¡Hurrah por el Servicio Secreto!
El Presidente y la Sra. Trump y muchos otros fueron mantenidos a salvo. Eso es un éxito.
Por William McGurn
Abril 27, 2026
Tres días después que los disparos llevaron la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca a un final prematuro, el veredicto—al menos entre el comentariado—es: El Servicio Secreto metió la pata.
El sospechoso de 31 años de edad, Cole Tomas Allen, viajó en tren desde la casa de sus padres fuera de Los Angeles hasta el Washington Hilton. El llegó con armas, incluida una escopeta, una pistola de mano y varios cuchillos. Sus objetivos eran el presidente y tantos "funcionarios de la administración" como fuera posible, "priorizados desde el de más alto rango al más bajo,” escribió él.
El sábado a la noche, él se las arregló para pasar por el puesto de control de seguridad y pasar a los agentes del Servicio Secreto. Aun así, al cabo de segundos los agentes dispararon al Sr. Allen y lo sometieron—eliminando la amenaza. Un agente recibió un disparo en el pecho durante el tiroteo pero, afortunadamente, estaba llevando un chaleco antibalas. Tras una corta estadía en el hospital él fue dado de alta.
En medio de todo esto, el Servicio Secreto puso a salvo al Presidente Trump y a la Primera Dama Melania Trump. El hecho dominante de esa noche terrible fue que el Servicio Secreto hizo su trabajo—proteger al presidente—sin víctimas fatales. Es alto que todos deberíamos aplaudir.
Ustedes no se enterarían de eso escuchando a los comentaristas. Un conservador llamó al manejo de la seguridad por parte del Servicio Secreto un "fracaso no mitigado." Otros se quejan de la "seguridad laxa." El Washington Post informó que “la administración Trump proporcionó un nivel de seguridad más bajo a la cena de corresponsales de la Casa Blanca del que ha proporcionado a otras reuniones de funcionarios de alto rango." Los asistentes han informado que les hicieron señas para ingresar al edificio con apenas mostrar su invitación—aunque se mantuvo el perímetro de seguridad alrededor del salón de baile.
La reflexión apenas ha empezado, y se está entrelazando con otras cuestiones. En su cuenta de X, el Presidente James Comer del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes destacó que el Departamento de Seguridad Interior, "incluido el Servicio Secreto, ha estado desfinanciado por más de 70 días ya."
El Presidente Trump tiene su propia cuestión: El salón de baile que quiere construir enfrenta una demanda legal que amenaza con detener la construcción. El presidente argumenta que la cena de los corresponsales sería mucho más segura si fuera celebrada dentro de su "grande, bello y muy, muy seguro salón de baile" con su "enorme vidrio a prueba de balas—de casi 4 pulgadas de ancho” y localizado en los terrenos de la Casa Blanca, "el terreno más seguro probablemente en el mundo."
Claramente el presidente republicano ha aprendido la lección tan claramente pronunciada en el 2008 por Rahm Emanuel, jefe de gabinete del presidente electo Barack Obama:"Nunca quieres que una crisis seria se desperdicie. Y lo que quiero decir con eso [es] que es una oportunidad de hacr lo que piensas que no podías hacer antes."
Todas estas cuestiones deberían ser emitidas. Al mismo tiempo, la realidad demanda un reconocimiento que no hay ningún arreglo de seguridad a prueba de tontos, y que la seguridad de un presidente es complicada porque la vida normal está sucediendo a su alrededor en cualquier momento en que él haga una aparición fuera de la Casa Blanca. La realidad para el Servicio Secreto es que opera dentro de una sociedad libre.
Y meramente porque el presidente no recibió disparos y no hubo víctimas fatales no significa que el Servicio Secreto no pueda mejorar. Pero buscar formas de mejorar puede hacerse sin el juego favorito del Beltway: buscar alguien a quien culpar.
Tal vez el Washington Hilton—donde le dispararon a Ronald Reagan en 1981— es un lugar muy inseguro en el cual proteger a un presidente. La dificultad especial de cuidar a este presidente, dado el gran odio por él, debe ser considerada también. Y tal vez sus críticos deberían controlar su furia, algo de la cual se apropió el tirador para el manifiesto que firmó "Asesino Federal Amistoso."
El Sr. Trump, en su primera aparición tras el tiroteo—todavía de esmoquin en la sala de prensa de la Casa Blanca—resumió la noche así: “Un hombre irrumpió en un puesto de control de seguridad armado con múltiples armas, y fue derribado por algunos miembros muy valientes del Servicio Secreto, y ellos actuaron muy rápidamente."
Cuando trabajé en la Casa Blanca del Presidente George W. Bush, tuve, como casi todos, un aprecio especial por el profesionalismo del Servicio Secreto. Karl Rove era un colega, y en “Fox News Sunday” este fin de semana él sugirió que aunque todos tenemos preguntas que deben ser respondidas, tras un intento de asesinato que fue frustrado, deberíamos estar celebrando a estos agentes.
“Funcionó anoche,” dijo él. “Seamos honestos respecto a eso. Alguien intentó matar gente y fue detenido. Y él fue detenido por el acto valeroso de agentes del Servicio Secreto—uno de quienes aparentemente recibió un balazo de escopeta en el pecho.”
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