viernes, 13 de marzo de 2026

Del WSJ

 

La guerra que Líbano nunca quiso

Hezbola da forma a la seguridad y política exterior de mi país a través de una fuerza militar que se encuentra fuera del control estatal.


Por Rami Na'im
Marzo 11, 2026
imageEl suburbio Daiheh de Beirut tras un ataque aéreo, 10 de marzo. Wael Hamzeh/EPA/Shutterstock

Beirut

Los cristianos en Líbano están observando a su país arder. Nuevamente. Después que los ataques aéreos israelíes golpearon los suburbios sureños de Beirut la semana pasada, las órdenes de desplazamiento fueron emitidas para barrios enteros, y las rutas al sur de Líbano estaban abarrotadas de familias huyendo.
El disparador fue uno que la población ha visto muchas veces. El 2 de marzo, tras la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei en ataques estadounidenses e israelíes algunos días antes, Hezbola lanzó misiles y drones hacia Israel. Líbano está sufriendo nuevamente la escalada militar de decisiones tomadas más allá de sus fronteras.
Líbano es el único país árabe fundado bajo un sistema formal que comparte el poder en el cual los cristianos no sólo se desempeñan como una minoría a ser acomodada, sino como co-arquitectos del estado. Ese equilibrio delicado ha estado bajo presión durante décadas. La presión sobre Líbano ha definido a la nación desde que Hezbola consolidó el dominio como el aliado regional más exitoso de Irán—lo que comenzó cuando se unió al Parlamento de Líbano en 1992. La organización terrorista ahora modela la seguridad y política exterior de Líbano a través de una fuerza militar que se encuentra fuera del control estatal.
La población cristiana de Líbano fue una vez central para la vida política y económica del país. Pero las olas de emigración sostenidas—impulsadas por la inseguridad, el colapso económico y la marginalización política—han achicado ese rol. Lo que una vez fue una comunidad fundadora confiada se ha vuelto cada vez más cauta, reactiva y demográficamente disminuida.
Líbano no está solo en esta trayectoria. A través de la esfera de influencia de Irán las comunidades cristianas han experimentado el colapso demográfico. En Irak la población cristiana ha experimentado el colapso demográfico. En Irak la población cristiana cayó de 1.5 millón en el 2003 a un estimado de 250,000 hoy. En Siria más de la mitad de la población cristiana se estima que se ha marchado desde el 2011, atrapada entre la violencia del régimen, las milicias respaldadas por Irán, las facciones yihadistas y potencias extranjeras rivales.
En Líbano la erosión ha sido más lenta pero profunda. El dominio de Hezbola ha significado que las decisiones de la guerra y la paz no son tomadas por el estado soberano, y todos tienen que aprender a vivir con la incertidumbre. Las minorías sin milicias propias han tenido que aprenderlo más rápido.
Este es el motivo por el cual muchos cristianos libaneses esperan el cambio estructural en Irán. La capacidad militar de Hezbola, las redes financieras y legitimidad ideológica son inseparables de Teherán, y cualquier transformación significativa dentro de Irán debilitaría el poder de la organización en Líbano.
En una medida extraordinaria, luego de los últimos ataques transfronterizos, el gabinete de Líbano supuestamente pasó el 2 de marzo a proscribir las actividades militares de Hezbola—una señal de cuan urgentemente el estado está tratando de reclamar la toma de decisiones y evitar la catástrofe nacional.
El problema es que cualquier intento de restringir a Hezbola por decreto corre el riesgo de ampliar las tensiones sectarias, particularmente si lleva al ejército libanés al enfrentamiento directo con el Hezbola armado y fuertemente inserto. El país no puede permitirse otra ronda de violencia interna en capas sobre la guerra regional.

Washington tiene que responder con firmeza. La huella regional de Irán muy a menudo ha funcionado como un modelo de gobierno: empoderar a socios armados para superar a la autoridad estatal, distorsionar las economías e intimidar la vida política. Cuando ese modelo se endurece, las sociedades pluralistas se vuelven menos gobernables y menos vivibles.

El Congreso de EE.UU. debería tomar como blanco las redes de financiación que mantienen a Hezbola operativo incluso en su estado debilitado. Y la administración Trump debería reconocer que los libaneses comunes—dueños de hotele, familias, dueños de pequeños negocios—están furiosos porque Hezbola haya arrastrado a su país hacia una guerra que no es suya.
En las iglesias a lo largo de Líbano, los rezos por la paz cargan cada vez más otra súplica: que Líbano no sea utilizado como un campo de batalla para las estrategias de otras naciones. Que los grupos armados no sobrepasen a las instituciones electas. Que las familias no sean forzadas a elegir entre quedarse y sobrevivir.
El Sr. Na'im es jefe de la oficina Beirut de Jusoor News.
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