La historia de Oran Almog es una de ellas. A los 10 años sobrevivió a un atentado terrorista en el que perdió a su padre, a su hermano, a sus abuelos, a un primo y la vista. Lo que parecía el final de su vida fue, para él, el comienzo de un camino de resiliencia.
Años después, decidió servir como voluntario en las Fuerzas de Defensa de Israel, representó a su país en competiciones deportivas y, cuando la terrorista responsable del atentado fue liberada en un acuerdo para el regreso de rehenes, apoyó ese acuerdo porque creyó que otras familias merecían volver a abrazar a sus seres queridos.

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