Del Washington Post:
Israel ve un grave error estratégico desarrollándose en Irán
Por AMICHAI CHIKLI (Ministro de Asuntos de la Diáspora, de Israel)
25 Junio 2026
A los israelíes se les dijo que la guerra con Irán terminó la semana pasada, y sin embargo continuaron los enfrentamientos durante el fin de semana. Al menos cinco soldados fueron asesinados. El combate, iniciado por el satélite Hezbola de la República Islámica en Líbano, puso de relieve por qué mis compatriotas están alarmados por el "memorando de entendimiento de Washington y Teherán." Para nosotros, este no es un debate político; es una cuestión existencial de supervivencia, disuasión y el equilibrio de fuerzas en el Medio Oriente.
Los israelíes sabemos que nuestros intereses están alineados con, pero no son idénticos a, los de nuestros amigos en Estados Unidos. También sabemos que el desacuerdo actual no disminuye el apoyo histórico de Donald Trump al estado judío. Como presidente, él ha reconocido a Jerusalén como la capital de Israel, extendió nuestra soberanía sobre los Altos del Golán, forjó los Acuerdos de Abraham y libró una campaña punitiva contra el régimen iraní. Nosotros nunca hemos tenido un aliado más fuerte en la Casa Blanca, y entendemos sus esfuerzos recientes por estabilizar la navegación global y los precios del petróleo.
Sin embargo, terminar una guerra es una cosa. Levantar las sanciones contra Irán sin obtener nada a cambio es otra cosa y completamente nueva. Constituye un grave error estratégico.
La República Islámica no es un estado normal. Es una dictadura revolucionaria, imperialista, inclinada a ejercer su voluntad en todo el planeta. Durante 47 años, el régimen iraní ha mentido sistemáticamente a la comunidad internacional, armó a aliados terroristas, pidió la destrucción de Israel y reprimió brutalmente a su propio pueblo. El líder supremo, el ayatola Ali Khamenei, está muerto y un nuevo cuadro está a cargo, pero las intenciones del gobierno no han cambiado. El Occidente no debe confundir pausas tácticas con transformación genuina.
El dinero es fungible. Cada dolar liberado al régimen alimentará la represión interna y el desarrollo de armas nucleares, entre otros proyectos letales. Cualquier acuerdo debe por lo tanto mantener la presión económica hasta que la infraestructura nuclear de Irán sea destruida o neutralizada irreversiblemente. Se debe dar acceso irrestricto a los inspectores internacionales para que verifiquen el cumplimiento, y la maquinaria terrorista del régimen debe ser desmantelada significativamente.
El alivio de las sanciones, no obstante, no es el peligro más grande. Un acontecimiento más alarmante es la coalición islamista, liderada por Turquía, que ayudó a traer este momento.
Turquía bajo Recep Tayyip Erdogan se ha convertido en una de las potencias más desestabilizadoras en la región, alimentada por una mezcla venenosa de ideología islamista e imperialismo neo-otomano. El estado miembro de la OTAN parece rechazar los "valores comunes de la libertad individual, la democracia, los derechos humanos y el imperio del derecho" que defiende la alianza. Las campañas brutales de Ankara contra los kurdos en el norte de Siria revelan su verdadero rostro expansionista. Así lo hace la ocupación estatal del norte de Chipre, sus desafíos a las fronteras marítimas con Grecia y su discurso crecientemente belicoso, que incluye a al menos un funcionario turco contemplando la posibilidad de gobernar Jerusalén.
Las mismas preocupaciones existen en Doha e Islamabad. Catar ha perfeccionado la yihad del poder blando. Entre arrojar dinero dentro de Al Jazeera y el mundo académico, deportivo y político occidentales, ha lavado la ideología de la Hermandad Musulmana para infiltrarla en la opinión pública. Pakistán, el país que acogió a Osama bin Laden y sigue siendo el adversario principal de India, suma una ventaja nuclear a este eje. Estos actores difieren en la táctica, pero comparten el mismo ADN político.
Siria representa la prueba más clara y más urgente. Ahmed al-Sharaa, el ex líder de Hay’at Tahrier al-sham, un vástago de al-Qaeda, está siendo presentado como un estadista pragmático. Esa es una ilusión peligrosa e imprudente. Bajo sus ex auspicios terroristas, al-Sharaa luchó por “al-sham,” o una Gran Siria, una visión que a menudo abarca Líbano, Jordania e Israel. Ahora, bajo su control, el nuevo gobierno ha luchado para proteger a miles de las minorías del país, incluidos los alauitas, drusos y kurdos. Siria se está convirtiendo rápidamente en Gaza 2.0: un puesto de avanzada yihadista en la frontera de Israel, disfrazado de discurso diplomático — y ahora con apoyo militar de Turquía.
El Occidente no puede seguir apaciguando a los actores islamistas mientras debilita a sus aliados democráticos. Israel se enteró el 7 de octubre del 2023, en la forma más brutal imaginable, lo que sucede cuando te rehúsas a tomar al pie de la letra a tus enemigos. Nosotros ahora prestamos atención cuidadosamente a las consignas de los yihadistas de las fuerzas de al-Sharaa, a las declaraciones imperiales y antisemitas del liderazgo de Turquía y al desprecio del régimen iraní por Estados Unidos.
La lección de los últimos 2½ años — y de hecho, del último cuarto de siglo — es simple: La estabilidad no puede ser obtenida empoderando a los que rechazan los fundamentos del mundo libre. La paz no puede ser comprada recompensando regímenes y movimientos que tratan a la diplomacia como un quiebre táctico entre las rondas de agresión. Y el objetivo de la destrucción de Israel no puede ser tratada como una queja legítima. Es una obsesión ideológica central — y una amenaza civilizacional.
Israel continuará diciendo la verdad claramente. El Medio Oriente castiga las ilusiones sin misericordia. Lo hará nuevamente si el Occidente continúa confundiendo islamismo con pragmatismo, apaciguamiento con diplomacia y silencio con estabilidad.
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