miércoles, 29 de abril de 2026

 Estimados, ayer se revelaron datos alarmantes sobre la cacería de la Corte Penal Internacional contra Israel.

Resulta que el fiscal Karim Khan, el baboso que sigue en proceso judicial por abuso sexual, está en el centro de un escándalo de corrupción y encubrimiento que destruye la poca legitimidad que le quedaba al tribunal.
Según audios y testimonios revelados por el Wall Street Journal, Qatar lanzó una operación de inteligencia para "cuidar" a Karim Khan si este les daba el gusto y pedía las órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant.
En las grabaciones, los investigadores confirman que ese fue "básicamente el trato". Khan estaba "aterrorizado" de hacer semejante trastada, pero la billetera y el escudo qatarí le dieron el valor que le faltaba.
¿Por qué Khan necesitaba que lo "cuidaran"? Porque arrastra gravísimas denuncias por agresión y conducta sexual inapropiada. Y aquí es donde entra el espionaje: para proteger su activo, se contrataron a dos agencias de investigación privada, Highgate y Elicius Intelligence.
Las agencias tenían que desacreditar y destruir a la víctima de abuso sexual de Khan. Pero no se quedaron ahí; también apuntaron sus cañones contra Tom Lynch, el alto funcionario de la CPI que tuvo la decencia de reportar las agresiones.
Khan intentó desligarse pero no pudo. Hasta la ONU concluyó que existe una "base fáctica" real para las denuncias de abuso. Esto lo obligó a apartarse de sus funciones en 2025 y hoy enfrenta un proceso disciplinario impulsado por los propios Estados miembros de la CPI.
Ayer Netanyahu fulminó a la CPI, llamándola una institución "corrupta y moralmente quebrada" que se ha transformado en una plataforma de guerra jurídica al servicio de regímenes canallas. El Ministerio de Asuntos Exteriores fue al hueso: catalogaron a Khan como un fiscal "torcido" ("crooked") y un tribunal completamente corrompido.
Quedó claro que las acusaciones contra Israel eran absurdas.
Hoy el mundo ve los hilos: una persecución motivada por sobornos, encubrimiento de abusos sexuales y favores de quienes financian el terrorismo.
Fin de la farsa.

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