lunes, 13 de abril de 2026

del WSJ

 

No una victoria total, sino una nueva realidad: Cómo Israel reformuló su guerra con Irán

ASUNTOS NACIONALES: Israel no consiguió todos sus objetivos bélicos contra Irán, pero surgió más segura, con su enemigo más feroz muy debilitado y el equilibrio regional cambiando en su favor.

‘THOSE WHO lionize Trump and Prime Minister Benjamin Netanyahu will portray the operation as an unmitigated success; those who loathe them will dismiss it as a total failure. The sober truth lies in between.’ Here, Netanyahu speaks to the media in Jerusalem in March.‘LOS QUE ENSALZAN a Trump y al Primer Ministro Benjamin Netanyahu describirán la operación como un éxito rotundo; los que los odian la descartarán como un fracaso total. La verdad sobria radica en el punto medio.' Aquí Netanyahu habla a los medios de comunicación en Jerusalén en marzo. (photo credit: RONEN ZVULUN/REUTERS)
PorHERB KEINONABRIL 10, 2026

Entre la rendición formal japonesa ante EE.UU. en la plataforma del USS Missouri en la Bahía de Tokio en 1945 y la caída caótica de Saigón en abril de 1975, con el último marine estadounidense colgando del helicóptero final que partía, hay una vasta extensión.

De igual manera, hay una distancia igualmente larga entre la asombrosa e inequívoca victoria israelí en la Guerra de los Seis Días y el atolladero de la Primera Guerra del Líbano, que culminó en la retirada final de todas las tropas israelíes del sur de Líbano en el año 2000, como se jactó el jefe de Hezbola, Hassan Nasrallah.

La victoria absoluta y derrota ignomiosa se sitúan en polos opuestos. En el medio – aunque más cerca de la primera que de la segunda – se sitúa el cese del fuego que declaró el presidente estadounidense Donald Trump el jueves a la mañana, previniendo el ataque que él había advertido enviaría a Irán de regreso a la "edad de piedra."

La conclusión para Israel es esta: el país enfrenta menos amenazas significativas tras Operación León Rugiente – muchas menos – de las que enfrentaba antes. Irán, a su vez, es más débil, considerablemente más débil, de lo que era.

El resto son comentarios. Y esos comentarios están fuertemente coloreados por la predilección política.

Los que ensalzan a Trump y al Primer Ministro Benjamin Netanyahu describirán la operación como un éxito rotundo; los que los aborrecen la descartarán como un fracaso total. La verdad sobria se sitúa en el punto medio.
Prime Minister Benjamin Netanyahu seen following the passing of the Death Penalty for Terrorists bill in the Knesset, March 30, 2026El Primer Ministro Benjamin Netanyahu visto luego de la aprobación del proyecto de ley de Pena de Muerte para Terroristas en la Knesset, marzo 30, 2026 (credit: CHAIM GOLDBERG/FLASH90)
Si bien no todos los objetivos bélicos fueron logrados – muy notablemente la remoción de los aproximadamente 460 kilos de uranio enriquecido que todavía se cree están enterrados bajo una montaña iraní – se logró lo suficiente para mejorar significativamente la posición estratégica y seguridad de Israel.

Para evaluar apropiadamente esos logros, la lente debe ser ampliada. Lo que tuvo lugar durante las últimas seis semanas no debería ser visto como una guerra aparte. Esta no fue una nueva guerra con Irán, sino más bien la última batalla - tal vez la última grande - en una guerra que empezó el 7 de octubre del 2023.

Así como la Guerra de la Independencia fue una larga guerra que se extendió desde noviembre de 1947 a Julio de 1949, marcada por ceses del fuego intermitentes y grandes campañas en diferentes frentes, así también lo es la guerra que empezó el 7 de octubre. Ha sido una larga guerra con batallas intensas libradas en múltiples frentes: en Gaza contra Hamas, en Líbano contra Hezbola, en Yemen contra los hutíes, y directamente contra Irán - dos veces.

Y así como la Guerra de la Independencia no finalizó con todas las aspiraciones de Israel cumplidas - muy notablemente, la Ciudad Vieja de Jerusalén quedó fuera del control israelí - así también la guerra actual, cualquiera sea el nombre por el que será conocida finalmente, no ha dado un cumplimiento completo de los objetivos de Israel.

Pero ni la falla en 1948 en retener la Ciudad Vieja, ni la incapacidad de hoy de localizar y remover todo el uranio enriquecido, ni traer un final decisivo al gobierno del régimen clerical en Teherán, significa que la guerra no ha cambiado fundamentalmente la realidad regional. Lo ha hecho, y eso tiene que ser admitido claramente.
 
