen iraní. Ningún país debería proporcionar préstamos a Teherán o liberar activos congelados que podrían estabilizar las finanzas del régimen. Si se vuelve inevitable un cese del fuego prematuro, no debe dar a Irán la oportunidad de estabilizar su economía y obtener los recursos necesarios para recuperarse.
El Sr. Trump está al borde de revivir la Doctrina Carter: No debería permitirse a ninguna fuerza hostil usar el Golfo Pérsico como una palanca contra las economías occidentales. Lo que parece ser una fuerza regional es en verdad una disputa por la arquitectura estratégica del Golfo Pérsico. El futuro de Irán no es lo único en juego. El resultado de esta guerra determinará si la región sigue anclada con Estados Unidos y sus aliados o se corre gradualmente hacia la órbita económica y de seguridad de China.
El Sr. Doran es director del centro del Medio Oriente en el Hudson Institute.
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