Israel ha perdido al mundo. Esa es la historia, al menos.
Jun 13, 2026, 9:55 PM
Desde el 7 de octubre, hemos estado sometidos un discurso implacable. Se nos dijo que Israel ha perdido al mundo. Ha despilfarrado la buena voluntad internacional. Ha alienado a sus aliados. Se ha aislado a través de su conducta en Gaza. Las encuestas mostrando el apoyo en caída en Estados Unidos son presentadas como pruebas en un juicio cuyo veredicto fue alcanzado aparentemente hace mucho tiempo.
Israel, atacada en la masacre más brutal de judíos desde el Holocausto, respondió combatiendo una guerra justa contra la organización que llevó a cabo esa masacre, y de alguna manera surgió como el culpable principal ante los ojos de mucha de la comunidad internacional. La conclusión, se nos tranquilizó, es obvia: Israel ha perdido el apoyo debido a sus acciones.
Hay sólo un problema con esta teoría, asume que Israel gozaba de apoyo destacable antes del 7 de octubre.
¿Cuándo fue exactamente esta edad dorada?
¿Fue durante los años en que el movimiento BDS se estaba expandiendo a lo largo de los campus occidentales? ¿Fue cuando los grupos estudiantiles estaban pidiendo boicots, desinversión y sanciones contra el estado judío? ¿Fue cuando el activismo antiisraelí se volvió un rasgo permanente de la vida universitaria? ¿O fue en las Naciones Unidas, donde Israel ha ocupado durante mucho tiempo una categoría única de obsesión internacional?
Desde el 2015 al 2024, la Asamblea General de la ONU adoptó más de dos veces tantas resoluciones contra Israel como hizo contra todos los otros países juntos. En el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Israel democrática ha atraído rutinariamente más condenas que los regímenes dirigidos por dictadores, señores de la guerra, y clérigos revolucionarios. Aparentemente, la crisis más urgente de derechos humanos del mundo no son Siria, Irán, Corea del Norte, o Rusia. Es la existencia de un estado judío.
Se nos dijo que Gaza transformó a Israel en un paria internacional. Curiosamente, muchas instituciones internacionales parecen haber llegado a esa conclusión años antes de Gaza.
La idea que el 7 de octubre destruyó décadas de buena voluntad sería más persuasiva si alguien pudiera señalar las décadas de buena voluntad.
Nada de esto significa que el apoyo a Israel no ha caído en algunos lugares. Pero eso no es lo mismo que probar por qué. De hecho, las actitudes hacia Israel estaban cambiando mucho antes que Hamas cruzara la frontera el 7 de octubre. La tendencia precede a la guerra. La fiebre existió antes del diagnóstico.
Y esto plantea una pregunta más incómoda.
¿Cuál es exactamente el valor del apoyo que desaparece en el instante en que es necesario?
Imaginen una alianza regional que pregona orgullosamente su compromiso con la defensa mutua, sólo para anunciar durante el primer bombardeo de misiles que su apoye estaba intencionado primordialmente para tiempos de paz. En el Medio Oriente, nosotros ya tenemos una palabra para tales acuerdos. Los llamamos temporarios.
Mucho del apoyo que Israel supuestamente perdió tras el 7 de octubre recuerda cada vez más a uno de esos acuerdos.
Cuando los israelíes están enterrando a sus muertos, el mundo expresa simpatía. Cuando los israelíes se defienden, la simpatía desarrolla condiciones. Cuando los israelíes absorben ataques, son elogiados por la restricción. Cuando ellos responden a los ataques, son criticados por responder. A Israel se le permite ser una víctima por aproximadamente cuarenta y ocho horas, después de lo cual se espera vuelva a ser una acusada.
Evidentemente, Israel gozó de apoyo abrumador justo hasta el momento en que lo necesitó.
Eso no es apoyo.
La velocidad con la cual mucho del mundo siguió adelante después del 7 de octubre debió haber sido instructiva. Antes que las fuerzas israelíes hubieran entrado a Gaza en números significativos, antes que las cifras de las bajas dominaran los titulares, antes que las operaciones militares se hubieran desarrollado totalmente, muchas personas ya habían decidido quién era el villano.
Este es quizás el aspecto más revelador de la saga entera. Se nos dice constantemente que la indignación surgió debido lo que Israel hizo en Gaza. Pero un monto destacable de indignación apareció antes que Israel hubiera hecho algo en Gaza.
En los campus a lo largo del Occidente, las manifestaciones aparecieron casi inmediatamente. Otros se apresuraron a contextualizar, racionalizar, o justificar las atrocidades que los habrían horrorizado en cualquier otro escenario. La cuestión nunca se tratá simplemente de la conducta militar israelí. Las reacciones llegaron muy rápidamente como para que esa explicación cargue todo el peso que se está colocando sobre ella.
El 7 de octubre no creó estas actitudes. Las expuso.
La realidad es que mucha gente apoya a Israel en teoría pero se vuelve profundamente incómoda con Israel en la práctica. Ellos apoyan la autodeterminación judía siempre que siga siendo en gran medida simbólica. Ellos celebran el derecho de los judíos a defenderse hasta que los judíos realmente empiecen a defenderse.
Siempre ha habido una versión preferida del judío en la opinión internacional: vulnerable pero no poderoso, en peligro pero no soberano, llorado pero no armado.
El judío soberano crea complicaciones.
Un estado judío que libra guerras, asegura fronteras, destruye infraestructura terrorista, y se niega a buscar permiso para su supervivencia es una proposición mucho menos cómoda. No porque viole las normas interncionales, sino porque viola las expectativas.
Y así Israel es sometida a demandas raramente efectuadas a cualquier otro país. Se espera que derrote a los enemigos sin derrotarlos, que elimine las amenazas sin usar la fuerza, y que gane conflictos mientras preserva la aprobación de personas que se oponen a la existencia misma del conflicto.
Ninguna nación en la historia ha cumplido jamás con tal estándar. Sin embargo Israel es condenada cada tantos años por no lograrlo.
La narrativa convencional dice que el 7 de octubre dañó la relación de Israel con el mundo. La realidad es más bochornosa para el mundo que para Israel. Lo que el 7 de octubre reveló no fue la fragilidad de la posición de Israel. Reveló la fragilidad de mucho del apoyo que la rodeaba supuestamente.
Si el apoyo desaparece al instante en que es puesto a prueba, ¿fue alguna vez apoyo?
Un aliado que desaparece durante una guerra no era muy aliado. Y el apoyo que existe sólo durante períodos de calma, sólo cuando no debe ser tomada ninguna opción difícil, sólo cuando no hay ningun amenaza existencial presente, no es apoyo en ningún sentido significativo de la palabra.
Tal vez Israel sí perdió algo después del 7 de octubre.
Pero si ese apoyo se evaporó precisamente cuando los israelíes eran masacrados, secuestrados, y forzados a una guerra que ellos no buscaron, entonces tal vez lo que desapareció no fue solidaridad genuina en lo absoluto.
Tal vez el 7 de octubre no reveló cuán aislada se había vuelto Israel.
Tal vez reveló cuánto del aplauso había sido confundido con amistad.
Satya es un escritor africano oriental enfocado en asuntos judios y la geopolitica que rodea a israel. su obra ofrede una perspectiva distintiva no occidental respecto a israel, el mundo judio, y el medio oriente.
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