Cómo Irán planea consolidar su victoria
Trump tomó acciones duras que otros presidentes nunca osaron, sólo para terminar donde estaban antes.
Por Reuel Marc Gerecht y Ray Takeyh
Junio 23, 2026
Las guerras son juzgadas por cómo terminan, no por los éxitos en el camino. El Presidente Trump ha hecho más por paralizar el aparato nuclear de Irán que sus predecesores, pero eso puede no importar. El memorando de entendimiento prepara la escena para un renacer nuclear final, ya que lo que ha sido detonado puede ser reconstruido en tanto fluya suficiente petróleo, la red de importación ilícita iraní de materiales de doble uso sigue operativa, y la inteligencia estadounidense e israelí falla contra la vigilancia iraní.
El aparente desenlace de esta guerra—el temor al daño a la infraestructura de energía en los estados árabes del golfo, las alicaídas reservas petroleras mundiales y, sobre todo la negativa de Washington a capturar y mantener el Estrecho de Ormuz—militarán contra el renacimiento de la beligerancia del Sr. Trump después. Una victoria estadounidense ahora requeriría que el Sr. Trump asuma un compromiso militar, con sus pérdidas estadounidenses y árabes, y bloquee Irán por tanto tiempo como sea necesario. La política estadounidense, si no el temperamento del presidente, trabajan contra tal osadía.
Teherán interrumpirá deliberadamente el cese del fuego para demostrar la timidez de Washington. Puede cerrar y luego abrir el estrecho para poner presión sobre sus adversarios, como hizo recientemente sobre Líbano. El acuerdo es probablemente demasiado ventajoso para ser destrozado por completo, pero sus límites pueden ser extendidos. Los estadounidenses, que generalmente piensan que el mundo gira en torno a la economía, malinterpretan sistemáticamente cómo los revolucionarios abrazan el tumulto. Los líderes en Teherán creen que han triunfado.
Cómo el régimen iraní ganará probablemente la guerra es un testimonio de su astucia, crueldad y determinación. La doctrina estratégica en evolución de la República Islámica fue primero forjada en casa. La guerra de 12 días del año pasado dejó al régimen con un programa nuclear enterrado bajo escombros y un desequilibrio bochornoso entre su capacidad defensiva y la fuerza ofensiva de sus enemigos. La teocracia temía una insurrección—y la enfrentó directamente en enero. Durante las protestas, los mulahs archivaron su manual de violencia selectiva. El baño de sangre nacional debería haber señalado a los extranjeros que el régimen, desde arriba hasta abajo, resistiría ferozmente cualquier coerción.
Exportada al extranjero, la nueva doctrina de Teherán fue nombrada "disuasión ofensiva." En respuesta a una masiva campaña de bombardeo estadounidense-israelí, el régimen expandió la geografía del conflicto, atacando a los estados del golfo y cerrando el estrecho. Irán mostró escasa preocupación por los intereses de energía de China—una gran potencia aliada que otrora se pensaba era capaz de imponer restricciones a la República Islámica.
Los tributos ya están fluyendo. Aun antes que hayan comenzado las negociaciones nucleares, Washington ha levantado las restricciones sobre las ventas de petróleo iraní por 60 días. Esta política de pago en efectivo y retiro tiene una dimensión regional. El memorando de entendimiento dice: “La República Islámica de Irán conducirá el diálog con el Sultanato de Omán para definir la administración futura y servicios marítimos en el Estrecho de Ormuz, en discusión con otros estados del litoral de Golfo Pérsico en línea con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los estados costeros del Estrecho de Ormuz." Los reinos suníes del golfo, que siempre han dependido del Occidente para repeler a los vecinos amenazantes son obligados a aceptar a los persas.
Javan, un vocero del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, ha pronunciado los parámetros del nuevo orden. “En la escena regional, quedó claro para los países vecinos que no tenían más opción que involucrarse positivamente y constructivamente con Irán," de acuerdo con el diario el 15 de junio. "De ahora en más, el Golfo Pérsico estará influenciado por los acuerdos políticos y de seguridad centrados en Irán. "Esto significa que los estados del Golfo pagarán por protección y conducirán su política exterior en una forma consistente con las preferencias de Teherán.
Durante el proceso, el régimen iraní probó estar firme con su aliado Hezbola, trayendo a Líbano a su acuerdo con Washington. Si le es concedida la paz, Hezbola probablemente reabastecerá su arsenal y volverá a desplegar a sus agentes en el sur. Es una señal de la época que un vicepresidente estadounidense amenace a un aliado leal por atacar a una organización terrorista inclinada hacia su destrucción.
Una disposición notablemente deprimente del acuerdo dice: “La República Islámica de Irán y Estados Unidos se comprometen a respetar la soberanía e integridad territorial del otro y abstenerse de interferir en los asuntos internos del otro." Todos los gobiernos despóticos buscan tal reconocimiento de las democracias occidentales. El reconocimiento del Sr. Trump debe ser particularmente satisfactorio para Teherán dado que él pidió confiadamente el cambio de régimen hace cinco meses.
Tal vez más autoderrotista, el Sr. Trump ha perdido el punto de apoyo de su influencia—su falta de predecibilidad. El cruzó líneas que presidentes previos no osaron atravesar sólo para terminar donde estuvieron todo el tiempo: El es otro político estadounidense esperando inducir al régimen iraní hacia el pragmatismo colgando recompensas financieras. Su administración ahora habla de intransigentes y pragmáticos como si pudiera detectar fisuras en el régimen y manipularlas para su ventaja. Ese ha sido el engaño de los estadistas estadounidenses desde la presidencia de Jimmy Carter.
La República Islámica ha logrado aquello con lo que el Shah Mohammad Reza Pahlavi sólo soñó—el control efectivo del golfo. El shah buscaba controlar la vía fluvial para demostrar su buena fe al Occidente. La República Islámica se propone demostrar lo opuesto—que el Occidente ha sido quebrado al fin.
El Sr. Gerecht es profesor residente en la Foundation for the Defense of Democracies. El Sr. Takeyh es un miembro principal en el Council on Foreign Relations.
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