martes, 10 de marzo de 2026

 Desde el Aeropuerto Internacional David BenGurion se puede tomar el pulso de un país entero. En medio de la guerra contra la teocracia iraní, este lugar funciona como un verdadero termómetro de la realidad que vive Israel y la región. Llegan pasajeros desde ciudades como Madrid, Barcelona, Miami, Nueva York, Bucarest, Múnich o Atenas, pero las únicas aerolíneas que hoy operan son israelíes: El Al, Arkia, ישראייר (Israir) y Air Haifa. No ver aerolíneas extranjeras es una señal clara de la complejidad del momento.

Durante mi investigación vivimos dos alertas por lanzamiento de misiles iraníes. Los protocolos se activaron con precisión gracias al comando de defensa civil Pikud HaOref. En segundos, pasajeros y trabajadores sabían exactamente cómo dirigirse a los refugios. La escena resume mucho de lo que es Israel: tensión, preparación y resiliencia.
Intenté entrevistar a viajeros, pero el silencio también habla. Entrar o salir de un país que es tu hogar en medio de la guerra no es fácil. Aun así, la vida continúa: aviones comerciales israelíes despegan mientras en el cielo también operan aeronaves militares. La torre de control.
En la entrada del aeropuerto observa la figura de David BenGurión. Con apenas metro y medio de estatura, fue un gigante del sionismo y entendió algo esencial: Israel debía existir para garantizar un refugio seguro para el pueblo judío.
Por eso, incluso en tiempos de guerra, este aeropuerto sigue abierto. Y quizás aquí se entiende mejor que en ningún otro lugar una verdad profundamente israelí que dijo BenGurión, “para ser realistas, hay que creer en los milagros”.
Pronto reportaje en medios hispanos.
Nicole Mischel 🎙️✈️🇮🇱

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