miércoles, 3 de junio de 2026

 Del National Post:

Barbara Kay: Como los antisionistas demonizan a los judíos por recordar su propia historia

Ellos quieren que creamos que los museos, y exhibiciones de arte y recordatorias son vectores de genocidio


Por Barbara Kay

El influyente político conservador Ben Shapiro dijo a los asistentes a un simposio inaugural sobre antisionismo en Toronto el domingo pasado que los antisionistas están tan comprometidos con la premisa que Israel, única de entre las naciones, no es digna de la existencia, que no pueden presentar su argumento sin mentir: "Ellos deben mentir sobre Israel, mentir sobre su ejército, mentir sobre sus enemigos, y finalmente mentir sobre los mismos judíos." Cierto, pero la forma en que mienten varía considerablemente.

La gente decente no es reclutada para el antisionismo por el comportamiento cretino de la chusma que grita "Muerte a las FDI." Pero son susceptibles a los halagos de los ideólogos y líderes de opinión más resentidos que adornan su antisionismo con "teorías" e "informes" a la medida cuyo objetivo es, precisamente demonizar a Israel.

Para un ejemplo extremo, en el 2005, la estudiante de sociología de la Universidad Hebrea y ardiente antisionista Tal Nitzan empezó a trabajar en una tesis de maestría examinando la (presunta) violación sistemática de mujeres palestinas por parte de las FDI. Para su consternación, Nitzan no pudo hallar un solo caso documentado de violación por parte de algún soldado de las FDI. No disuadida, ella ajustó su tesis. Las FDI estaban ahora todavía inclinadas a humillar a las mujeres palestinas, pero su nueva "teoría" decía que lograban esto rehusándose a violarlas. Nitzan escribió: “La falta de violación militar meramente fortalece los límites étnicos y aclar las diferencias interétnicas— así como lo habría hecho la violación militar organizada."
Para un ejemplo más famoso y reciente, Nicholas Kristof, el periodista ganador del Pulitzer del New York Times, con una tendencia conocida de desviarse de su pista profesional y caer en madrigueras de conejos, está todavía capeando las duras críticas por su columna de opinión del 11 de mayo, "El Silencio que Encuentra la Violación de Palestinos." En él, él compara "el abuso horroroso infligido a las mujeres israelíes el 7 de octubre" con la violencia sexual contra palestinos encarcelados que él dice está sucediendo "día tras día." Sus acusaciones no provienen de fuentes fiables, y él no pidió comentarios al Servicio Penitenciario de Israel, pero afirma que la violencia sexual es, como lo dijo un informe de Naciones Unidas, "procedimiento operativo estándar" en las prisiones israelíes. La aceptación por parte de Kristof de relatos personales no verificados imposibles de violación por parte de perros entrenados para ese propósito, es especialmente repulsiva y no resiste el análisis.

Irónicamente, Kristof empezó su columna con la tesis, “Es una proposición simple: Sin importar nuestras visiones del conflicto de Medio Oriente, deberíamos poder unirnos en condenar la violación." Pero no es simple en lo absoluto cuando es percibida a través de un lente político. De hecho, la columna entera de Kristof traiciona su propia afirmación, como su clara intención de "¿qué pasa si? es desviar la atención de los rasgos singularmente sádicos de la violencia sexual del 7 de octubre — la grosera tortura sexual y mutilación, la necrofilia, la participación familiar forzada — a fin de imputar a la nación entera de Israel por los crímenes de oficiales canallas individuales. Tales delitos son deplorables en Israel, pero no diferentes de los abusos practicados en las prisiones en todo Estados Unidos.

Kristof cruzó la línea del sesgo a la propaganda, lo cual es presuntamente el motivo por el cual ni siquiera el progresista New York Times siguió su "exclusiva" con un informe en la sección noticias.

Luego está la académica Naomi Klein, principal intelectual pública marxista de Canadá, quien eligió una forma más inventiva y sofisticada de desviar la atención en una extensa descripción que escribió para The Guardian en octubre del 2024, titulada, "Cómo Israel ha hecho del trauma un arma de guerra."

Klein alude directamente a los "ataques sorpresa y sangrientos" de Hamas, aunque esa es la última alusión a Hamas o a cualquier detalle de ataque específico en su ensayo. Su crítica se centra en la respuesta de Israel y la respuesta de la diáspora judía al acontecimiento. Para Nitzan, la no violación fue un arma de guerra. Para Klein, esa arma es la excesiva "cultura del recuerdo" de los judíos, o sea, la tendencia a convertir los acontecimientos traumáticos en experiencias educativas a través del arte y la tecnología.

El duelo continuo de los israelíes y de los judíos de la diáspora por el 7 de octubre molesta a Klein. Ella dice que ella misma "lloró abiertamente a los ciudadanos israelíes asesinados" el 7 de octubre, pero "muchos también señalaron que las vidas palestinas son tratadas sistemáticamente como 'imperdonables.'" sea lo que sea que eso significa.

Klein insiste con vehemencia y extensamente en la conmemoración del Holocausto. Klein encuentra extremadamente molesto el nexo promovido entre el 7 de octubre y el Holocausto, porque esta vinculación (muy apropiadamente) vincula a Hamas con los nazis originales. En el manual de juego antisionista que Klein no puede abandonar, es sólo permisible invocar el Holocausto en su forma invertida, donde los israelíes son los nuevos nazis, y los palestinos los nuevos judíos.

Klein es particularmente dura en los documentales y exhibiciones que muestran imágenes de las cámaras GoPro de los invasores, o que recrean escenas de violencia tales como la Exhibición Nova. Ella afirma que enfocarse sólo en el sufrimiento de tu propio grupo puede "proporcionar racionalizaciones para el genocidio."

Aquí está mi resumen del tren de la lógica de Klein: El 7 de octubre fue malo, pero la expresión estética y conmemorativa del trauma de los israelíes es peor. La obsesión de los judíos con "recordar" su propio trauma excluye la aspiración de los palestinos de "recordar" a Israel (o sea, de reintegrarlo todo nuevamente a su memoria) devolviendo y reubicando a los judíos israelíes, lo que es justificable, debido al colonialismo.

Y por lo tanto, Israel debería reprimir el duelo público. Pero Israel no escuchará a Klein. Y por lo tanto Israel, al alentar todo este negocio de la conmemoración — “usando un genocidio del pasado para justificar un genociio en el presente” mientras está “en medio de una frenética venganza colonial con armas nucleares” — es culpable de intención genocida. Y por lo tanto, Israel no tiene derecho a existir.

Me atrevo a decir que la tesis suavemente construida, pero absurda, de Klein, apoyada por clones ideológicos seleccionados cuidadosamente, incluida la ONG israelí antisionista Zojrot, encontrarán el favor del coro izquierdista del Guardian. Yo por lo tanto adoraría ver un debate de Klein contra Shapiro, donde un público de opiniones diversas y mente abierta pueda evaluar y juzgar los argumentos según sus méritos. Les cedo la palabra, Debates Munk.

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