Rafael, un niño judío de Jerusalén de tres años y medio, pasó nueve meses hospitalizado esperando un trasplante de corazón. Nació con una grave cardiopatía y sobrevivía gracias a un corazón artificial. Incluso se preparaba para viajar a Estados Unidos con la esperanza de encontrar un donante.
Entonces llegó una llamada que cambió todo.
Saba, una niña árabe israelí de seis años y medio de Kafr Qasim, falleció repentinamente a causa de una hemorragia cerebral. En uno de los momentos más dolorosos para cualquier familia, sus padres tomaron la decisión de donar sus órganos para salvar otras vidas.
Gracias a ese gesto, hoy el corazón de Saba sigue latiendo en el pecho de Rafael.
Una historia que refleja cómo, en Israel, ciudadanos judíos, musulmanes, cristianos y drusos comparten no solo un país, sino también actos de solidaridad y humanidad que trascienden cualquier diferencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.