Antes de la Guerra de la Independencia, los judíos no tenían un estado; después sí lo tuvieron. ¿Acaso eso significaba que todo era color de rosa? Difícilmente. Unas 6,000 personas – de una población judía de aproximadamente 600,000 – fueron asesinadas. No había paz, sólo acuerdos de armisticio. La economía estaba en ruinas. Pero la realidad fundamental había cambiado.
 
Algo similar está sucediendo hoy.

Antes del 7 de octubre, Irán estaba avanzando firmemente hacia la capacidad nuclear, construyendo misiles balísticos a un ritmo rápido, se estaba preparando activamente y preparando a sus aliados para la destrucción de Israel.
A ballistic missile launched from Iran, as seen over Jerusalem, during the war with Iran and ongoing missile fire toward Israel, March 28, 2026.Un misil balístico lanzado desde Irán, visto sobre Jerusalén, durante la guerra con Irán y disparos de misiles en curso hacia Israel. Marzo 28, 2026. (credit: YONATAN SINDEL/FLASH90)
Hezbola, con un arsenal de unos 150,000 cohetes, dominaba efectivamente Líbano mientras se posicionaba directamente junto a la frontera norteña de Israel, amenazando con una incursión en la Galilea. Hamas controlaba Gaza, levantando un ejército terrorista formidable, una red de túneles laberínticos, y un arsenal de cohetes capaces de interrumpir la vida diaria a lo largo de mucho del país.

E Irán estaba en marcha, ajustando su control a través de Yemen, Irak, Siria, Líbano y Gaza. Había rodeado efectivamente a Israel, con sus tentáculos enroscándose alrededor del cuello del país.

Hoy, esos tentáculos han sido cortados abruptamente – aunque no enteramente – y la cabeza proverbial del pulpo está aturdida, maltrecha y desorientada.

¿Es todo lo que buscaba Israel? No. ¿Es una victoria completa sobre cada una de esas armas? No. ¿Pero es significativa? Sin dudas.

Las cosas han cambiado a raíz de las guerras de Israel

Los que argumentan que no se logró nada están, en efecto, argumentando que cada uno de esos tentáculos - y la cabeza misma - se pueden regenerar, que Hamas se reconstruirá, que Hezbola se reconstituirá en Líbano, y que Irán hará lo mismo. 

Ellos están argumentando que una vez que sean levantadas las sanciones, y que el dinero fluya nuevamente dentro del país, Irán reconstruirá su infraestructura con lo que queda, rearmará a Hezbola y a Hamas también.

Ese argumento se basa en una presunción crucial: que nada ha cambiado, que Israel, Estados Unidos y el mundo simplemente se pondrán cómodos en sus asientos y permitirán que eso suceda. Pero esa presunción es defectuosa.

En primer lugar, Israel ha cambiado.

Una de las lecciones cruciales del 7 de octubre – tal vez la lección clave – es que la disuasión sola no es suficiente. Ya no es más posible asumir que los que declaran abiertamente su intención de destruirte finalmente se restringirán por tu fuerza. Ellos no lo harán, porque su cálculo es a menudo formado por factores – ideológicos, religiosos, incluso mesiánicos – que radican fuera de la lógica convencional.

Como resultado, la doctrina de Israel está cambiando – de la disuasión a la prevención. No meramente desalentando al enemigo de construir capacidades, sino impidiéndole activamente hacerlo.

Esto no es completamente nuevo. En la campaña larga conocida como la "guerra entre guerras" en Siria, Israel actuó constantemente para prevenir que Irán establezca el tipo de frente atrincherado que construyó en Líbano. La capacidad preventiva existe. Lo que el 7 de octubre reforzó es la necesidad de usarlo más ampliamente.

La misma lógica se aplica al propio Irán. Algunos argumentan que la guerra sólo intensificará el impulso de Irán por un programa nuclear. Eso puede ser así. Pero Israel, EE.UU., y actores regionales tales como los E.A.U. y Arabia Saudita ahora tienen un incentivo aun mayor para impedirle hacerlo. Irán puede reconstruir sus capacidades nuclear, militar, e industrial sólo si ellos lo permiten. Después de todo lo que ha ocurrido, es razonable asumir que ellos no lo harán.

El argumento que Irán puede simplemente reconstruir, también, asume que nada ha cambiado internamente dentro de Irán – que la población simplemente accederá a cualquier cosa que el régimen demande, aun cuando los recursos nacionales son desviados nuevamente a los aliados y ambiciones nucleares.

Uno de los objetivos implícitos – aunque no siempre declarados – de esta campaña fue el cambio de régimen. Como eso no ha sucedido, algunos argumentan, debe ser juzgada como un fracaso.

Pero eso no necesariamente sigue.

El hecho que el liderazgo clerical chií sigue en el lugar no significa que seguirá así. El jefe de la oposición, Yair Lapid argumentó que reemplazar a un ayatola Ali Khamenei de 86 años de edad por uno de 56 años de edad haría poca diferencia.

