Se terminó la paciencia: la crisis política que condenará al gobierno español al basurero de la historia
En los últimos años se ha agudizado una preocupante tendencia en el ámbito europeo: la deslegitimación sistemática del Estado de Israel.
A la cabeza de esa tendencia se encuentra el gobierno español, liderado por Pedro Sánchez, quien ha adoptado una postura hostil, unilateral e incitadora hacia Israel y los soldados de las FDI.
En lugar de ser una voz equilibrada y responsable en Europa, España ha optado por degenerarse en un discurso extremista, más propio del radicalismo marginal que de un país occidental y democrático.
No se trata de una crítica legítima -la crítica es parte integral de cualquier discurso democrático- sino de acusaciones graves, infundadas y peligrosas.
Calificar a los soldados de las FDI de «asesin0s» y presentar a Israel como un «Estado de ap@rtheid» no solo es una distorsión de la realidad, sino también una peligrosa repetición de patrones históricos de deshumanización.
Se trata de un lenguaje que busca denunciar e incitar.
Esto es doblemente grave si se considera el rotundo silencio del gobierno español ante las atrocidades del terrorism0.
Desde los sucesos del 7 de Octubre, cuando terrorist@s de Ham3s perpetraron una masacre bárbara de civiles inocentes -mujeres, niños y ancianos-, no ha habido una condena clara, contundente e inquebrantable por parte de Madrid.
La decisión del gobierno de Sánchez de evitar la postura clara que se exige a cualquier país ilustrado ante los asesinat0s, violaciones y secuestr0s cometidos por los miembros de la Nukhba (fuerza de élite de Ham@s) es moralmente hipócrita.
Esta brecha entre las acusaciones desenfrenadas contra Israel y el silencio casi total ante el terrorism0 asesin0 revela no solo hipocresía, sino también un profundo fracaso moral.
Un país que aspira a liderar con valores de derechos humanos no puede permitirse el lujo de elegir cuando condenar el terrorism0 y cuando hacerse de la vista gorda.
Este comportamiento alcanzó un nuevo nivel de bajeza en el impactante suceso ocurrido en España, donde se quemó una efigie del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Se trata de una clara muestra de antisemitismo que evoca oscuros recuerdos del pasado de Europa.
El hecho que el gobierno español no condenara el suceso de forma inmediata e inequívoca constituye una grave falta ética.
Por orden del primer ministro Netanyahu y el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, la persona a cargo de la embajada española en Israel fue citada para una reprimenda oficial por el director general del Ministerio de Asuntos Exteriores, Eden Bar-Tal, y en la conversación se le aclaró que ello es producto directo de la incitación sistemática del gobierno español.
El presidente Isaac Herzog también se pronunció sobre las escandalosas declaraciones difundidas por Sánchez, aclarando que «sus palabras son hipócritas y falsas».
Cuando un liderazgo político utiliza un lenguaje extremista y acusatorio, no sorprende que el discurso público degenere en manifestaciones de odio abierto.
Un canal de televisión español llegó incluso a mostrar la imagen de Netanyahu de fondo, mientras los presentadores hacían muecas y se referían a Israel y a su líder con el dedo mayor en alto.
El gobierno de Sánchez también actúa internacionalmente contra Israel, intentando promover sanciones dentro de la Unión Europea. Al
hacerlo, socava los principios de la cooperación occidental y se alinea con países radicales que no comparten los valores de la democracia y la libertad.
No es casualidad que España sea mencionada en la misma lista de países como Venezuela e Irán, este ultimo con el cual el gobierno español incluso busca restablecer relaciones diplomáticas.
El absurdo alcanza su punto álgido cuando España condena a Israel por sus esfuerzos para frenar la amenaza de Irán, que trabaja constantemente para obtener armas nucleares.
Al actuar de esta manera, España no solo amenaza a Israel, sino también la estabilidad regional y global en su conjunto.
Dichas armas podrían acabar en manos de organizaciones terroristas o utilizarse como instrumento de chantaje contra los propios países europeos.
En este contexto, la lucha de Israel no solo está justificada, sino que es esencial.
Por lo tanto, la postura española no solo es antiisraelí, sino que raya en el antisemitismo.
España prefiere centrarse en condenar al único Estado democrático de Medio Oriente. Al hacerlo, se alinea de hecho con las percepciones de la izquierda radical, que prioriza los discursos ideológicos sobre los hechos.
La decisión del primer ministro Netanyahu y el ministro de Asuntos Exteriores, Saar, de impedir la participación de España en el Centro de Coordinación Cívico-Militar (CCCM) de Kiryat Gat es una respuesta necesaria. Un país que muestra una hostilidad tan flagrante no puede actuar como mediador ni como factor útil en procesos políticos delicados.
La confianza es una condición básica para toda cooperación y España, con su conducta, la ha dañado gravemente.
En última instancia, la cuestión no solo atañe a las relaciones entre Israel y España, sino al rumbo de Europa en su conjunto.
¿Optará el continente defender los valores de la verdad, la responsabilidad y la moral, o seguirá dejándose arrastrar por voces extremistas, ciegas a la realidad?
La España de Sánchez constituye una clara señal de alarma.
La pregunta es si el pueblo español condenará el rumbo de Sánchez y relegará a su gobierno al basurero de la historia.
* Cónsul Honorario y Presidente de la Asociación de Radiodifusión de Israel.
Agencia Judia de Noticias
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