Podría, no obstante. El Khamenei más joven, sea cual sea su estado de salud actual, no goza de la misma estatura, autoridad u obediencia inquebrantable que su padre. Con la eliminación de tantos de los principales líderes políticos, militares y de seguridad interna, el equilibrio interno del régimen puede no ser tan estable como parece.

Llevó meses luego de la batalla de los 12 días con Irán en junio pasado – Operación León Ascendente – antes que millones de iraníes salieran a las calles. Pero lo hicieron – no debido a provocación externa, sino debido a que el régimen estaba fallando en abordar las necesidades básicas.

Luego del daño infligido durante las últimas seis semanas, la capacidad del régimen de satisfacer esas necesidades ahora estará aún más restringida.

La ausencia de disturbios inmediatos no significa que no llegarán los disturbios, tampoco significa que las fuerzas no están ya trabajando para traerlos. Y si las protestas resurgen, el régimen puede ser menos capaz de resistirlas que antes, aunque - y este es el miedo - puede también ser igual de despiadado.

Algunos sistemas autoritarios colapsan repentinamente – el dirigente Nicolae Ceaușescu en Rumania, el presidente Zine al-Abidine Ben Ali en Túnez, el presidente Hosni Mubarak en Egipto. Otros se erosionan gradualmente – la Unión Soviética, el Chile de Augusto Pinochet – desgastados por la presión interna y externa sostenidas. Irán puede bien demostrar ser el último.

Una nueva guerra de narrativas

En cualquier caso, con el cese del fuego ahora en vigencia, lo que estamos presenciando actualmente es otra batalla – una guerra de narrativas – con cada lado afirmando la victoria histórica.

La afirmación de victoria de Irán a pesar de sus tremendas pérdidas es reminiscente de la afirmación de victoria de Egipto tras la Guerra de Iom Kipur de 1973 – una guerra en la cual, de acuerdo a todos los criterios militares objetivos, Egipto perdió, aun cuando consiguió el factor sorpresa en las etapas iniciales. Esa "victoria," sin embargo, tuvo una consecuencia duradera: fue la última vez que un ejército árabe convencional libró una guerra a escala total contra Israel, habiendo internalizado los límites de lo que podía ser logrado militarmente.

Irónicamente, algunos líderes opositores israelíes ahora están repitiendo, en un registro diferente, esa misma narrativa del fracaso israelí. No fracaso militar, sino fracaso diplomático – una “debacle estratégica,” en palabras de Lapid.

¿Por qué? Porque el fin de la guerra marca el inicio de la campaña política. Y lo último que Lapid o Naftali Bennett quieren que quede grabado en la consciencia del público siete meses antes de la elección es la percepción que esta guerra alteró la trayectoria de Israel en una dirección positiva – que Netanyahu se las arregló, al final, para extraer una victoria luego de la humillación del 7 de octubre.

En su lugar, ellos buscan reforzar la narrativa opuesta: que desde el 7 de octubre, ha habido fracaso tras fracaso, y que este gobierno es incapaz de lograr la victoria o el éxito.

Netanyahu y Trump, por su parte, están encuadrando el resultado en los términos precisamente opuestos – como un logro histórico.

Los israelíes tienen razón para estar cautelosos de declaraciones tan triunfales. Ellos las han escuchado antes – después de las operaciones en Líbano, después de las campañas en Gaza, después de las garantías que la disuasión había sido restaurada. Muy a menudo, esas afirmaciones no se sostuvieron en el tiempo.

El escepticismo, por lo tanto, está justificado.

Pero el escepticismo no debería ser selectivo. Debería aplicarse no sólo a las afirmaciones de victoria arrasadora, sino también a las afirmaciones de fracaso rotundo.

La semana pasada, los judíos de todo el mundo se reunieron alrededor de la mesa del Seder y cantaron "Daienu" - una canción basada en una lógica diferente.

En cada etapa del Exodo – abandonar Egipto, cruzar el mar, recibir la Toráh - el estribillo es el mismo: habría sido suficiente. No porque el viaje estuviera completo, sino porque cada paso lo había hecho avanzar en alguna forma significativa.

Pero así no es como todos están interpretando el momento actual. Para algunos, el estribillo es lo opuesto de "Daienu": eliminar al alto liderazgo militar iraní no es suficiente. Pulverizar los elementos de su complejo industrial militar no es suficiente. Dañar más su programa nuclear no es suficiente.

¿Por qué? Porque no estuvo completo. Porque las capacidades siguen. Porque las amenazas perduran.

Pero ese criterio – todo o nada, victoria total o fracaso total – es uno falso. Se logró mucho. Queda mucho por resolver. Ignorar cualquiera de ellos simplemente no es serio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.